¿Cuánto puedo cambiar?

Marzo 11th, 2010

Si preguntas a tus amigos si una persona puede cambiar de forma de ser es posible que la gran mayoría te responda de forma automática con un rotundo “¡no!“. Sin embargo, si preguntas si una persona puede cambiar sus comportamientos puede que tarden unos segundos y respondan con un “tal vez“.  Efectivamente, las personas pueden modificar sus comportamientos de forma consciente o inconsciente, y por ende, su forma de ser.  Dicho esto ¿cuánto puede cambiar una persona en un plazo de tiempo determinado?

Comencemos diciendo que se entiende como cambio del comportamiento de una persona la adquisición de una nueva manera de actuar o proceder que tiene permanencia en el tiempo, excluyendo así cualquier actuación puntual que, mediante amenazas, se haya ejercido sobre la persona para obligarla a obrar en un sentido contrario al de sus principios básicos.

Dicho esto realicemos ahora un pequeño ejercicio para comprender mejor cuánto puede cambiar una persona.  Escoge a un compañero o amiga que se encuentre a tu alrededor.  Ponte frente a ella y observa durante un par de minutos a dicha persona, la ropa que lleva, los accesorios, el pelo.  Ahora daros la vuelta y cambiad cinco cosas de vuestra persona sin que el otro os vea.  Cuando hayáis acabado giraros para volver a estar el uno frente al otro. Observa de nuevo a la otra persona e identifica las cinco cosas que ha cambiado en ella.

Si no tienes a nadie a tu alrededor mientras lees este artículo también puedes hacer este ejercicio. Lo único que tienes que hacer es cambiar cinco cosas en ti o también puedes hacerlo frente a un espejo donde puedas observar tu cuerpo entero.

Para rizar un poco más el rizo daros la vuelta de nuevo.  Cambiad ahora otras cinco cosas. Si estas solo no hace falta que te des la vuelta, directamente cambia esas cinco cosas.  Cuando hayáis acabado volved a poneros el uno frente al otro e intentad identificar las cinco cosas que la otra persona ha cambiado en esta ocasión.

Llegados a este punto sólo me resta dar mi más sincera enhorabuena a aquellas personas que hayan identificado las diez cosas que ha modificado la persona que tenían frente a sí, concluyendo así este simple ejercicio.

Como habréis podido observar las personas tenemos cierta facilidad a la hora de cambiar algunas cosas.  A muy pocas personas les habrá costado esfuerzo cambiar las cinco primeras cosas por muy atónitos que se hayan quedado al escuchar la petición.  Algunos se habrán cambiado el reloj de muñeca, o se habrán quitado la sortija del dedo y se la habrán guardado en un bolsillo, o se habrán descalzado, o incluso se habrán podido hacer una hermosa coleta utilizando el pañuelo que llevaban puesto.  Estas modificaciones que hemos realizado en nuestra persona son cambios superficiales que apenas han supuesto una distorsión sobre nuestra identidad.

Este tipo de cambios existen en nuestra vida diaria sin que apenas nos demos cuenta de ellos.  Es posible que sean tan insignificantes como tomar una cucharada de azúcar con el café en vez de dos, sustituir el propio café por un té o una infusión, cambiar la leche normal por la desnatada o incluso la de soja, etc.  Son cambios que realizamos sin apenas esfuerzo y que sin modificar drásticamente nuestra forma de ser ni nuestra identidad nos permiten llevar una vida más sana o más equilibrada, por ejemplo.

Ahora bien, al proponer cambiar cinco cosas más, es posible que algunas personas hayan puesto el grito en el cielo: ¡imposible!; o se hayan indignado: ¡pero qué quiere que cambie ahora!; o incluso sorprendido: ¿más cosas? Aún así se han puesto manos a la obra, se han estrujado un poco más el cerebro y, al final, han conseguido cambiar cinco cosas más: la corbata en la cabeza a modo Rambo; los pantalones subidos hasta las rodillas como si estuviera paseando por la playa; la chaqueta del revés; el collar en la muñeca o el pelo recogido en un moño pinchado con dos lápices.

