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	<description>coaching personal, coaching ejecutivo</description>
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		<title>La gran muralla</title>
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		<pubDate>Fri, 04 May 2012 07:00:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Maria Garteiz</dc:creator>
				<category><![CDATA[coaching personal]]></category>
		<category><![CDATA[cambiar comportamientos]]></category>
		<category><![CDATA[problemas sin solucion]]></category>
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		<description><![CDATA[Manuel había salido a pasear como cada día. Después de varias horas caminando, de pronto, se encontró en mitad del camino un muro que le impedía el paso. Si hubiera sido el típico muro de piedra de un metro de altura lo hubiera saltado sin mayor dificultad. Sin embargo, la altura de este muro era [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Manuel había salido a pasear como cada día.  Después de varias horas caminando, de pronto, se encontró en mitad del camino un muro que le impedía el paso.  Si hubiera sido el típico muro de piedra de un metro de altura lo hubiera saltado sin mayor dificultad.  Sin embargo, la altura de este muro era de unos cinco metros, lo cual complicaba significativamente el saltarlo.  No sólo eso, sino que además, la piedra estaba muy bien pulida, lo cual dificultaba cualquier intento de escalada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Manuel se alejó unos pasos de aquel muro y miró a su derecha.  Luego giró su cabeza al otro lado, con el objeto de ver dónde terminaba el muro; pero en ambos casos el muro se perdía en el horizonte.  Entonces Manuel se alejó un poco más, para ver si su vista daba con alguna puerta, entrada o hueco en aquella pared de piedra.  Nada.  Ni una grieta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Manuel era un hombre persistente, y no había llegado hasta allí para darse la vuelta sin luchar un poco más, así que se acercó de nuevo al muro.  Puso sus manos sobre él.  Asentó sus pies sobre la tierra.  Y comenzó a empujar con todas sus fuerzas en un intento por derribar aquellas piedras de su camino.  Después de varios minutos empujando con sus manos, son sus hombros, con su espalda, y con cualquier parte de su cuerpo, Manuel desistió en su intento.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">El esfuerzo maratoniano que le había supuesto empujar aquellas toneladas de piedra lo dejó casi sin fuerzas.  Para recuperar algo de fuerzas se acercó a su mochila, la cual había dejado hacía unos minutos junto a una roca, para coger un bocadillo que se había preparado antes de salir de casa.  Se subió a la roca.  Se sentó.  Quitó el papel de aluminio al bocadillo.  Y se quedó mirando a aquel muro, intentando encontrar la forma de traspasarlo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Después de varias horas Manuel seguía sin encontrar solución a su problema.  Claro estaba que una solución podía ser el bordear aquel muro, pero parecía que no tenía fin, ni por su parte derecha, ni por su izquierda.  El intentar derrumbarlo por la mera fuerza tampoco había dado resultado.  Saltarlo tampoco era una solución, ya que era materialmente imposible hacerlo.  Y grietas o huecos por los que atravesar aquel montón de piedras tampoco era una opción.  Así que Manuel se quedó en aquella piedra sentado, pensando en cuál podría ser la solución a aquel dilema que le permitiera atravesar aquel muro casi impenetrable.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Muchos, muchos años después de aquel día en el que Manuel salió de paseo, otro caminante llegó a aquel lugar.  Al llegar allí se encontró con un muro derruido por el paso del tiempo y, a pocos metros del camino, sobre una roca, la escultura de un hombre mirando hacia el muro con expresión pensativa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">En ocasiones algunas personas se empecinan en buscar una solución a un problema cuya única solución es el paso del tiempo.  Sin embargo, en vez de darse la vuelta y seguir con su vida, siguen intentando encontrar una solución, sin darse cuenta que la vida sigue, y que están perdiendo un tiempo que nunca más podrán recuperar.</span></p>
<div class="tweetthis" style="text-align:left;"><p> <a class="tt" href="http://twitter.com/home/?status=La+gran+muralla+http%3A%2F%2Fwww.mycoach.es%2F2012%2F05%2F04%2Fla-gran-muralla%2F" title="Envialo a Twitter"><img class="nothumb" src="http://www.mycoach.es/wp-content/plugins/tweet-this/icons/en/twitter/tt-twitter.png" alt="Post to Twitter" /></a> <a class="tt" href="http://twitter.com/home/?status=La+gran+muralla+http%3A%2F%2Fwww.mycoach.es%2F2012%2F05%2F04%2Fla-gran-muralla%2F" title="Envialo a Twitter">Tweet este articulo</a></p></div>]]></content:encoded>
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		<title>Érase una vez&#8230;</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Apr 2012 07:00:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Maria Garteiz</dc:creator>
				<category><![CDATA[coaching personal]]></category>
		<category><![CDATA[identidad personal]]></category>
		<category><![CDATA[miedos irracionales]]></category>
		<category><![CDATA[parte del grupo]]></category>
		<category><![CDATA[perder lugar]]></category>
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		<description><![CDATA[&#8230;una bella joven que respondía al nombre de Ana. Ana vivía en un pequeño pueblo junto a las montañas. Un pueblo que nació cuando, hace un par de siglos, unos colonos vieron que la madera de aquellas tierras podía tener otros usos más eficientes que como mera leña para calentar los hogares. Después de poco [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">&#8230;una bella joven que respondía al nombre de Ana.  Ana vivía en un pequeño pueblo junto a las montañas.  Un pueblo que nació cuando, hace un par de siglos, unos colonos vieron que la madera de aquellas tierras podía tener otros usos más eficientes que como mera leña para calentar los hogares.  Después de poco más de doscientos años, aquel asentamiento tenía más de mil habitantes, de los cuales más de la mitad trabajaban o estaban relacionados con el sector maderero.  De hecho, el noventa por ciento de las casas de no más de una altura y tejados extremadamente inclinados para evitar que el peso de la nieve del invierno dañase la estructura de la casa, estaban fabricadas con madera talada  de los bosques colindantes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Pues bien, un día de primavera, cuando la nieve ya se había fundido de los tejados y las laderas de las montañas, Ana decidió darse un paseo por uno de aquellos bosques.  Después del desayuno, y cuando los rayos del sol comenzaban a evaporar las gotas de rocío de las flores más prematuras, salió caminando del pueblo por el camino que llevaba al bosque más cercano.  Poco a poco fue cambiando el bullicio de la gente que paseaba por las calles del pueblo  por el de los insectos, pájaros y pequeños animales que correteaban libremente en ausencia de depredadores que los pudieran engullir.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Tras unas horas paseando por el bosque el sol había subido en el cielo, y sus rayos penetraban de forma casi paralela a las copas semidesnudas de aquellos árboles centenarios.  Fue uno de estos haces de luz el que, al incidir sobre un bosque de helechos, captó la atención de Ana.  No fue el rayo en sí lo que llamó la atención de nuestra protagonista, sino el objeto brillante que se escondía entre aquellos helechos y que había sido descubierto por aquel torrente de luz.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Ana se desvió del camino marcado y se adentró en aquel bosque de elfos sin perder de vista aquel objeto brillante que el sol seguía iluminando.  