Archive for Enero, 2010
Fortalezas invisibles
Miércoles, Enero 27th, 2010
Desde la antigüedad el ser humano se ha caracterizado por su habilidad e ingenio para edificar obras de arquitectura e ingeniería que le protegiesen de las amenazas externas. Esta creatividad milenaria nos permite hoy en día disfrutar de castillos y murallas en casi todos los países del mundo civilizado. Sin embargo, estas edificaciones que nos maravillan en nuestros viajes, pueden suponer una pesada carga cuando las construimos en nuestro interior.
La protección de nuestro ser, de nuestra identidad, es tan importante para nosotros que, aún sin tener conocimientos básicos de física ni de resistencia de materiales, nos arriesgamos a levantar muros con el único fin de que estos eviten en la medida de lo posible la entrada indiscriminada de personas a nuestro mundo interior.
Estas fortalezas invisibles nos hacen sentirnos seguros y, en el momento en el que dejan de hacerlo, levantamos medio palmo más la muralla, instalamos nuevos sistemas de detección de intrusos, diseñamos nuevos laberintos que dificulten la entrada, tapamos las grietas que se hayan podido producir con el paso del tiempo o configuramos el sistema de acceso para restringir las visitas y aumentar la privacidad de nuestra cuenta.
Si pudiéramos medir la energía que dedicamos a esta tarea a lo largo de nuestra vida podría ser equiparable a la energía que consume una gran ciudad como Nueva York durante un día, una semana, un mes, un año, una década o quién sabe durante cuanto tiempo.
Lo paradójico de todo esto no es sólo la energía ni los recursos que dedicamos a esta empresa, sino que los mismos muros que impiden que los extraños entren en ese mundo que hemos creado a nuestra medida también evitan que salgamos y conozcamos lo que hay fuera de nuestra ahora prisión.
Efectivamente, hay que tener en cuenta que esos muros que nos protegen también evitan que salgamos de donde estamos. Esto puede suponer un problema si no lo sabemos gestionar, ya que puede impedir que consigamos aquello que tanto anhelamos, como puede ser una relación de pareja o formar parte de un equipo.
La mejor manera de proceder cuando nos damos cuenta de que los muros que hemos creado son demasiado altos para escapar de ellos es ponerse manos a la obra y comenzar a abrir huecos que nos permitan salir, bajar la altura quitando piedras de sus muros, o incluso dibujar un mapa que nos permita salir del laberinto que años atrás diseñamos para que nadie pudiera entrar.
Con el tiempo veremos que no es necesario tener muros tan altos ni gruesos para sentirnos seguros, y que la energía, el tiempo y los recursos que antes dedicábamos al mantenimiento de tan inexpugnable fortaleza ahora las podemos dedicar a otras cosas que nos aportan más.
A nivel sentimental puede que queramos conservar tan bella obra arquitectónica, aunque su uso a partir de este momento tenga una utilidad más histórica recordándonos cómo se vivía en tiempos pasados sin apenas comodidades. También sus ahora vacías colmenas y sus derruidos muros nos permitirán gozar de las vistas e identificar en el horizonte nuevas oportunidades que antes ni siquiera podíamos vislumbrar.
Personas tímidas
Lunes, Enero 25th, 2010
Es raro que no nos hayamos sonrojado alguna vez ante un alago de esa persona que nos gusta, o cuando cometemos alguna torpeza delante de otras personas, o cuando tenemos que presentarnos por primera vez ante personas desconocidas. La timidez es una cualidad que tienen todas las personas, pero que destaca más en las personas temerosas o con poca seguridad de si mismas.
Simplificando mucho el análisis podríamos dividir a las personas en dos grupos: el de las personas tímidas y el de las que no lo son. Dentro del primer grupo se podrían incluir a todas aquellas personas con un bajo nivel de autoestima, lo cual induce a que tengan poca seguridad en si mismas y, por tanto, temerosas de todo lo que les rodea e incluso de acometer cualquier tarea para conseguir un objetivo concreto. Este grupo de personas podría asociarse al grupo socialmente conocido como el de los blandengues, de los introvertidos, o de los penosos.
El segundo grupo es la antítesis del anterior. Estaría compuesto por personas seguras de si mismas, con un alto nivel de autoestima, que se lanzan a por todo aquello que les depara el destino, que se comen el mundo y que son populares allá donde vayan. Es el grupo socialmente conocido como el de los casanova, los castigadores o el de los envalentonados.
Puede parecer que ambos grupos no tienen nada en común, sin embargo existe algo corriente en ambos conglomerados: que la fama les precede. A los primeros porque son amilanados, y a los segundos porque son arrolladores. Y si no ¿cuántas veces nos han descrito la personalidad de una persona antes de que nos la presentaran?
Afortunadamente hay que tener en cuenta que la realidad y la personalidad de las personas no es tan simple como se ha descrito en los párrafos anteriores, ya que esta puede variar en función del entorno donde se encuentre la persona y, por tanto, su personalidad tenderá más hacia un grupo o hacia el otro. Así, una persona tímida en el trabajo, puede que no lo sea cuando se junta con sus amigos a tomar una cerveza.
También hay que tener en cuenta lo que la persona se juega en cada momento. No es lo mismo acercarse a hablar con una persona por la que no sientes atracción alguna a hacerlo con aquella por la que tienes mayor afinidad. La persona se juega mucho más en el segundo caso, por lo que puede ser un poco más introvertida que de costumbre.
Teniendo en cuenta que la mayoría de las personas no sufren de una timidez patológica, es decir, que les impide conseguir todo aquello que desean: una pareja, un ascenso en el trabajo, unos amigos, etc. la mejor manera de proceder ante una situación de timidez es preguntarse ¿qué es lo que quiero? Esta simple pregunta puede ayudarnos a enfocar nuestro objetivo y a quitar relevancia a lo que tenemos que hacer.
Otra manera de proceder ante un ataque de timidez es pensar en la muerte, es decir, preguntarnos ¿cómo me sentiría si muero mañana y no he hecho esto? ¿o si no he hablado con esta persona? ¿o si no la he mostrado mis sentimientos?
Una vez nos hemos envalentonado para hacer y decir las cosas, la consecución de nuestro objetivo se ve más cerca, al tiempo que nuestros miedos y bloqueos se alejan de nuestro entorno y comenzamos a tener más cosas en común con las personas arrolladoras.