De igual manera este tipo de cambios también se dan en nuestra vida cotidiana.  El hecho de dejar de fumar, o de no ingerir cierto tipo de grasas, o carne roja, pueden ser un buen ejemplo de ello.  Estos cambios suponen un esfuerzo inicial hasta que logramos convertirlos en hábitos, pero sabemos que si lo conseguimos reduciremos nuestro colesterol, la probabilidad de padecer un infarto de miocardio o incluso una insufrible gota en el pie.  La formación de nuevos hábitos suele llevar entre 22 y 33 días según los expertos.

Todo esto está muy bien, pero lo realmente curioso e interesante de todo el proceso de cambio está en dos momentos concretos.  El primero de ellos al comenzar el ejercicio.  ¿Has llegado a comenzar el ejercicio?  Es muy probable que la mayoría de las personas que han leído estos párrafos ni siquiera lo hayan intentado. Estas personas habrán leído lo que decían los diferentes párrafos del ejercicio y, sabiendo lo que tenían que hacer, no habrán hecho nada.  A lo sumo habrán realizado el ejercicio mentalmente, pensando para sus adentros: “me cambiaría el reloj, me quitaría los zapatos o me pondría un collar“, pero no han pasado a la acción.

No es la primera vez que me encuentro con personas que me dicen: “yo ya sé cuáles son mis objetivos” o “yo ya sé lo que tengo que cambiar” pero luego no hacen nada, no lo llevan a la práctica y se quedan como al principio.  Estas personas no están disponibles para cambiar, no pueden comenzar un proceso de coaching porque tienen otras cosas en su cabeza, o tal vez tengan ciertos miedos irracionales que les impiden moverse de donde están, o están muy cómodos donde ahora se encuentran, o su forma de ser les aporta ciertos beneficios a los que no están dispuestos a rechazar.

El segundo momento de interés ha sido al finalizar el ejercicio. ¿Has vuelto a poner las cosas que habías cambiado en su sitio original?  Si es así ¿quién te ha dicho que lo hagas? ¡porque yo no!  Este comportamiento tan sólo nos demuestra que aunque nadie te diga nada, las personas tendemos a volver al lugar donde nos encontramos a gusto, en el que nos sentimos cómodos.  Puede que algunas personas se hayan vuelto a poner el reloj en la muñeca, el anillo en el dedo y el pañuelo alrededor del cuello de forma casi inconsciente.

Estas personas se sienten cómodas en ese estado, por lo que vuelven a ese punto como un muelle retorna a su posición inicial.  Por el contrario, otras personas habrán devuelto a su posición inicial sólo parte de las cosas que se habían cambiado de lugar, pero no todas.  Esto nos demuestra que las personas podemos cambiar, pero tanto y tan deprisa como nos permita nuestra incomodidad.  De hecho, el coach busca sacar a las personas de su círculo de comodidad para que puedan ampliarlo y así mejorar y desarrollarse, ampliando su punto de vista y desarrollando su creatividad para obtener más opciones y alternativas a un mismo problema.

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Gobierno de los mejores

Febrero 10th, 2010

Al igual que en tiempos pasados, hoy en día no es raro encontrarse con personas que se alejan del ideal de perfección para conformarse con la mediocridad; que apartan a los mejores del camino para aplaudir a los peores; que siguen el camino de menor esfuerzo y que sustituyen la calidad por la cantidad. En este clima social poco apto para la mejora personal ¿cómo guío y dirijo mi propia persona?

El gobierno de una persona se puede asemejar a dirigir una nación o Estado.  De este modo, una persona sin experiencia en estos asuntos podría modelar los comportamientos de los políticos que gobiernan su país para gobernarse a si mismo.

Juan de Mariana adelantaba en su libro De Rege et regis institutione escrito en 1599 “[...] Mas cuando los honores y cargos de un Estado se reparten a la casualidad, sin discernimiento ni elección, y entran todos, buenos y malos, a participar del poder, entonces se llama democracia.  Pero no deja de ser una gran confusión y temeridad querer igualar a todos aquellos a quien la misma naturaleza o una virtud superior han hecho desiguales“.