Después de varios metros separando helechos con las manos, Ana llegó al lugar donde nacía aquel tímido resplandor.  Echó a un lado las plantas que la impedían ver con claridad aquel objeto y se arrodilló frente a él para verlo más de cerca.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Aquel objeto estaba cubierto casi en su totalidad por musgo y semienterrado en la tierra.  Ana lo sacó con cuidado y comenzó a limpiarlo.  Lo que en un principio parecía una hogaza de musgo y tierra comenzó a definirse como un cerco de metal dorado.  Una vez quitó toda la tierra y musgo con las manos, Ana procedió a limpiarlo un poco más con un trozo de la falda que llevaba puesta.  Era una corona dorada.  Ana estaba impresionada por su hallazgo.  Se levantó y se puso la corona sobre su cabeza a modo de complemento al vestido que llevaba.  Puesto que no tenía un espejo donde ver si aquello le quedaba bien o no, partió hacia su casa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Al llegar al pueblo Ana sintió como sus vecinos la miraban de forma diferente a la habitual.  Algunos hombres, que hasta entonces ni siquiera la habían visto, la saludaban por primera vez.  Y algunas mujeres hacían exactamente todo lo contrario, la quitaban la mirada e incluso el saludo.  Ana no sabía por qué, pero se sentía diferente, especial.  Al llegar a su casa subió corriendo las escaleras y se metió en su cuarto.  Se puso delante del espejo y observó cómo le quedaba aquella corona que se había encontrado en el bosque y que había causado ciertos cambios en el comportamiento habitual de sus conciudadanos.  A los pocos minutos su madre llamó a la puerta de su habitación y ésta se abrió.  Ana miró a su madre con una sonrisa y ésta se acercó a ella para abrazarla entre sus brazos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Desde aquel día en que Ana se puso la corona sobre su cabeza la gente de su pueblo, e incluso su propia familia, la comenzaron a tratar de forma diferente.  Durante los años de su adolescencia la trataron como a una princesa.  Y durante su madurez la pasaron a tratar como una reina.  Ana estaba encantada con este trata que recibía de los demás.  Un trato que no tenía que ser recíproco, ya que ella no se veía en la obligación de tratarlos de igual forma, si bien a todos y cada uno de ellos los había tratado siempre con respeto y dignidad.  Pero todo esto cambió un fatídico día de otoño.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Al igual que hacía unos años atrás, Ana salió a dar un paseo por el bosque aquella mañana de otoño con su corona sobre su cabeza.  Durante horas estuvo paseando por el bosque hasta que encontró una roca donde el sol otoñal todavía parecía calentar un poco.  Ana se sentó sobre la roca mirando al sol y aquel maravilloso paisaje cuando de pronto, un ave cayó del cielo y cogió la corona entre sus garras.  Ana y el animal forcejearon durante unos segundos, pero al final el ave levantó el vuelo con la corona en sus garras.  Ana, furiosa, miró a su alrededor en busca de algún elemento arrojadizo.  Cogió con sus manos unas piedras que había bajo sus pies y comenzó a arrojarlas contra el ave, intentando derribarla de alguna forma, pero no lo consiguió.  Así que Ana se tuvo que conformar con ver cómo aquella ave se llevaba su corona a la cual tanto aprecio había cogido después de tantos años sobre su cabeza.  Ana se bajó de aquel montículo y volvió al pueblo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Al llegar al pueblo observó cómo las personas que hasta el momento la habían mirado cuando ella se acercaba, y quienes la habían saludado cuando llevaba puesta su corona, ahora bajaban la mirada y no la saludaban.  Los más osados se acercaban y preguntaban por su corona ¿qué había sido de ella?  Ante la explicación de Ana, los examinadores se daban media vuelta y se iban por el mismo camino por el que habían venido.  Ana parecía no ser especial.  Ana había dejado de ser reina.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">En algunas ocasiones las personas nos sentimos bien cuando somos tratados como príncipes o reinas, aunque no lo seamos realmente, pero el sentirse querido, alagado, mimado es algo que nos puede hacer sentir bien, en especial cuando no tiene que ser recíproco y nadie nos va a pedir cuentas si no hacemos lo mismo por ellos.  Sin embargo, cuando perdemos nuestro trono, o cuando lo vemos amenazado por otra persona, podemos sentir envidia por ella, e incluso llegar a tener comportamientos agresivos hacia ella con el único objeto de preservar un poco más nuestro reinado.  No importa que el presunto usurpador del trono tenga derecho a él, esté en su derecho de solicitarlo, o incluso que sea totalmente legítimo subir a ese trono.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Al final del día las personas queremos ser especiales, ya sea con corona o sin ella.  No nos importa si nos tratan de manera especial porque tenemos alguna cualidad que nos permite ser especiales, siempre y cuando la otra persona nos muestre su afecto y amor hacia nosotros.  Pero en cualquier caso, lo que verdaderamente nos puede costar, es perder nuestro reinado de años frente a una tercera persona que acaba de llegar.</span></p>
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		<title>La vía muerta</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Mar 2012 07:00:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Maria Garteiz</dc:creator>
				<category><![CDATA[coaching personal]]></category>
		<category><![CDATA[comunicacion no verbal]]></category>
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		<description><![CDATA[Mario llevaba años construyendo vías ferroviarias. Su pasión era construir caminos de acero que llevaran de un punto “A” a otro “B” en el menor tiempo posible. No le gustaba pensar que los futuros usuarios de esas vías tendrían que permanecer durante horas sentados en el asiento de su vagón mientras veían pasar el paisaje [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Mario llevaba años construyendo vías ferroviarias.  Su pasión era construir caminos de acero que llevaran de un punto “A” a otro “B” en el menor tiempo posible.  No le gustaba pensar que los futuros usuarios de esas vías tendrían que permanecer durante horas sentados en el asiento de su vagón mientras veían pasar el paisaje frente a sus ojos a toda velocidad.  Hasta la fecha había conseguido que todos sus trenes llegaran a su destino sin problema, de forma rápida y sin causar muchos trastornos a los viajeros.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Un día, no muy diferente a otro cualquiera, le dieron un nuevo proyecto.  Tenía que construir una vía que salía de un punto marcado con una gran equis en su mapa, pero cuyo destino estaba todavía por determinar.  Esto era completamente nuevo para él &#8211; ¿hacia dónde tengo que dirigirme? &#8211; se preguntaba &#8211; ¿Norte, Sur, Este u Oeste?  Aquello era una gran incógnita.  Sus jefes le dijeron que utilizara su intuición y experiencia para esta nueva obra, pero aún así a Mario no le quedaba muy claro cuál era su objetivo final.  Aún así se puso manos a la obra y mandó sus excavadoras hacia aquella gran equis marcada en su mapa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Después de unos días el equipo de trabajo estaba listo para comenzar a quitar la maleza, allanar la tierra con enormes apisonadoras, apuntalar los raíles sobre las traviesas y hacer las pruebas de alineación necesarias para confirmar el paralelismo del carril.  Sin embargo, todavía nadie le había comunicado hacia dónde se tenían que dirigir.  Puesto que el tiempo apremiaba, Mario decidió comenzar las obras en la dirección que su cuerpo le pedía.  