Artículos etiquetados ‘relacion pareja’
El teléfono del pánico
Lunes, 13 junio, 2011
El anfitrión me abrió la puerta. Me saludó e invitó a entrar. Por el pasillo que llevaba al salón me indicó que algunos de los invitados ya habían llegado. Según nos acercábamos a la puerta del salón pude observar que se habían creado varios grupos de personas, la mayoría de las cuales sujetaban una copa con una mano mientras con la otra gesticulaban para dar mayor énfasis a sus conversaciones.
Al pasar a la habitación, el invitador llamó la atención de los presentes e hizo que se percataran de mi presencia. Aquellos a quienes ya conocía de antes levantaron la mano, me lanzaron una sonrisa y un guiño de complicidad para que supiera que habían percibido mi presencia y que luego hablaríamos. Al resto me los fueron presentando uno a uno, como establecen los cánones de buena conducta en sociedad, aunque curiosamente, a ella, me la presentó en último lugar.
La calidez de su mirada y su sonrisa me llamaron la atención nada más girar mi cabeza hacia donde ella se encontraba. Los dos besos de rigor dieron paso a una breve conversación sobre la comida que habían comenzado a picar mientras esperaban al resto de los asistentes. “Los nachos están fantásticos, pruébalos ahora que el queso fundido todavía está caliente” – comentó mientras sus dedos pinzaban un par de triángulos y los intentaba alejar del plato sin que aquel hilo de queso cayera sobre la mesa o el suelo.
Aunque me hubiera gustado seguir con esa charla unos minutos más, una mano agarró mi brazo y me llevó tambaleándome a otro grupo mientras decía: “Hace mucho tiempo que no te vemos ¿qué es de tu vida? ¡Actualízanos!”. Las reglas de cortesía evitaron que dijera algo así como “Pues mira, me acabas de fastidiar una velada increíble con una persona que ha llamado mi atención”, así que les puse al día de lo que había hecho durante los últimos meses.
El resto de la velada fue un ir y venir de personas y conversaciones. Aunque todo aquello parecía un verdadero desbarajuste, en un par de ocasiones tuve la oportunidad de coincidir con aquella mujer en alguno de los grupos que se creaban y destruían en cuestión de minutos. Su conversación afable también llamó mi atención, tanto que no me hubiera importado seguir hablando con ella durante horas. Sin embargo, la velada pareció llegar a su fin cuando ella tuvo que despedirse de manera precipitada porque se tenía que ir con la persona que la había traído en coche. Mi falta de reflejos, o mis miedos, evitaron que le pidiera el teléfono antes de que saliera por la puerta de la casa. ¡Mierda! ¿Cómo me pongo en contacto con ella ahora?
Obviamente una persona tiene recursos para, una vez perdida la primera oportunidad, hacerse con la información necesaria para ponerse en contacto con esa persona de una u otra forma. Claro está que para ello deberá involucrar a terceras personas que pueden, o no, cederle esa información.
Aún así, lo importante en este caso sería saber cuántas veces nos hemos quedado sin saber un teléfono o un correo electrónico por no haberlo pedido en el momento adecuado. O, en el caso de que nos lo hayan pedido, no haberlo dado para que nos pueda llamar la otra persona.
Los miedos existen tanto en el lado del hombre como en el de la mujer. En el lado del que pide la información porque se está descubriendo. Está mostrando a la otra persona su interés por ella. Es un momento de vulnerabilidad, en especial si realmente existe una atracción por la otra persona. El recibir un “No” por respuesta puede suponer un jarro de agua fría, aunque si no hay un interés real por la otra persona nos da un poco igual lo que pueda decir, lo tomamos más como un juego de coqueteo.
De igual manera, el dar el número de teléfono puede suponer para la mujer algo similar. Al dar ese dato con el que la otra persona se podrá poner de nuevo en contacto conmigo muestro mi interés por él, indico en cierta medida que quiero que me llame. Esto puede generar la fantasía de que el hombre piense que quiero “algo más” y dejarme con ese complejo de fulana, aunque realmente no lo sea.
De esta forma, nuestros miedos irracionales y nuestras fantasías nos pueden bloquear e impedir que lo que puede ser algo natural, como lo es el conocer a personas nuevas y el buscar un mayor conocimiento de las mismas para iniciar una relación, bien de pareja o de amistad, se convierta en algo casi imposible de conseguir.