Por su parte, el filósofo argentino Jorge Luis García Venturini, confirma en su artículo “Aristocracia y Democracia” – publicado en el diario La Prensa en 1974 – que para muchas personas la democracia comienza a ser equivalente a mediocridad (mediocracia) e incluso lo lleva al extremo de ser el acceso al poder de los menos aptos, de los incapaces, y lo define abiertamente como kakistocracia o lo que es lo mismo, el gobierno de los peores.

En un ambiente como el descrito por Mariana y García Venturini, en el que el pueblo desconfía de las capacidades y comportamientos de aquellas personas que deben dirigir su país, es complicado que una persona pueda desarrollar sus habilidades de autogobierno imitando los comportamientos de sus gobernantes, ya que para triunfar y ser mejor lo óptimo no es adoptar las habilidades de los menos aptos ni de los incapaces, sino de aquellas personas que ya han triunfado en el campo que se quiere desarrollar.  Aún así podemos encontrar en la historia reciente grandes políticos como Mahatma Gandhi, Winston Churchill, Nelson Mandela, y más recientemente el premio Nobel de la paz Barack Obama a los que poder modelar.

Afortunadamente Juan de Mariana también afirmaba en De Rege que “La república, verdaderamente llamada así, existe si todo el pueblo participa del poder supremo; pero de tal modo y tal templanza que los mayores honores, dignidades y magistraturas se encomienden a cada uno según su virtud, dignidad y mérito lo exijan.

Si tenemos en cuenta la virtud, la dignidad y el mérito de las personas a la hora de otorgar los honores, entonces podemos hablar de meritocracia, aunque estuviera cargado de contenido negativo cuando se utilizó por primera vez en 1958 por el escritor Michael Young en su libro Rise of the meritocracy.

Este término se ha asociado recientemente a posiciones conseguidas por mérito personal, como puede ser el ingreso a escuelas o universidades de prestigio a través de sus exámenes de ingreso o puestos de funcionariado que requieren de exámenes de acceso, por lo que estas personas son perfectas candidatas para modelar sus comportamientos y desarrollar aquellas habilidades que puedan ayudarnos a conseguir el objetivo marcado.

De igual manera, y en contraposición a la kakistocracia que apuntaba García Venturini, aparece de nuevo el concepto clásico de aristocracia, que significa fundamentalmente el gobierno de los mejores y no como se entiende popularmente de la clase social que por su linaje tiene privilegios hereditarios, entre los que destaca el de gobernar, y los cuales son inalterables  independientemente de sus valores éticos o capacidad efectiva para ello.

La aristocracia, como en este contexto la entendemos, promueve el valor, el talento, el honor, la capacidad y la virtud como atributos de las personas.  Estos aristócratas se pueden encontrar en algunas empresas que promueven y fomentan este tipo de gobierno, por lo que también pueden ser buenos candidatos a la hora de tomarlos como referencia a la hora de modelar ciertos comportamientos y actitudes.

Ahora está en nosotros el elegir si deseamos ser gobernados por una persona mejor de la que somos actualmente para de esta forma poder alcanzar todos nuestros objetivos, o preferimos conformarnos con lo que somos para mantener viva esa fantasía de lo que podríamos ser pero que irremediablemente nos mantiene bloqueados en nuestra mediocridad actual.

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Fortalezas invisibles

Enero 27th, 2010

Desde la antigüedad el ser humano se ha caracterizado por su habilidad e ingenio para edificar obras de arquitectura e ingeniería que le protegiesen de las amenazas externas.  Esta creatividad milenaria nos permite hoy en día disfrutar de castillos y murallas en casi todos los países del mundo civilizado.  Sin embargo, estas edificaciones que nos maravillan en nuestros viajes, pueden suponer una pesada carga cuando las construimos en nuestro interior.

La protección de nuestro ser, de nuestra identidad, es tan importante para nosotros que, aún sin tener conocimientos básicos de física ni de resistencia de materiales, nos arriesgamos a levantar muros con el único fin de que estos eviten en la medida de lo posible la entrada indiscriminada de personas a nuestro mundo interior.