Aunque esa misma intuición le decía que ese camino no llevaba a ningún sitio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Los días pasaron y las enormes máquinas seguían moviendo las tierras, compactando las capas superficiales contra las más profundas para que las lluvias, los vientos y el paso de los pesados vagones no afectaran a ese camino por el que algún día miles de viajeros tendrían que transitar.  Sin embargo, la ubicación de ese segundo punto, el punto al que su vía tenía que llegar, seguía sin estar clara.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Tras varios meses de trabajo y esfuerzo Mario y su equipo habían tirado varios cientos de kilómetros de raíles sobre aquellas tierras tan inhóspitas en algunas ocasiones como bellas y agradecidas en otras.  El tiempo para que la Dirección de la empresa hubiera tomado una decisión sobre el destino final de aquella vía había sido más que prudente.  Tal vez por ese motivo, por priorizar la eficacia de sus obras, o por las continuas interrupciones que su intuición hacia a lo largo del día en su cabeza, Mario decidiese aquella mañana de primavera, tras el habitual desayuno en la caseta junto al resto de su equipo, concluir el proyecto a las 17:00 horas de aquel mismo día.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Durante toda la mañana sus hombres estuvieron trabajando sin descanso, como lo venían haciendo hasta ahora.  Tras el almuerzo ninguno de ellos bajó el ritmo por ver que se acercaba la hora del fin de la obra, sino que lo aumentaron un poco más con el objeto de arañar unos metros más a aquella obra, tal y como lo hacen los grandes campeones cuando ven la línea de meta a su alcance y quieren robar unos segundos al cronómetro.  Al dar las 17:00 horas todo el equipo paró su actividad.  Los que tenían un pico o una pala, dejaron la herramienta en el suelo.  Aquellos que estaban subidos en sus monstruosas máquinas apagaron sus motores para que el silencio recuperase su autoridad entre aquellas colinas.  Los integrantes del equipo se miraron los unos a los otros, miraron a su alrededor y sus miradas terminaron posándose sobre la persona de Mario, quien los miró, observó su alrededor, y se preguntó para sí mismo &#8211; ¿a dónde hemos llegado? -.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">En algunas ocasiones las personas nos embarcamos en iniciativas que desde el principio sabemos que son una vía muerta que no nos lleva a ningún sitio en concreto.  No importa si estos proyectos son personales, profesionales o de cualquier otro tipo, lo único que sabemos es que nuestra intuición nos dice que no tiene muy claro el objetivo final de esa empresa.  Aún así comenzamos a hacer tareas que nos roban tiempo y esfuerzo, cuando no también dinero, tal vez con el único objetivo de pasar el tiempo sin estar mirando a las musarañas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Al final del día, cuando nos damos cuenta del fracaso de esa misión, nos damos de cabezazos contra la pared por haber sido tan estúpidos, por no haber hecho caso a aquellos detalles imperceptibles que nuestro cerebro captaba pero que nuestra razón intentaba dejar a un lado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Las vías muertas existen y seguirán existiendo siempre y cuando nosotros queramos construirlas.  Las razones para ello pueden ser muy diversas, y varían en función de cada persona y sus circunstancias.  Lo importante de todo esto no es sólo darse cuenta de que hemos entrado en una empresa que es una vía muerta y no nos lleva a ningún sitio, sino también ser conscientes de lo que nos ha empujado a embarcarnos en esa empresa sin futuro, de nuevo.</span></p>
<div class="tweetthis" style="text-align:left;"><p> <a class="tt" href="http://twitter.com/home/?status=La+v%C3%ADa+muerta+http%3A%2F%2Fwww.mycoach.es%2F2012%2F03%2F25%2Fla-via-muerta%2F" title="Envialo a Twitter"><img class="nothumb" src="http://www.mycoach.es/wp-content/plugins/tweet-this/icons/en/twitter/tt-twitter.png" alt="Post to Twitter" /></a> <a class="tt" href="http://twitter.com/home/?status=La+v%C3%ADa+muerta+http%3A%2F%2Fwww.mycoach.es%2F2012%2F03%2F25%2Fla-via-muerta%2F" title="Envialo a Twitter">Tweet este articulo</a></p></div>]]></content:encoded>
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		<title>El cofre del tesoro</title>
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		<pubDate>Fri, 24 Feb 2012 07:00:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Maria Garteiz</dc:creator>
				<category><![CDATA[coaching personal]]></category>
		<category><![CDATA[autoestima]]></category>
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		<description><![CDATA[Jack era un pirata algo fuera de lo común. De entrada no tenía barco, ni una tripulación a la que dirigir. Es más, era tan raro que hasta se llevaba bien con las autoridades de la isla. Si bien, claro está, siempre estaba saliendo de las casas y los bares por una ventana que curiosamente [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Jack era un pirata algo fuera de lo común.  De entrada no tenía barco, ni una tripulación a la que dirigir.  Es más, era tan raro que hasta se llevaba bien con las autoridades de la isla.  Si bien, claro está, siempre estaba saliendo de las casas y los bares por una ventana que curiosamente daba a un callejón por el que desaparecía como alma que lleva el viento antes de que algún marido, jugador de póquer o antiguo compañero de fatigas ofuscado lo agarrase por el pescuezo para darle una tunda por haberse acostado con su mujer, haberse bebido una botella de güisqui y no pagarla, o haberle robado algunas monedas hacía algún tiempo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Pues bien, un día que salía por una de estas ventanas de un salto, dejando atrás a quién sabe quien, se topó con un pergamino en el suelo de aquel oscuro callejón.  Obviamente las prisas no le permitieron más que guardárselo en el bolsillo interior de la chaqueta y seguir corriendo antes de que algún objeto de los que salía volando por la ventana le diese en su cabeza.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Al llegar a casa, por llamar de alguna forma al garito donde María dejaba que reposara sus huesos, en ocasiones molidos por el cansancio o por alguna paliza; Jack sacó de su bolsillo aquel rollo de papel amarillento y lo desplegó sobre la mesa.  Para que se mantuviera abierto puso uno moneda en cada una de las esquinas y acercó la vela para poder ver aquellos dibujos desteñidos por la humedad y el paso del tiempo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Tras unos minutos intentando averiguar el significado de aquel jeroglífico, al final podía afirmar que se trataba de un mapa de la isla.  Y claro, la gran equis en el centro del papel denotaba la ubicación de algún tipo de tesoro.  Su curiosidad lo mantuvo desvelado durante unas horas, intentando averiguar qué podría contener aquel tesoro escondido en medio de la isla, qué podría ofrecerle ¿riqueza, lujo, autoridad?  Ante tantas preguntas sin respuesta decidió preparar una expedición en busca de ese tesoro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">A primera hora de la mañana, cuando todavía no había cantado el primer gallo y los borrachos que todavía se mantenían en pie seguían cantando a pleno pulmón, Jack salió de su habitación con las botas en una mano y una bolsa con una cantimplora y algo de comer en la otra.  Se deslizó por la barandilla de la escalera para no hacer ruido al bajar y salió del edificio cerrando la puerta tras de sí.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">A los pocos minutos Jack se encontraba andando por la jungla, donde sólo se podía escuchar el ruido de aquellos animales que le acechaban como posible desayuno y los que salían huyendo por considerarse el desayuno de alguno de los depredadores más madrugadores de aquel entorno salvaje.  