La mejor manera de proceder en estos casos es hacerlo con naturalidad. Cada uno debe saber cómo es, cuáles son sus fortalezas y sus debilidades, para apoyarse en las primeras y evitar en la medida de lo posible las segundas, dejando que los tiempos se establezcan de forma natural, sin un plan predeterminado, sin unas palabras sacadas de un guión. Nuestra calidez personal permitirá romper el hielo y hacer que este se funda, haciendo que la conversación y la relación fluya como los ríos durante el deshielo de la primavera.
Travestidos
Domingo, 13 febrero, 2011
En ocasiones nos encontramos con parejas donde cada una de las partes no realiza la función que le corresponde por naturaleza, sino que hace la de la otra persona. Así nos encontramos con hombres que representan el papel de la mujer y viceversa.
Si bien este cambio de personaje no tiene efecto alguno sobre la psique de la persona, es decir, el hombre mantiene su virilidad y la mujer su feminidad, si tiene un efecto sobre la pareja en sí, ya que los roles que cada uno interpreta no son los propios, sino los adquiridos de forma relacional.
Cuando el hombre interpreta el papel de la mujer se siente raro en su foro interno. Siente que está haciendo algo que no le corresponde, aunque no sepa qué. Tal vez tampoco comprenda por qué lo está haciendo, pero se siente incómodo. Y no sólo lo percibe él, sino que su pareja, algo más diestra en percatarse de las sensaciones externas, también encuentra algo extraño en el comportamiento de su amante.
Pero esto que ocurre con los varones también puede ocurrir con sus compañeras, quienes pueden adoptar el papel de su amante y darse a conocer como una persona fría y distante, sin apenas sentimientos de cariño, bondad o generosidad. El hombre se encuentra entonces con un compañero con quien ir al fútbol, más que con una persona con quien compartir sus inquietudes y su amor.
Tanto los hombres como las mujeres pueden travestirse durante una relación debido a factores muy diversos que pueden tener que ver con su pasado. Es posible que algunas personas añoren el amor de una madre y, por ende, consideren que deben tener un papel de niño para ser amados. O puede que una mujer despechada considere que lo más oportuno después de su último fracaso matrimonial sea dejar los sentimientos a un lado y comportarse como los hombres, ya que “¡este es un mundo de hombres y hay que actuar como ellos!”.
En cualquier caso el cambio de papeles no suele ser positivo en una relación que pretende tener una duración en el tiempo, a menos que ambas partes comprendan que esos son los papeles que quieran desempeñar y, por tanto, asuman su rol travestido para hacer que la relación funcione. Pero por norma general las mujeres quieren un “hombre de verdad” a su lado y los hombres, a esa “mujer perfecta” que los comprenda.
Es posible que sea complicado definir lo que estas palabras significan para cada uno de los implicados, y que cada pareja tenga su propia definición de lo que busca, pero lo que es casi seguro es que ellas no quieren compartir su vida con un niño que llora por el amor de su madre; y que ellos, aunque tengan más tendencia que la mujer a mantener relaciones donde existe una diferencia de edad digna de mención, tampoco quieren a una persona con un comportamiento de una niña de diez años.
Cada pareja debe encontrar su propio equilibrio sin necesidad de travestirse, de modificar sus roles naturales, aunque esto pueda ocurrir en ocasiones. Tal vez lo importante aquí, y la reflexión que nos debamos llevar al terminar de leer este artículo sea ¿qué me impide ser yo mismo? ¿Qué es lo que estoy buscando para comportarme de forma diferente a lo habitual? ¿Realmente este cambio me aporta valor o me frustra?
Relaciones destructivas
Martes, 9 noviembre, 2010
Hay parejas cuya relación comienza a deteriorarse tras años de vida en común. Aunque nadie puede dar una respuesta exacta sobre las causas por las que una pareja comienza a distanciarse, lo que parece común a todas ellas es que los problemas comienzan a amontonarse uno encima del otro y, al final, no se sabe cómo gestionarlos. Las causas que inician este alejamiento pueden ser tan dispares como la educación de los hijos, la ausencia de vástagos, la divergencia de opiniones en asuntos de importancia, un cambio de intereses o que una parte se siente menos querida. Independientemente de la causa inicial, la comunicación en la pareja se ve afectada de manera directa, lo cual puede llevar a la ruptura de la pareja finalmente.