Estas fortalezas invisibles nos hacen sentirnos seguros y, en el momento en el que dejan de hacerlo, levantamos medio palmo más la muralla, instalamos nuevos sistemas de detección de intrusos, diseñamos nuevos laberintos que dificulten la entrada, tapamos las grietas que se hayan podido producir con el paso del tiempo o configuramos el sistema de acceso para restringir las visitas y aumentar la privacidad de nuestra cuenta.

Si pudiéramos medir la energía que dedicamos a esta tarea a lo largo de nuestra vida podría ser equiparable a la energía que consume una gran ciudad como Nueva York durante un día, una semana, un mes, un año, una década o quién sabe durante cuanto tiempo.

Lo paradójico de todo esto no es sólo la energía ni los recursos que dedicamos a esta empresa, sino que los mismos muros que impiden que los extraños entren en ese mundo que hemos creado a nuestra medida también evitan que salgamos y conozcamos lo que hay fuera de nuestra ahora prisión.

Efectivamente, hay que tener en cuenta que esos muros que nos protegen también evitan que salgamos de donde estamos.  Esto puede suponer un problema si no lo sabemos gestionar, ya que puede impedir que consigamos aquello que tanto anhelamos, como puede ser una relación de pareja o formar parte de un equipo.

La mejor manera de proceder cuando nos damos cuenta de que los muros que hemos creado son demasiado altos para escapar de ellos es ponerse manos a la obra y comenzar a abrir huecos que nos permitan salir, bajar la altura quitando piedras de sus muros, o incluso dibujar un mapa que nos permita salir del laberinto que años atrás diseñamos para que nadie pudiera entrar.

Con el tiempo veremos que no es necesario tener muros tan altos ni gruesos para sentirnos seguros, y que la energía, el tiempo y los recursos que antes dedicábamos al mantenimiento de tan inexpugnable fortaleza ahora las podemos dedicar a otras cosas que nos aportan más.

A nivel sentimental puede que queramos conservar tan bella obra arquitectónica, aunque su uso a partir de este momento tenga una utilidad más histórica recordándonos cómo se vivía en tiempos pasados sin apenas comodidades.  También sus ahora vacías colmenas y sus derruidos muros nos permitirán gozar de las vistas e identificar en el horizonte nuevas oportunidades que antes ni siquiera podíamos vislumbrar.

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Personas tímidas

Enero 25th, 2010

Es raro que no nos hayamos sonrojado alguna vez ante un alago de esa persona que nos gusta, o cuando cometemos alguna torpeza delante de otras personas, o cuando tenemos que presentarnos por primera vez ante personas desconocidas.  La timidez es una cualidad que tienen todas las personas, pero que destaca más en las personas temerosas o con poca seguridad de si mismas.

Simplificando mucho el análisis podríamos dividir a las personas en dos grupos: el de las personas tímidas y el de las que no lo son.  Dentro del primer grupo se podrían incluir a todas aquellas personas con un bajo nivel de autoestima, lo cual induce a que tengan poca seguridad en si mismas y, por tanto, temerosas de todo lo que les rodea e incluso de acometer cualquier tarea para conseguir un objetivo concreto.  Este grupo de personas podría asociarse al grupo socialmente conocido como el de los blandengues, de los introvertidos, o de los penosos.

El segundo grupo es la antítesis del anterior.  Estaría compuesto por personas seguras de si mismas, con un alto nivel de autoestima, que se lanzan a por todo aquello que les depara el destino, que se comen el mundo y que son populares allá donde vayan.  Es el grupo socialmente conocido como el de los casanova, los castigadores o el de los envalentonados.

Puede parecer que ambos grupos no tienen nada en común, sin embargo existe algo corriente en ambos conglomerados: que la fama les precede.  A los primeros porque son amilanados, y a los segundos porque son arrolladores.  Y si no ¿cuántas veces nos han descrito la personalidad de una persona antes de que nos la presentaran?