Los ojos de Jack se iban fijando en todos los detalles de su alrededor, intentando no perder detalle alguno, ya que la pérdida de información le podría llevar por el camino equivocado.  Cada cierto tiempo Jack se paraba, miraba el entorno en el que se encontraba, intentaba localizar alguna referencia y se ubicaba en el mapa.  Una vez conocida su situación se ponía de nuevo en marcha.  Así estuvo durante varias horas, torciendo aquí, girándose allá, cruzando un río o  pasando por debajo de una cascada, hasta que por fin llegó a lo que parecía ser el lugar con la gran equis en su mapa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Aquella cueva, horadada en la ladera de la montaña y cubierta por vegetación de todo tipo, parecía un clásico de los relatos que durante tantos años había escuchado a sus compañeros de fatigas en los bares mientras se tomaban alguna jarra de cerveza.  Pero en este caso parecía como si en aquel lugar pudiera haber algo que le estaba esperando.  Buscó un palo seco, y con un trozo de tela y un poco de güisqui que casualmente quedaba en la petaca de su bolsillo trasero, se hizo una antorcha.  Antes de entrar miró a su alrededor, para confirmar que nadie le había seguido, o tal vez para ver por última vez la luz del día y aquel paisaje tan maravilloso.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Después de unos cientos de metros buscando algún indicio de que en aquel agujero húmedo y oscuro había algo más que telas de araña y algún otro murciélago intentando no ser molestado, Jack vio un cofre.  Se acercó a él.  Dejó la antorcha entre dos piedras para que iluminara la zona y abrió aquel cofre.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">En muchas ocasiones el comienzo de una relación es como un viaje en busca de un tesoro.  No sabemos muy bien cuáles son los peligros con los que nos podemos encontrar por el camino, ni el tiempo que nos llevará llegar hasta el preciado tesoro, ni lo que nos encontraremos una vez alcanzado el objetivo, ni siquiera lo que nos podrá ofrecer ese cofre lleno de monedas, pero aún así, en la mayoría de los casos, nuestro afán por saciar nuestra sed de curiosidad, nuestra ansia por conocer a la otra persona un poco más, hace que nos embarquemos en una nueva aventura.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Y sólo nosotros podemos decir si lo que nos hemos encontrado al abrir el cofre es valioso o no, si nos aporta algo o no.  En cualquier caso, es posible que la aventura por la que acabamos de pasar nos sirva como experiencia para mejorar aquellas habilidades necesarias para descubrir a otra persona.</span></p>
<div class="tweetthis" style="text-align:left;"><p> <a class="tt" href="http://twitter.com/home/?status=El+cofre+del+tesoro+http%3A%2F%2Fwww.mycoach.es%2F2012%2F02%2F24%2Fel-cofre-del-tesoro%2F" title="Envialo a Twitter"><img class="nothumb" src="http://www.mycoach.es/wp-content/plugins/tweet-this/icons/en/twitter/tt-twitter.png" alt="Post to Twitter" /></a> <a class="tt" href="http://twitter.com/home/?status=El+cofre+del+tesoro+http%3A%2F%2Fwww.mycoach.es%2F2012%2F02%2F24%2Fel-cofre-del-tesoro%2F" title="Envialo a Twitter">Tweet este articulo</a></p></div>]]></content:encoded>
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		<title>El príncipe aburrido</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Jan 2012 07:00:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Maria Garteiz</dc:creator>
				<category><![CDATA[coaching personal]]></category>
		<category><![CDATA[buscar pareja]]></category>
		<category><![CDATA[hombre perfecto]]></category>
		<category><![CDATA[mujer perfecta]]></category>
		<category><![CDATA[principe azul]]></category>
		<category><![CDATA[valores personales]]></category>

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		<description><![CDATA[Ana era una chica moderna.  Tenía un trabajo que la permitía pagar la hipoteca de su apartamento de sesenta metros cuadrados, su pequeño coche y algún que otro viaje durante las vacaciones con sus amigas del colegio.  Era una mujer económicamente independiente.  Como casi todas las chicas de su edad, Ana no tenía una pareja [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Ana era una chica moderna.  Tenía un trabajo que la permitía pagar la hipoteca de su apartamento de sesenta metros cuadrados, su pequeño coche y algún que otro viaje durante las vacaciones con sus amigas del colegio.  Era una <a title="Solteros de plata" href="http://www.mycoach.es/2009/12/25/solteros-de-plata/" target="_blank">mujer económicamente independiente</a>.  Como casi todas las chicas de su edad, Ana no tenía una pareja estable.  Según ella todavía era demasiado joven para juntarse con un hombre por el mero hecho de “estar con alguien”.  Era de las que pensaba que era mejor estar sola que mal acompañada, por lo que había optado por la primera opción.  Además, su físico y su inteligencia la permitían poder mantener relaciones cuando ella quisiera.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Las personas que conocían a Ana aseguraban que la razón por la que Ana seguía sola no era otra que el no haber encontrado al <a title="El hombre perfecto" href="http://www.mycoach.es/2008/09/21/el-hombre-perfecto/" target="_blank">hombre perfecto</a>.  Todos sus amigos afirmaban que estaba buscando a su <a title="La imperfección perfecta" href="http://www.mycoach.es/2008/12/02/la-imperfeccion-perfecta/" target="_blank">príncipe azul</a>, y ella, obviamente, lo negaba rotundamente.  Sin embargo, en alguna que otra ocasión, se la había escuchado decir que a ella le gustaban los hombres altos.  De un metro ochenta en adelante.  Fuertes, pero no tanto que sus músculos impidiesen el riego cerebral.  Con ojos claros y pelo ondulado.  Con una sonrisa que tus piernas temblaran al verla.  Y con una voz masculina que tu alma se estremeciera al escucharla.  Sus amigos comentaban que si esto no era un hombre perfecto, le faltaba poco.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Un día, mientras comía una ensalada en la escasa hora que tenía para almorzar, un chico se acercó a ella y con voz profunda le preguntó por la ensalada que estaba tomando.  Ella levantó la mirada y vio a un chico de unos treinta y cinco años sonriéndola.  Al principio titubeó un poco.  No se lo podía creer, era el chico que durante tantos meses había admirado en secreto desde aquella misma mesa del restaurante.  Ana le dijo que era la ensalada de tres lechugas, la que venía con escarola y salsa italiana.  El chico la dio las gracias y, antes de irse, la dijo: “Por cierto, soy Jorge ¿quieres que tomemos algo esta tarde después de salir del trabajo?”.  La respuesta estaba clara.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Esa misma tarde se volvieron a ver.  Jorge y Ana dieron un paseo por el parque, se tomaron una cerveza en una de las terrazas del viejo bulevar, y charlaron de esto y de lo de más allá.  Al final de la tarde Jorge escoltó a Ana a su casa.  Allí, al pie de la puerta, Jorge se despidió de ella con un beso en los labios.  Ana abrió la puerta y entró en su casa, mientras Jorge bajaba las escaleras para seguir su camino calle abajo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Una vez en su casa Ana recordó en su cabeza todo lo que habían hecho Jorge y ella durante aquella tarde, lo que habían comido, de lo que habían hablado, etc.  Jorge era su caballero andante, <a title="Busco pareja" href="http://www.mycoach.es/2008/09/03/busco-pareja/" target="_blank">lo que había buscado</a> durante tanto tiempo.  Sin embargo, a Jorge le faltaba algo, chispa.  Si, si, el beso no había estado mal, y fue toda una sorpresa, pero aún así la tarde había sido un tanto aburrida.  