Según el I.N.E. el número de divorcios en nuestro país ha bajado un punto desde 2006. Aunque me encantaría poder decir que esto ha sido debido al trabajo realizado por psicólogos y coaches, me temo que debo reconocer que ha sido debido a la crisis económica que estamos sufriendo desde hace cuatro años. Durante este periodo las parejas que quieren separarse analizan los pros y los contras de una separación y concluyen que la mejor solución es divorciarse más adelante, cuando la economía vaya mejor, y por el momento seguir compartiendo los gastos de la casa, los colegios, la comida, el alquiler o la hipoteca para mantener el nivel de vida que venían disfrutando hasta el momento.
Si la opción elegida es la de vivir en el hogar conyugal y mantener vidas separadas es importante que la comunicación de la pareja no se convierta en destructiva. Entiendo que la comunicación es destructiva cuando en una conversación se utilizan palabras que denotan desprecio, desaprobación, agresividad o resentimiento y cuyo único objetivo es “dañar a la otra persona”. Aunque existe una motivación interna en cada persona para lanzar este tipo de ofensas a la cara de la otra persona, hay que tener en cuenta que al entrar en este círculo vicioso la persona deja de valorar aquellas cualidades que vio en su amante al comienzo de la relación y que en parte fueron las instigadoras de unirse como pareja.
Lo bueno de las relaciones humanas es que se pueden arreglar, pero para ello hay que desearlo. Está claro que una terapia de pareja no sirve para nada si una de las partes está obstinada en no hablar y se queda encerrada en su mundo, pero asumiendo que exista un interés común por ambas partes, la terapia crea el marco para que la pareja pueda comenzar a comunicarse.
La creación de un marco diferente al que estaban acostumbrados permite desarrollar ciertas habilidades de comunicación que hasta ahora se tenían olvidadas en el baúl de los recuerdos, además de adquirir nuevos comportamientos que mejoran la escucha activa. Sin embargo, e independientemente de si la pareja acude o no a una terapia, hay que tener presente cómo reacciona cada miembro de la pareja cuando se le plantea un problema.
Es de todos sabido que el hombre está programado para dar soluciones a los problemas que se le plantean, y eso es lo que la sociedad espera de él. Cuando recibe un problema, el hombre entra en su cueva para meditar sobre el asunto. Sólo cuando obtiene la solución saldrá para comunicarla al resto de los mortales. Mientras tanto no quiere ser interrumpidos por nadie. Es más, si alguien le pregunta por el asunto en cuestión mientras está cavilando, se irrita, pudiendo llegar a dar contestaciones poco afortunadas. De igual manera, si no puede solucionar sus problemas por sí mismo, el hombre se siente mal, ya que su obligación como líder de la manada es solventarlo sin ayuda de nadie.
El comportamiento de la mujer cuando tiene un problema es diametralmente opuesto al de su compañero. Cuando algo atormenta a la mujer, ésta llama por teléfono a sus amigas o queda con ellas para tomar un café y charlar sobre el asunto. La mujer busca ayuda en otras personas porque la sociedad entiende que necesite apoyarse en otros. De hecho pone en común sus preocupaciones con sus seres más allegados. Es más, no la importa que nadie la pregunte sobre el tema cuando todavía está en proceso de análisis, ya que esto la puede dar un punto de vista nuevo o ayudar en su enfoque.
Al ser conscientes de que nos comportamos de forma diferente al analizar una misma situación y que una misma realidad es percibida de forma diferente por las distintas personas, seremos capaces de entender a nuestra pareja y de modificar nuestro comportamiento en la medida que sea necesario sin perder nuestra identidad ni nuestros valores personales.
Independientemente de lo que ocurra en la pareja hay que tener en cuenta que la comunicación es esencial para que la relación fructifique o, si ha de concluir, lo haga de una manera amistosa donde no queden emociones de rabia o resentimiento. Es imprescindible saber escuchar de forma activa y saber qué es lo que quiere la otra persona con el único objetivo de evitar una ruptura de pareja por falta de interés o porque no sabemos lo que queremos.