Afortunadamente hay que tener en cuenta que la realidad y la personalidad de las personas no es tan simple como se ha descrito en los párrafos anteriores, ya que esta puede variar en función del entorno donde se encuentre la persona y, por tanto, su personalidad tenderá más hacia un grupo o hacia el otro.  Así, una persona tímida en el trabajo, puede que no lo sea cuando se junta con sus amigos a tomar una cerveza.

También hay que tener en cuenta lo que la persona se juega en cada momento.  No es lo mismo acercarse a hablar con una persona por la que no sientes atracción alguna a hacerlo con aquella por la que tienes mayor afinidad.  La persona se juega mucho más en el segundo caso, por lo que puede ser un poco más introvertida que de costumbre.

Teniendo en cuenta que la mayoría de las personas no sufren de una timidez patológica, es decir, que les impide conseguir todo aquello que desean: una pareja, un ascenso en el trabajo, unos amigos, etc. la mejor manera de proceder ante una situación de timidez es preguntarse ¿qué es lo que quiero? Esta simple pregunta puede ayudarnos a enfocar nuestro objetivo y a quitar relevancia a lo que tenemos que hacer.

Otra manera de proceder ante un ataque de timidez es pensar en la muerte, es decir, preguntarnos ¿cómo me sentiría si muero mañana y no he hecho esto? ¿o si no he hablado con esta persona?  ¿o si no la he mostrado mis sentimientos?

Una vez nos hemos envalentonado para hacer y decir las cosas, la consecución de nuestro objetivo se ve más cerca, al tiempo que nuestros miedos y bloqueos se alejan de nuestro entorno y comenzamos a tener más cosas en común con las personas arrolladoras.

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¿Qué busco ahora?

Diciembre 29th, 2009

Una vez más se aproxima el fin de año y algunas personas no tendrán una pareja a quien abrazar o a quien besar cuando las campanadas anuncien el término de 2009.  El hecho de sentirnos solos en estas fechas tan entrañables hace que volvamos a incluir en nuestra lista de propósitos de año nuevo el encontrar pareja como objetivo prioritario para este nuevo año que en breve comenzará.

Es posible que algunas de esas personas solitarias decidan no incluir en su lista de propósitos este objetivo para el nuevo año.  Esto puede ser debido a que no buscan nada porque todavía no están disponibles para comenzar una relación, aunque ellos no sean conscientes de ello.  Sin embargo, las personas que quieran volver a enamorarse pondrán este objetivo en su lista.

Ahora bien ¿qué es lo que busco ahora?  En principio busco pareja, sin más.  Pero ¿qué tipo de pareja en concreto?  Un pequeño estudio sin valor científico que realicé hace algún tiempo con una muestra de amigos de diferentes edades confirmaba algo que casi todos pensamos y que indico a continuación.

Los adolescentes entre 15 y 25 años buscan una persona que destaque en algo, siendo lo más común su atractivo físico y su popularidad.  Los valores no tienen demasiada importancia, ya que a esas edades la persona está formando su personalidad.  En el rango comprendido entre los 25 y los 35 años, los encuestados buscaban una persona con un cierto atractivo, pero que tuviera un poco de cabeza y sentido común, es decir, los valores personales comienzan a tener su peso a la hora de entablar una relación.  A partir de los 35 años el físico pasaba a un segundo plano, siendo los valores de la persona y sus habilidades interpersonales lo que tenía más importancia y lo que realmente atraía al sexo contrarío.

A la hora de buscar esa imperfección perfecta, y por mucho que nos pueda gustar esa persona que apenas nos hace caso, que nos ignora continuamente o incluso nos puede hacer algún desprecio en público, es importante tener en cuenta cuáles son nuestros valores personales.  Esto nos ayudará a saber qué podemos  ofrecer a la otra persona y qué queremos recibir de ella.

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¿Dónde me equivoqué?

Diciembre 27th, 2009

Después de una ruptura de pareja alguna de las partes se puede preguntar ¿dónde me equivoqué?  Esta pregunta puede ser muy importante si nos permite mejorar nuestra próxima búsqueda de pareja, sin embargo, es importante que no se convierta en una pregunta obsesiva que me recrea en la pérdida de esa persona fomentando mi victimismo e impidiendo seguir adelante con mi vida.