Ella quería más, quería a alguien que la despertara de su letargo invernal, a alguien con   quien poder echar unas risas y con quien disfrutar de la vida.  Jorge era sólo un bonito envoltorio sin apenas contenido.  Con Jorge se había aburrido.  Era un príncipe aburrido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Las personas buscamos un prototipo de hombre o mujer con el que compartir nuestras vidas.  Este prototipo de persona puede estar basado en unos cánones físicos determinados, por lo que en ocasiones buscamos más un paquete bonito que un contenido que cubra las necesidades que tenemos.  Y así, al final del día, nos sentimos decepcionados con nuestra elección.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Los <a title="Valores personales" href="http://www.mycoach.es/2010/10/20/valores-personales/" target="_blank">valores personales</a> son algo a tener presente cuando decidimos iniciar una relación con otra persona.  Las <a title="¿Qué busco ahora?" href="http://www.mycoach.es/2009/12/29/%C2%BFque-busco-ahora/" target="_blank">personas buscamos</a> unos valores en nuestra pareja, al igual que podemos ofrecer otros que ella no tiene.  Las personas con las que nos relacionamos nos aportan cosas, aunque inicialmente no las veamos.  Y son estas cosas las que en muchas ocasiones hacen que nos enamoremos de la persona, y no sólo de su apariencia física.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Al igual que <a title="Cenicienta tiene coach" href="http://www.mycoach.es/2009/01/30/cenicienta-tiene-coach/" target="_blank">Blancanieves</a>, algunas personas estamos inmersas en un sueño del que queremos que nos despierten, pero que lo haga un <a title="El arte de seducir" href="http://www.mycoach.es/2008/09/22/el-arte-de-seducir/" target="_blank">príncipe divertido</a>, con un <a title="Chicos malos" href="http://www.mycoach.es/2010/07/23/chicos-malos/" target="_blank">poco de chispa</a> y sangre en las venas.</span></p>
<div class="tweetthis" style="text-align:left;"><p> <a class="tt" href="http://twitter.com/home/?status=El+pr%C3%ADncipe+aburrido+http%3A%2F%2Fwww.mycoach.es%2F2012%2F01%2F23%2Fel-principe-aburrido%2F" title="Envialo a Twitter"><img class="nothumb" src="http://www.mycoach.es/wp-content/plugins/tweet-this/icons/en/twitter/tt-twitter.png" alt="Post to Twitter" /></a> <a class="tt" href="http://twitter.com/home/?status=El+pr%C3%ADncipe+aburrido+http%3A%2F%2Fwww.mycoach.es%2F2012%2F01%2F23%2Fel-principe-aburrido%2F" title="Envialo a Twitter">Tweet este articulo</a></p></div>]]></content:encoded>
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		<title>El vendedor más grande</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Jan 2012 07:00:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Maria Garteiz</dc:creator>
				<category><![CDATA[coaching personal]]></category>
		<category><![CDATA[confianza]]></category>
		<category><![CDATA[frustracion]]></category>
		<category><![CDATA[proceso cambio]]></category>
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		<description><![CDATA[Alex era un gran agente comercial. Aún metido de lleno en una crisis económica, Alex había conseguido alcanzar los objetivos comerciales marcados por la empresa. Y no sólo los había alcanzado, sino que los había superado en varios puntos. Este hecho agradó sobremanera a sus superiores, quienes durante el último año habían seguido muy de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Alex era un gran agente comercial.  Aún metido de lleno en una crisis económica, Alex había conseguido alcanzar los objetivos comerciales marcados por la empresa.  Y no sólo los había alcanzado, sino que los había superado en varios puntos.  Este hecho agradó sobremanera a sus superiores, quienes durante el último año habían seguido muy de cerca su desarrollo dentro de la empresa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Alex no sólo era un gran agente comercial por haber superado la marca impuesta por la empresa hacía doce meses, sino porque además tenía unas cualidades dignas de un buen profesional de su sector.  Era el primero en introducir cualquier producto nuevo en su cartera y ofrecérselo a sus clientes.  Tenía un trato cordial y afable con sus clientes, lo cual le permitía generar confianza rápidamente con ellos.  En definitiva, sus clientes lo adoraban.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Un día Alex se topó con un cliente que a priori no quería nada con él.  Alex, como buen comercial, no se derrumbó, sino que investigó qué podía querer aquel cliente.  Durante semanas lo estuvo persiguiendo para averiguar sus necesidades, sus intereses, sus gustos.  El detalle más ínfimo durante una conversación cruzada podía ser una buena pista para averiguar algo más sobre esa persona y cómo poder acercarse un poco más a ella.  Su propósito final, cerrar una venta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Mientras tanto Alex seguía con su trabajo normal.  Seguía viajando por todo el país visitando puntualmente a sus clientes más fieles para mostrarles los nuevos productos.  Los ponía sobre la mesa y los desmontaba con tremenda facilidad, al tiempo que iba explicando cada pieza que dejaba sobre la mesa.  Una vez montado el aparato de nuevo, le buscaba alguna utilidad práctica para la empresa en cuestión y, en menos de dos horas y media, ya tenía un nuevo pedido sobre la mesa de Compras. El recibir pedidos de sus clientes estaba muy bien, pero Alex seguía con los ojos puestos en el nuevo cliente que apenas le había hecho caso.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Después de varios meses persiguiendo a ese cliente tan complicado, éste le llamó a Alex para concertar una reunión.  Alex aceptó de inmediato.  Su alegría era tal que si no llega a ser porque iba conduciendo su coche de empresa, hubiera invitado a toda la oficina a una cerveza en aquel preciso instante.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">A los pocos días Alex se acercó a hablar con el Director de Compras de aquella empresa.  Alex le estuvo enseñando al Director, a su ayudante y a un par de personas que no sabía muy bien de dónde procedían, los últimos artículos que su empresa había fabricado y que a ellos les podrían venir muy bien para mejorar la productividad de sus fábricas.  Después de tres horas de reunión, el Directo se levantó de la silla y aceptó lanzar un pedido con Alex.  Para empezar el pedido sería de mil euros.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Aunque el pedido era diez veces inferior al pedido más pequeño que cualquiera de sus otros clientes podía hacer, Alex se sentía feliz.  Había conseguido, después de tanto trabajo, vender algo a esta empresa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Algunos individuos ponen demasiado énfasis en perseguir a personas que les dan largas, que les dicen que no una y otra vez, hasta que al final deciden comprarles algo o incluso salir con ellos a tomar un café.  Parece que cuanto más complicado sea el reto mayor satisfacción personal saca la persona de ese encuentro o compra, por corta que sea una y ridícula que sea la otra.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Sin embargo, cuando una persona tiene confianza en nosotros para comprarnos sin tener que perseguirla, o nos llama para quedar a tomar algo, a esta persona la tratamos de forma diferente a la anterior.  A esta persona no la tenemos que ganar, por lo que no tenemos que esforzarnos para gustarla, para que nos quiera.  Incluso a veces podemos percibirla como agobiante y que nos podía dar un poco de espacio.  El que esta persona nos compre o nos invite a tomar algo no supone ninguna satisfacción para nosotros.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">A algunas personas les gusta el reto, el conseguir lo que parece imposible, sin tener presente que el tiempo que han invertido en esa persona no tiene el retorno económico o emocional que puede suponer otra persona con la que ya tiene una colaboración y confianza desde hace largo tiempo.  Aún así siguen enganchados en esa necesidad de conseguir algo que no tiene futuro.</span></p>