Imagen distorsionada
Domingo, 7 noviembre, 2010
La necesidad de las personas por desarrollar su imagen personal ha hecho que el brand coaching creciera de forma notable en nuestro país durante los últimos años. La importancia de tener una imagen coherente e intencionada es percibida por las personas que nos rodean como algo positivo, pero debe estar reforzada en todos los aspectos, al tiempo que debe ser congruente hasta el más mínimo detalle. Esta lógica puede ser la que en algunas ocasiones nos asfixie de tal forma que nos impida conseguir aquello que deseamos, desde ganar más dinero a encontrar una pareja.
Las personas vamos creando nuestra propia imagen desde el momento en el que tenemos uso de razón, bien porque queremos agradar a nuestros padres, bien porque queremos pertenecer a un grupo determinado, o por cualquier otra razón que entendemos puede ser beneficiosa para nosotros. De esta forma las personas vamos desarrollando una imagen con la que nos sentimos cómodos y a gusto. Una imagen que nos puede dar una sensación de poder, de protección, de autoestima o de equilibrio. Una imagen que, al fin y al cabo, muestra al mundo nuestra propia identidad.
Todo parece ir bien hasta el día en el que la persona toma consciencia de que la imagen que se ha creado es una carga de la que debe desprenderse si quiere conseguir los objetivos que se ha marcado a nivel personal o profesional. Es en esta primera etapa del aprendizaje cuando la persona comienza a cuestionarse, por ejemplo, si el ser perfeccionista la aporta algún valor añadido a su trabajo o tan sólo es un escollo que la impide ser más productiva y la acerca un poco más a ser despedida. O tal vez se pueda cuestionar si el dar una imagen de persona tímida la aporta algo, como estar protegida de los extraños, o es sólo un obstáculo para conseguir la pareja que busca.
Es la contradicción entre el ser y el querer la que genera desesperación y, al no conseguir lo que quiero, frustración. Esta lucha de poder se puede mantener eternamente mientras una de las partes sea más fuerte que la otra, mientras la persona no vea la necesidad de un cambio personal que la saque de ese atolladero en el que lleva inmersa durante tanto tiempo y que lo único que consigue es protegerla de ser ella misma, de ser feliz.
Nuestra identidad se muestra a los demás a través de nuestra imagen personal, por eso es tan importante ser coherentes con ella, porque nuestras acciones reflejan nuestra identidad personal. No somos lo que decimos, sino lo que hacemos. Y aquí está el gran enfrentamiento personal, en romper los hábitos labrados en piedra con el paso de los años y crear unos nuevos y diferentes que me permitan conseguir aquello que tanto anhelo.
Pero esto que parece tan sencillo inicialmente, cambiar los hábitos de conducta, puede ser algo más complicado de lo que suponíamos inicialmente debido, en gran medida, a que el cambiar un comportamiento lleva consigo el cambio de una creencia y, por ende, el cambio de mi identidad. Y puesto que somos personas sabias, nuestro yo interno nos autosabotea de forma sutil para evitar exponernos al peligro que acecha en el exterior.
Puede parecer mentira, pero las personas pueden cambiar sus comportamientos, así como identificar al autosaboteador que llevan dentro. Todo esto, unido a la identificación de objetivos personales y un plan de acción a la medida permitirá a la persona conseguir aquello que desea y ser una persona nueva, diferente a otras, más alegre y más feliz al conseguir una identidad más coherente con lo que ella quería ser.
Diferencia de edad
Miércoles, 29 septiembre, 2010
La diferencia de edad en las parejas es algo normal en nuestra sociedad. Nadie se echa las manos a la cabeza si ve a un hombre con una mujer más joven. Y hoy en día son pocos los que se rasgarían las vestiduras si se viesen sorprendidos por el caso contrario. Según datos del INE, un alto porcentaje de los matrimonios en nuestro país son de personas que no se llevan más de cuatro años entre ellos, aunque tampoco es raro encontrarse con cualquier variación de edad entre los cónyuges.
Una persona se puede sentir atraída por otra mayor por su sabiduría, su experiencia y el poder que ella simboliza, pero a nivel inconsciente es posible que la persona esté buscando satisfacer necesidades no resueltas con sus progenitores durante la infancia. Así, una mujer puede buscar un hombre que la dé protección y seguridad, mientras que el hombre puede buscar una mujer que le dirija la vida como lo hacía su madre.