El entrar en este comportamiento compulsivo donde recreo una y otra vez la pregunta fustigándome con ella, además de no ser muy positivo para nuestro equilibrio mental, sólo aumenta nuestro victimismo.  Un victimismo que, por otra parte, mitiga en parte la perdida que acabamos de sufrir, pero que impide nuestro desarrollo personal y aumenta el tiempo para que podamos estar disponibles para otra relación.

Otra alternativa que suele darse a menudo se puede simplificar con la frase un clavo quita otro clavo.  Es cierto que comenzar una nueva relación a las pocas horas de concluir la anterior puede mitigar en cierta manera el dolor de dicha pérdida.  Sin embargo, estas relaciones puente no son más que eso, una relación pasajera donde posiblemente vuelva a cometer los mismos errores que en la anterior, o exactamente los opuestos debido al efecto rebote que tiene lugar en la persona al intentar evitar los fallos cometidos en su relación anterior.

Es importante tener en cuenta que toda pérdida requiere de un tiempo de duelo.  Un tiempo durante el cual mi YO no está disponible para nada ni para nadie.  Hace unas décadas, las viudas de nuestro país vestían de negro durante un año antes de comenzar una nueva relación, mostrando así que estaban de luto por la pérdida de su marido.  Si bien la ruptura de una pareja es menos drástica que la muerte, no por ello es menos dramática para algunas personas.  ¿Cuántas veces hemos escuchado a alguna persona decir que todavía se acordaba de su pareja después de dos o tres años desde la ruptura?

Cada persona tendrá una manera de proceder ante la ruptura de su pareja, sin embargo es importante tener en cuenta que un tiempo de duelo puede ser positivo para llegar a comprendernos un poco mejor y desarrollar aquellas habilidades interpersonales en las que más hayamos flaqueado, así como para reflexionar y recabar información sobre la persona que busco para pasar el tiempo conmigo.  Asimismo es importante evitar en la medida de lo posible el victimismo y la autoflagelación, así como todas aquellas preguntas que me enganchan en un búcle y que sólo debilitan la autoestima.

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Solteros de plata

Diciembre 25th, 2009

Tal vez este año en tu carta a Santa Claus hayas pedido un soltero de oro con quien poder comenzar una relación.   Es posible que esta mañana hayas encontrado junto al árbol un envoltorio enorme de donde ha salido esa persona famosa, millonaria, atractiva, cuya edad oscila entre los 23 y los 63 años y actualmente no goza de una relación sentimental tal y como habías solicitado.  Aunque en el mejor de los casos habrás encontrado una lista con nombres como el de Russell Crowe, Petrina Khashoggi, George Clooney, Ashley Olsen, Javier Bardem o Penélope Cruz.

Si lo que buscas en tu pareja es que te de fama, pasión y dinero, y esa persona no estaba en ninguno de los paquetes que has desenvuelto a primera hora de la mañana, entonces tienes que ponerte manos a la obra para conocer a uno ¡y no es tarea imposible!  De hecho así lo demuestra la relación que tuvo Penélope Cruz con Tom Cruise hace unos años, o más recientemente el enlace entre Letizia Ortíz y el Príncipe Felipe.  ¿Quién te iba a decir que una actriz española podría salir con un famoso actor americano? ¿O que una periodista pudiera casarse con un príncipe? Nada es imposible, tan sólo hay que entrar en su círculo, para lo que es importante tener amigos en común, haber estudiado en los mismos colegios, frecuentar los mismos sitios, o tener gustos y ambiciones similares.

Una alternativa nada desdeñable son los solteros de plata, personas que, sin ser millonarias, ni famosas, ni ser descendiente de alguna gran fortuna, están solteras, tienen su trabajo bien remunerado y también pueden hacerte feliz.  Seguro que si abres tu libreta de direcciones tienes apuntado el nombre de alguno de estos solteros: Juan, María, Francisco, Isabel o Antonio.