<div class="tweetthis" style="text-align:left;"><p> <a class="tt" href="http://twitter.com/home/?status=El+vendedor+m%C3%A1s+grande+http%3A%2F%2Fwww.mycoach.es%2F2012%2F01%2F16%2Fel-vendedor-mas-grande%2F" title="Envialo a Twitter"><img class="nothumb" src="http://www.mycoach.es/wp-content/plugins/tweet-this/icons/en/twitter/tt-twitter.png" alt="Post to Twitter" /></a> <a class="tt" href="http://twitter.com/home/?status=El+vendedor+m%C3%A1s+grande+http%3A%2F%2Fwww.mycoach.es%2F2012%2F01%2F16%2Fel-vendedor-mas-grande%2F" title="Envialo a Twitter">Tweet este articulo</a></p></div>]]></content:encoded>
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		<title>El espejo mágico</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Dec 2011 06:00:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Maria Garteiz</dc:creator>
				<category><![CDATA[coaching personal]]></category>
		<category><![CDATA[cambiar comportamientos]]></category>
		<category><![CDATA[imitar comportamiento]]></category>
		<category><![CDATA[modificar comportamientos]]></category>

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		<description><![CDATA[ ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">María estaba cenando cuando escuchó un ruido en su habitación.  Dejó sobre la mesa los cubiertos y la servilleta y se levantó de su silla.  Con sigilo y cierta cautela se acercó a su habitación, desde donde seguían saliendo ruidos extraños.  Al llegar a la puerta de su dormitorio se paró y se quedó escuchando durante unos segundos antes de empujar la puerta con su mano para abrirla.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Bajo la tenue luz de la noche María pudo ver cómo las cortinas se movían por el efecto del viento entrando por la ventana.  En el suelo había una vasija rota y un marco de fotos.  Al seguir buscando indicios de lo que había ocurrido observó una figura en la esquina opuesta a donde ella se encontraba.  María dio un salto fuera de la habitación, y la silueta hizo lo mismo, como queriendo esconderse de ella.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">María llevó su mano hacia el interruptor de la luz, giró el interruptor y saltó dentro de la habitación dando un rugido &#8211; más propio de bestias salvajes que de Licenciadas en Ciencias Económicas &#8211; con el ánimo de espantar al intruso que había optado por entrar en su casa.  Para su sorpresa, el intruso se encaró con ella haciendo los mismos gestos, pero sin el griterío adicional, tal vez porque sus gritos enmudecieran a su adversario.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Al entreabrir sus ojos para ver qué estaba pasando realmente, María se encontró frente a ella con una mujer de pelos cardados, con una bata a cuadros, unas zapatillas de andar por casa a juego con la bata, calcetines de deporte caídos sobre los tobillos y un esquijama blanco con dibujos muy similares a uno que ella tenía guardado en su armario.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">No tardó mucho en reconocer que aquella persona que se encontraba frente a ella no era otra cosa que su propio reflejo en el espejo de cuerpo entero que acababa de comprar aquella misma tarde en una tienda del centro.  Recogió del suelo la vasija rota y el marco de fotos, dejándolos de nuevo sobre la cómoda.  Cerró la ventana y se giró hacia el espejo.  Se miró de arriba a abajo.  Al ver las pintas que llevaba no pudo más que reírse de ella misma.  Su reflejo también se rió.  Ambas se quedaron una frente a la otra durante un buen rato mientras la casa se llenaba de carcajadas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Las personas son como espejos: reflejan nuestros comportamientos.  Si nos acercamos a una persona con una sonrisa en la cara, es muy probable que nos deleite con otra sonrisa.  Si mantenemos una conversación afable y donde se respetan las opiniones de nuestro interlocutor, es posible que recibamos el mismo respeto y afabilidad como recompensa.  Sin embargo, si nuestro comportamiento es agresivo y nos acercamos a alguien agitando los brazos, lo más probable es que la otra persona también responda con algún aspaviento.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Si tenemos presente que nuestras actitudes pueden reflejarse en la otra persona, entonces seremos capaces de modificar nuestros comportamientos negativos cuando los detectemos en la otra persona.  De igual manera podremos ser capaces de cambiar la actitud negativa de la otra persona si nosotros mantenemos una actitud positiva y dialogante.  De ahí el dicho “<em>dos no discuten si uno no quiere</em>”.  No sólo no discuten, sino que uno de ellos puede llevar al otro a tener un comportamiento más positivo y alegre.</span></p>
<div class="tweetthis" style="text-align:left;"><p> <a class="tt" href="http://twitter.com/home/?status=El+espejo+m%C3%A1gico+http%3A%2F%2Fwww.mycoach.es%2F2011%2F12%2F23%2Fel-espejo-magico%2F" title="Envialo a Twitter"><img class="nothumb" src="http://www.mycoach.es/wp-content/plugins/tweet-this/icons/en/twitter/tt-twitter.png" alt="Post to Twitter" /></a> <a class="tt" href="http://twitter.com/home/?status=El+espejo+m%C3%A1gico+http%3A%2F%2Fwww.mycoach.es%2F2011%2F12%2F23%2Fel-espejo-magico%2F" title="Envialo a Twitter">Tweet este articulo</a></p></div>]]></content:encoded>
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		<title>Déjà vu</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Dec 2011 06:00:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Maria Garteiz</dc:creator>
				<category><![CDATA[coaching personal]]></category>
		<category><![CDATA[cambiar comportamientos]]></category>
		<category><![CDATA[consciencia realidad]]></category>
		<category><![CDATA[definir objetivos]]></category>
		<category><![CDATA[deja vu]]></category>
		<category><![CDATA[enganche emocional]]></category>
		<category><![CDATA[ser feliz]]></category>

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		<description><![CDATA[El desengancharnos de las cosas que no son buenas para nosotros es fundamental para conseguir nuestra felicidad.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">El despertador sonó a las 7:00 horas.  Fran lo apagó de un manotazo y con gran pereza irguió su cuerpo sobre la cama.  Se levantó y entró en el baño para afeitarse y tomar una ducha matinal.  Se vistió y fue a la cocina, donde se preparó un desayuno compuesto de zumo de naranja, café con leche, tostadas, algo de fruta y unos cereales.  Mientras ingería su primera comida del día aprovechó para hojear el periódico que minutos antes le había dejado delante de su puerta el repartidor.  A las 7:45 horas cogió su abrigo y salió de casa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Al salir del edificio saludo al portero que estaba limpiando los cristales de la puerta de entrada.  Giró a la derecha, subió la calle y entró en la boca del metro.  Pasó el billete por el torno y bajó las escaleras hasta el andén.  Espero unos minutos a la llegada del tren y se subió en el tercer vagón.  Al llegar a su parada salió del vagón, subió las escaleras mecánicas hasta la superficie y anduvo durante 100 metros hasta su trabajo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">El día tuvo sus altibajos.  Discusiones con algún cliente que se quejaba porque no le había llegado la mercancía a tiempo; altercados con algunos empleados por el exceso de trabajo que tenían que soportar desde hacía unos meses; planificación de las tareas a realizar para la próxima semana; revisión de las propuestas para los nuevos clientes, etc.