Aunque no es uno de los factores más importantes en este tipo de relaciones en las que la diferencia de edad ronda o supera los diez años, el sexo es algo a tener en cuenta también. Como veíamos en el artículo “quiero que sea…“, el apetito sexual de un hombre de 40 años se corresponde más con el de una joven de apenas 25 años que con el de una mujer de su propia edad, ya que esta última tiene un apetito sexual más cercano al de un joven a quien dobla en edad.
Algo que hay que tener en cuenta en cualquier relación, pero más en este tipo de relaciones, es que el conformar algo como nosotros queremos es complicado, y se complica aún más conforme la otra persona tiene una identidad ya formada. Aunque existen personas que tienen un deseo innato de conformar a su pareja a su forma de ser, si la diferencia de edad es más extrema, es decir, supera los veinte años, uno de los dos intentará llevar a su pareja hacia su lado.
Los expertos apuntan a un fracaso de este tipo de relaciones pasados cinco años, en especial si el hombre, además de ser el mayor, ejerce de padre con su pareja, pero también muestran una luz de esperanza, ya que algunas de estas parejas pueden consolidarse y envejecer juntos.
Quiero que sea…
Lunes, 13 septiembre, 2010
No es raro estar hablando fijamente a los ojos de algún amigo cuando notas que su mirada, hasta el momento fija en tu rostro, comienza a desviarse ligera y progresivamente hacia un lado. Si eres una persona curiosa es muy posible que gires tu cabeza para saber exactamente quién diablos es la persona que turba la concentración de tu interlocutor. Y si la discreción no es tu fuerte, entonces es posible que gires el cuerpo entero y exclames: “¡vaya, no está mal!“.
Es entonces cuando el tema de conversación cambia radicalmente y comienza el tuning de quien haya osado pasar entre el ángulo de visión de ambos: “No está mal, pero si le quitaras un poco de… y le pusieras un poco más de… y le cambiaras… y en vez de…“. Y como conozcamos personalmente a la protagonista entonces podemos entrar hasta en su forma de ser: “si fuera un poco más abierta… si tuviese un poco más de humor… si no fuera tan vasta al hablar… si cambiara de amigos…“. Y esto que parece un estereotipo exclusivo de los hombres también les ocurre a las mujeres, aunque en ellas es algo más disimulado inicialmente por tener, entre otras cosas, un ángulo de visión mayor que el de los hombres.
En este ejemplo concreto no estamos describiendo al hombre perfecto ni a la mujer que tenemos en nuestras fantasías y que podrían hacernos la vida un poco más agradable en nuestros sueños, sino que estamos ajustando a una persona real, y por ello imperfecta, a nuestras necesidades concretas, a nuestras fantasías.
El conformar algo como nosotros queremos es complicado. Y se complica aún más conforme la otra persona tiene una identidad ya formada. Tal vez por esto algunas personas dicen que llegada la crisis de los 40 los hombres buscan una chica más joven que ellos para poder modelarla a su gusto. Es posible que las decepciones que han tenido en su vida hagan que algunos de estos hombres quieran buscar una mujer a la que puedan configurar a su medida para evitar de esta forma algunos de los problemas que tuvo en el pasado con las mujeres de su quinta.
También es posible que tenga que ver con el equilibrio en el apetito sexual de ambos. Según Pease International Research, el apetito sexual de un hombre de 40 años se corresponde más con el de una joven de apenas 25 años que con el de una mujer de su propia edad, ya que esta última tiene el mismo apetito sexual que el de un joven a quien dobla en edad. Por eso últimamente se ven parejas donde la diferencia de edad es bastante apreciable, aunque a ninguna de las dos partes les importe demasiado este hecho para seguir juntos.
De hecho, algunas mujeres jóvenes prefieren un hombre mayor que esté más pendiente de sus necesidades y emociones, con quien pueda hablar y quien no esté pensando todo el día en el sexo y dónde lo vamos a hacer hoy, si en la cocina o en el ascensor. De igual manera algunas mujeres mayores prefieren a los jóvenes porque, además de tener unas necesidades sexuales mayores que sólo los jóvenes pueden satisfacer, se evitan complicaciones que llevan asociados los hombres mayores. Por su parte los hombres pueden ver satisfecha su fantasía de estar con una mujer mayor cuando son jóvenes y de estar con una mujer más joven cuando son mayores.