Hay que tener en cuenta que, aunque nada es imposible, la realidad que te rodea puede hacer que la consecución de tu objetivo sea algo más complicada.  También es importante tener en cuenta que, a veces, la fantasía puede impedir que veas tu realidad más cercana, y que ese hombre o mujer imperfecta esté justo a tu lado.

Recuerda que el futuro se lo marca uno mismo y está en tus manos el que el mañana sea de una forma u otra.  Tú eliges. ¡Feliz navidad!

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Volver a enamorarse

Diciembre 24th, 2009

Estar enamorado es una de las mejores sensaciones que tenemos a lo largo de nuestras vidas.  Por muy mal que lo pasemos al romper con una persona, una vez pasado el periodo de duelo estamos de nuevo buscando una pareja con quien volver a enamorarse y compartir nuestra vida.

Una vez estamos disponibles para encontrar a ese hombre o mujer con quien compartir nuestros tiempo, a esa persona imperfecta que nos llene de alegría y felicidad, buscamos señales en todo aquello que nos rodea que nos puedan dar una pista de quién puede ser esa persona.

Las sensaciones que obtenemos cuando nos enamoramos pueden ser tan fuertes que si al llegar el fin del año no hemos encontrado a esa persona, es posible que nos pongamos como propósito de año nuevo encontrar una persona con quien compartir nuestro mundo… ¡otra vez!

Todos queremos estar enamorados el mayor tiempo posible, queremos sentir esas mariposas en el estómago, esperar la llamada de la otra persona, incluso rozarla fortuitamente a lo largo del día para sentir esa chispa que nos hace sonrojarnos.  Esta puede ser una de las razones por las que algunas personas pueden llegar a ser auténticos maestros en el arte de la seducción.

Algunos dicen que no hay que buscar el amor, otros que hay que buscarlo para encontrarlo, pero independientemente de la tendencia que uno prefiera, es importante saber qué es lo que quiero. Para ello es importante saber qué valores ofrezco y busco en mi pareja.

La buena noticia es que hay una persona que nos hará felices y con quien desearemos estar el resto de nuestra vida.  Lo importante ahora es saber si no la hemos encontrado debido a que no hemos topado con ella o si es debido a esos miedos irracionales que nos impiden hablar con ella, por muy paradójica que sea esta vida.

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La gota que colma el vaso

Diciembre 23rd, 2009

Las razones por las que una persona puede tener una explosión emocional a lo largo del día pueden ser muy variadas, desde un comentario, un roce, una mirada, hasta el dejar un vaso en cualquier lugar que no sea el propio lavaplatos. En ocasiones, las personas a las que manifestamos violentamente nuestras emociones no suelen ser aquellas con las que realmente estamos enfadados, sino gente cercana como nuestros hijos, pareja e incluso subordinados que poco o nada tienen que ver con el asunto real de nuestro malestar.

Una de las alternativas para evitar este tipo de estallidos es desarrollar aquellas características que nos permitan aumentar nuestra paciencia, como puede ser la comprensión, la empatía o la flexibilidad. El desarrollo de estos comportamientos puede permitirnos minimizar la presión interna de rabia y frustración, o mejorar la flexibilidad y resistencia de las paredes que contienen esa furia o dolor. Eso si, en el momento en el que esos muros de contención alcancen su punto máximo de elasticidad, o aparezcan rastros de fatiga en ellos, la detonación que se producirá puede ser similar a la de una supernova.

Otra de las alternativas para evitar estos bombazos incontroladas puede ser la técnica utilizada por los artificieros, es decir, una detonación controlada. Estas detonaciones controladas tienen como ventaja que no son tan destructivas como las anteriores ya que tienen lugar bajo estricta supervisión de especialistas que intentarán por todos los medios minimizar las bajas humanas y materiales.

En el ser humano esto se podría asemejar a pequeños reventones que ayudan a disminuir la presión, la rabia o la frustración.  Pueden ser los vómitos psicológicos que tenemos puntualmente con amigos de confianza sobre temas concretos que nos ayudan a rebajar la presión del momento y a liberarnos de ciertas ataduras. El inconveniente puede venir cuando en un momento de estrés no encontramos a esa persona de apoyo, o ni siquiera tenemos una persona a la que confiar nuestras intimidades.