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Al finalizar su jornada laboral, Fran volvió a montarse en el vagón del tren y que le llevaría hasta la estación de metro más cercana a su casa.  Al llegar a su morada se descalzó, se quitó la corbata y la camisa y se tumbó en el sofá a leer un libro mientras esperaba a su amigo Pedro que le recogería minutos más tarde para salir a correr por el parque.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Después de correr unos kilómetros entre árboles, pájaros y alguna que otra ardilla, Fran volvió a su casa para relajarse bajo la ducha, terminada la cual se puso el pijama y se preparó una cena ligera.  Al terminar se sentó en la butaca del salón mientras encendía el televisor para ver la película del día.  Al concluir la película Fran apagó el televisor y se acostó en su cama para gozar de un sueño reparador.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">El despertador sonó a las 7:00 horas.  Fran lo apagó de un manotazo y con gran pereza irguió su cuerpo sobre la cama.  Se levantó y entró en el baño para afeitarse y tomar una ducha matinal.  Se vistió y fue a la cocina, donde se preparó un desayuno compuesto de zumo de naranja, café con leche, tostadas, algo de fruta y unos cereales.  Mientras ingería su primera comida del día aprovechó para hojear el periódico que minutos antes le había dejado delante de su puerta el repartidor.  Las noticias que aparecían en primera página eran idénticas a las del día anterior, pero curiosamente el periódico de ayer no estaba por ningún sitio.  A las 7:45 horas cogió su abrigo y salió de casa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Al salir del edificio saludo al portero que estaba limpiando los cristales de la puerta de entrada.     Antes de girar a la derecha como hacía todos los días, esta vez se dio media vuelta para echar otra mirada al portero.  Las manchas que estaba quitando eran las mismas del día anterior.  Subió la calle, y la gente con la que se encontró era la misma con la que se había encontrado veinticuatro horas antes.  Bajó al andén y se metió en el tercer vagón.  La gente que estaba allí apiñada era la misma que la última vez.  Al llegar a su parada salió del vagón y subió por las escaleras mecánicas hasta la superficie.  Las personas que subían y bajaban aquellas escaleras eran las mismas que hacía unas horas.  Es más, la ropa y peinados que llevaban eran idénticos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Al llegar a su trabajo se encontró con los mismos problemas que el día anterior y tuvo que realizar  las mismas tareas.  Las conversaciones, la comida, las llamadas que recibió, todo se repetía.  Parecía que nada había cambiado.  En su camino de vuelta a casa le ocurrió lo mismo, se encontró con las mismas personas, mantuvo las mismas conversaciones, corrió por los mismos caminos, y charló de los mismos temas con su amigo Pedro.  Al llegar a casa y encender la televisión pudo ver de nuevo la misma película que la noche anterior.  ¿Qué estaba ocurriendo?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">En algunas ocasiones nuestra vida es tan rutinaria que nada parece cambiar.  Mantenemos las mismas conversaciones con las mismas personas; hacemos el mismo trabajo día a día y, aunque de vez en cuando hacemos algo que pueda modificar nuestra realidad, esta se mantiene casi inamovible a nuestros ojos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Para cambiar esta realidad, en ocasiones optamos por alejarnos físicamente de aquellas personas que nos molestan, que nos agobian o que no nos permiten ser felices.  Este alejamiento es un primer paso para romper con nuestros enganches.  Sin embargo, estos lazos afectivos pueden ser algo más complicados de romper que lo que parece a simple vista.  Es por ello que en ocasiones, y aunque parezca que las cosas han podido cambiar, desde la perspectiva del observador nada haya cambiado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Es entonces cuando hay que dar ese salto e intentar buscar aquellas herramientas que me permitirán alcanzar mis objetivos de felicidad total, para lo cual debo desengancharme de aquellas cosas que me están hundiendo.  Esto es algo que inicialmente puede resultar complicado de entender y mucho más de llevar a cabo, pero que al final del día puede tener grandes beneficios para la persona.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">El desengancharnos de las cosas que no son buenas para nosotros es fundamental para conseguir nuestra felicidad.</span></p>
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		<title>Muros de piedra</title>
		<link>http://www.mycoach.es/2011/11/24/muros-de-piedra/</link>
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		<pubDate>Thu, 24 Nov 2011 06:00:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Maria Garteiz</dc:creator>
				<category><![CDATA[coaching personal]]></category>
		<category><![CDATA[creencias limitantes]]></category>
		<category><![CDATA[miedos irracionales]]></category>
		<category><![CDATA[modificar comportamientos]]></category>
		<category><![CDATA[muros]]></category>
		<category><![CDATA[pensamiento sistemico]]></category>
		<category><![CDATA[ser feliz]]></category>

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		<description><![CDATA[Ricardo llevaba años trabajando como constructor. Su especialidad eran los muros. Había construido muros de todos los tamaños, desde los más pequeños que separaban fincas colindantes, hasta los más grandes que podían contener millones de litros de agua de lluvia almacenada en un embalse. Tal era su especialización y pasión por levantar muros que en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Ricardo llevaba años trabajando como constructor.  Su especialidad eran los muros.  Había construido muros de todos los tamaños, desde los más pequeños que separaban fincas colindantes, hasta los más grandes que podían contener millones de litros de agua de lluvia almacenada en un embalse.  Tal era su especialización y pasión por levantar muros que en su propio jardín había alzado más de uno.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">La primera vez que levantó un muro en su jardín se preguntó “<em>¿Qué tiene de raro que levante un pequeño muro para que no entren en mi propiedad los animales?” </em>Su respuesta fue &#8220;<em>Nada</em>&#8220;.  Y construyó el muro.  Con el aumento de la inseguridad ciudadana se volvió a preguntar “<em>¿Qué hay de malo si levanto otro muro para protegerme de los saboteadores?</em>”  La respuesta volvió a ser &#8220;<em>Nada</em>&#8220;.  Así que levantó otro muro.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Con el paso del tiempo, lo que empezó como algo normal y razonable se convirtió en casi una obsesión inconsciente.  Su jardín había dejado de tener árboles y flores para tener cantos por todas partes.  Los muros que se erigían en aquel jardín eran de todos los tamaños y formas.  La entrada a su casa ya no era una entrada de simple acceso, sino que parecía más un laberinto difícilmente franqueable.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Un día estaba mirando su obra desde la ventana de su habitación cuando en la entrada de su casa se paró una mujer.  Ricardo la contempló absorto.  Aquella mujer no paraba de ir de un lado a otro del muro.  Parecía que estuviera contando los metros que tenía la primera pared de piedra.  No dejaba de tocar las piedras, como si quisiera saber de qué tipo eran.  La curiosidad y belleza de aquella mujer llamó la atención de Ricardo, quien rápidamente bajó a la calle para conocerla personalmente.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Al llegar al jardín se encontró con un gran muro que impedía su paso hacia la entrada donde se encontraba la mujer.  