Por último, la alternativa que requiere de un mayor desarrollo personal es la gestión emocional, con la que hacemos partícipe a la otra persona de nuestros sentimientos en el grado apropiado y en el momento en el que tienen lugar los hechos, evitando así que aparezcan sentimientos de rabia o frustración que posteriormente podamos utilizar contra alguien inocente al tiempo que aumentamos nuestra paz interior.

Para ello es conveniente comenzar por tener en cuenta cuáles son nuestros límites, y para ello puede servirnos de ayuda conocer quienes son las personas que nos pueden sacar de quicio, cuándo nos pueden poner de los nervios, dónde ocurre más a menudo y cómo me siento, para de esta forma crear una serie de alarmas que me avisen de que voy por el mal camino en la gestión de mis mis emociones.

Por tanto, y aunque se podría decir que hay una manera óptima de proceder en estos casos, la mejor manera de comportarse para una persona en concreto dependerá del grado de desarrollo que tenga en la gestión de sus propias emociones.

Para ello hay que recordar que el expresar nuestros sentimientos de forma explosiva no siempre tiene como resultado el efecto esperado. En el mejor de los casos lo puede tener de forma puntual y en el corto plazo, sin embargo, en el largo plazo nos puede suponer una carga para nuestro desarrollo personal y consecución de nuestros objetivos profesionales.

También hay que tener en cuenta que el conocernos más nos permitirá gestionar nuestros sentimientos mejor y de esta forma seremos capaces de vivir más calmados y felices.

En definitiva, la buena noticia es que podemos decir las cosas, para lo cual debemos aprender a gestionar nuestras emociones, bien solos o con la ayuda de alguien. Con el tiempo podremos llegar a ser verdaderos maestros de este arte, lo cual nos permitirá salir fortalecidos en nuestras relaciones y progresar como personas y profesionales.

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Miedos irracionales

Diciembre 21st, 2009

La mayoría de las personas tienen algún tipo de miedo: a la soledad, a la oscuridad, al fracaso e incluso a la propia muerte.  Por simples que algunos de estos miedos puedan parecer para el resto de personas, los llevamos con nosotros allá donde vamos, y a veces pueden interferir en nuestras relaciones personales e impedirnos que consigamos nuestros objetivos.

Los miedos son totalmente lógicos para las personas que los sufren.  Una persona puede tener miedo a que su pareja la abandone después de una semana viviendo en la misma casa; o puede tener miedo a dar el primer paso después de recibir ciertas señales por parte de la otra persona, o puede abrigar un miedo a tener un accidente de tráfico.  Es lógico ¿verdad?

Por mucho que a unas personas les parezcan racionales sus miedos y a otras totalmente irracionales, lo que es cierto es que el miedo, como método de supervivencia que todavía sigue latente en nosotros gracias a la evolución según Darwin, nos paraliza.

Esta inmovilidad que en el mundo animal puede suponer vivir o morir, en nuestro mundo supone conseguir nuestros objetivos o fracasar en el intento.  Muchas personas no hacen nada por miedo al qué dirán, a que me digan que no, o a hacer el ridículo delante de los otros.  En conclusión, nos impiden conseguir aquello que queremos.

La buena noticia es que los miedos se pueden superar.  El primer paso para quitar el miedo es enfrentarse a ese miedo, y una buena recomendación es prepararse para ello.  Así una persona puede tener miedo a presentarse a un examen.  El primer paso será apuntarse al examen y después prepararlo concienzudamente.

Otra forma de superar ciertos miedos suele ser utilizar la paradoja de la vida, es decir, a la muerte, como revulsivo.  Cuando pensamos que nuestras horas en este mundo están contadas es cuando comenzamos a priorizar aquello que tenemos que hacer, es cuando nos lanzamos a por nuestros objetivos sin más miedos que el mero hecho de conseguirlos porque ¿qué te da más miedo, la muerte o no conseguir tu objetivo?

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