Corrió hacia un lado para buscar una salida, pero no la encontró.  Se apresuró hacia el otro lado en busca de alguna abertura en el muro que le permitiera salir de aquella prisión que él mismo se había creado en vida, pero nada.  Aquellos muros eran infranqueables, por algo los había levantado el mejor constructor de muros del mundo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">En ocasiones las personas construimos muros para protegernos de las amenazas que nos llegan del exterior.  Queremos estar a salvo de aquello que ya nos ha hecho daño en el pasado, o que nos han dicho que nos puede hacer daño en un futuro cercano si no tenemos cuidado con ello.  Así nos podemos proteger de amigos, familiares, relaciones íntimas o de trabajo, o cualquier otra relación que pueda hacernos sufrir.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Aunque nos protejamos, siempre nos queda la esperanza de encontrar a alguien diferente a la norma que ha hecho que levantemos esos enormes muros.  Una persona que con sólo mirarla haga que se tambaleen los cimientos de nuestra obra civil.  Y nada más lejos de la realidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Los muros que nosotros hemos creado para protegernos no podrán ser derrumbados a menos que nosotros los comencemos a derruir.  Y no es sencillo destruir esas obras de ingeniería que tantos años nos ha costado crear, por lo que debemos empezar ahora, poco a poco, a derribarlos.  De esta forma, el día que aparezca la persona con la que queramos compartir nuestra vida, no nos quedaremos atrapados dentro de esa prisión a medida que nos hemos construido y podremos seguir con nuestra vida adelante sin perder más oportunidades.<br />
</span></p>
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		<title>El tiovivo</title>
		<link>http://www.mycoach.es/2011/10/31/el-tiovivo/</link>
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		<pubDate>Mon, 31 Oct 2011 06:00:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Maria Garteiz</dc:creator>
				<category><![CDATA[coaching personal]]></category>
		<category><![CDATA[bucle infinito]]></category>
		<category><![CDATA[consciencia]]></category>
		<category><![CDATA[conseguir objetivos]]></category>
		<category><![CDATA[pensamiento sistemico]]></category>
		<category><![CDATA[romper pensamientos]]></category>
		<category><![CDATA[solucionar problemas]]></category>

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		<description><![CDATA[Mario estaba entusiasmado de estar allí. El entorno que le rodeaba era totalmente nuevo para él, desde los personajes que por allí se movían con toda soltura hasta los olores que se mezclaban en el aire y que llegaban a su pequeña nariz. Todo a su alrededor se movía a una velocidad endemoniada, y aquel [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Mario estaba entusiasmado de estar allí.  <a title="El entorno" href="http://www.mycoach.es/2009/02/08/entorno/" target="_blank">El entorno</a> que le rodeaba era totalmente nuevo para él, desde los personajes que por allí se movían con toda soltura hasta los olores que se mezclaban en el aire y que llegaban a su pequeña nariz.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Todo a su alrededor se movía a una velocidad endemoniada, y aquel ruido, mezcla de los cánticos asíncronos de aquellas figuras lúgubres que saltaban delante de ti para llamar tu atención y la música de las diferentes atracciones, hacía que en su foro interno naciera ese deseo de salir corriendo de aquel lugar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Sin embargo, su curiosidad por lo nuevo era mayor que el <a title="Miedos irracionales" href="http://www.mycoach.es/2009/12/21/miedos-irracionales/" target="_blank">miedo</a> que lo paralizaba, el cual sólo se podía observar si uno prestaba atención a su pequeña mano derecha.  Era entonces cuando uno percibía el temor que tenía aquel diablillo a través de la arruga que su mano dejaba en el pantalón de su padre. Pero tal vez fueran sus ganas de merodear por allí, y la enorme bola de algodón rosa que sujetaba con su otra mano y de vez en cuando se acercaba a la boca, lo que evitaba que saliera escopetado de aquel lugar infernal.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">De pronto soltó la mano del pantalón de su padre.  Se paró.  Abrió la boca.  Mordió aquella enorme bola de algodón rosa.  Y mientras tragaba atropelladamente lo que se había metido a la boca apuntaba con su diminuto dedo índice hacia aquellos caballos que daban vueltas y vueltas mientras subían y bajaban.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Su padre lo subió a uno de aquellos equinos inertes.  Le quitó la bola de algodón de su mano e hizo que sujetara aquella barra dorada con ambas manos.  Sonaron las campanillas y la atracción dio comienzo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">El caballo de Mario, al igual que el del resto de niños que habían subido al tiovivo, comenzó a subir y bajar al tiempo que se movía con el resto de la manada en un círculo perfecto.  Al finalizar la primera vuelta Mario pudo ver cómo su padre le saludaba con una mano mientras con la otra sujetaba su bola de algodón.  Se lo estaba pasando genial y no quería bajarse de allí.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Al concluir la segunda vuelta su padre le sonrió y se llevó un bocado de su bola de algodón.  Él se lo seguía pasando muy bien subiendo y bajando, persiguiendo a sus compañeros.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">En el tercer giro su padre ya no estaba donde se suponía que debía estar.  Había desaparecido.  Mario giró la cabeza y vio que se encontraba en el puesto de salchichas comprando un perrito caliente.  Ya no se lo estaba pasando tan bien.  Además de no conseguir alcanzar a los caballos que tenía delante su padre estaba haciendo su vida, se había olvidado de él.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">El resto de vueltas hasta el final fueron casi un suplicio para el pobre Mario, quien quería salir de allí pero no sabía cómo.  Cada vuelta que pasaba su enfado era mayor y mayor.  Aquella atracción ya no tenía nada de divertida.  ¿Y por qué?  Puede que fuera porque las personas que no habían subido seguían haciendo su vida, como si nada hubiera pasado.  Puede que se sintiera solo al ver a otros niños acompañados de sus padres.  O puede que fuera porque algunos padres no se habían movido de su sitio mientras sus vástagos daban vueltas y vueltas en aquella atracción sin fin.  La cuestión es que a él no le gustaba porque no podía hacer nada, sólo dar vueltas y vueltas sobre el mismo eje, sin conseguir alcanzar a los que tenía delante y mientras veía que el mundo a su alrededor seguía avanzando en línea recta y no en círculos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">En ocasiones las personas entramos en un bucle que no nos permite avanzar en línea recta, que nos agota física y mentalmente.  Un bucle del que difícilmente sabemos cómo salir porque ni siquiera sabemos que hemos entrado en él.  El coach nos puede ayudar a darnos cuenta de que hay momentos en los que entramos en ese tiovivo que no nos permite llegar a ningún lugar y que lo único que hace es que nos perdamos la vida que sigue a nuestro alrededor.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 8pt; font-family: Verdana;">Una vez somos conscientes de que entramos en ese bucle debemos comenzar a romperlo para así comenzar a crear un pensamiento rectilíneo que nos permita alcanzar nuestros objetivos en un tiempo determinado, y no como hasta ahora, donde no había objetivo, sino un pensamiento cíclico que me hacía llegar una y otra vez al mismo sitio sin solucionar nada.</span></p>
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