Independientemente de la pareja con la que se decida mantener una relación, es muy importante aceptar a las personas tal y como son, así como averiguar qué es lo que quiere mi pareja. Los cambios son posibles en las personas y la pareja puede ayudar a que seamos conscientes de ciertas conductas que no son apropiadas en ciertos entornos. Sin embargo esto no debería desembocar en que la otra persona cambie porque a mi no me gustan ciertas cosas, o porque creo que debe cambiar por amor hacia mi.
Los cambios demasiado radicales pueden terminar en conflictos de pareja que llevan ineludiblemente a la ruptura de la misma. Por eso es importante mantener una postura abierta y un diálogo fluido entre ambas partes que permita que nos conozcamos más y nos volvamos a enamorar. Esto se puede conseguir también con la ayuda de un profesional que nos puede aportar las pautas iniciales para salir de nuestro bucle y de nuestras respuestas automáticas para así aprender a seducir a la persona que amamos a través de las preguntas que nos indican qué es lo que quiere realmente y qué tenemos en común.
Chicos malos
Viernes, 23 julio, 2010
Las novelas baratas nos muestran héroes despiadados o villanos que cambian su manera de ser tan sólo por amor a la heroína. Esta forma de ver las relaciones de pareja es bastante popular en los relatos de ficción, haciendo en algunos casos que las ventas de ejemplares se disparen, pero al poner los pies sobre la tierra vemos que este tipo de relaciones no funcionan porque ¡el chico nunca cambia!.
Los hombres buenos, es decir, considerados, educados, abiertos, vulnerables, generosos, atentos, apreciativos, cálidos, dulces, y expresivos con sus afectos, que no han podido mantener una relación con la mujer que deseaban porque ésta se ha ido con el “chico malo” suelen afirmar que “las mujeres no quieren un hombre bueno, sino uno que las trate mal“. Sin embargo, las mujeres, al igual que la mayoría de las personas, quieren estar con una persona buena, que las respete y las trate bien. Entonces ¿cómo es posible que no estén con los chicos buenos?
Está claro que las mujeres quieren que se las trate bien, pero al mismo tiempo y casi con más fuerza quieren sentirse especiales. Así, cuando un hombre es bueno con ellas, están contentas y agradecidas, pero cuando el hombre es amable y bondadoso con el resto de la gente, ellas comienzan a preguntarse “¿cómo podré saber si realmente me ama a mi?“. Es entonces cuando comienzan a buscar pruebas de ese amor verdadero ¿y qué más sencillo que encontrar a un hombre malo que cambie por amor?
De esta forma algunas mujeres quieren ser tratadas bien por hombres que no son buenos, hombres cuya única razón para ser buenos sería el estar obligados a cambiar por amor hacia esa mujer especial. Esto garantiza a la mujer que ellos han cambiado por amor y que las quieren sólo a ellas, sin embargo, con el tiempo, ella volverá a preguntarse ¿dónde me equivoqué?
Para evitar este tipo de situaciones podemos utilizar un coach, quien nos ayudará a identificar la pareja que buscamos, al hombre que nos haga vibrar o a esa mujer que nos llene y que nos permita volver a enamorarnos.
Crash n burn
Miércoles, 21 julio, 2010
¿Cuántas veces un hombre se ha acercado a una mujer con el objeto de entablar algo más que una conversación y ésta lo ha rechazado de manera casi fulminante? Ejemplos de hombres que fracasan en su intento por conquistar a una mujer los encontramos cada vez que salimos a tomar una copa.
El fin de semana pasado, sin ir más lejos, tuve la ocasión de comprobar cómo tres hombres se estrellaban de forma estrepitosa al intentar abordar a una mujer que entró con sus amigas en el local en el que nos encontrábamos. Apenas este grupo de chicas había cogido las copas en sus manos cuando el “macho alfa” de un grupo se acercó a una de ellas por detrás, la tocó en el hombro y comenzó su discurso. No sé lo que la diría, pero no pasaron ni treinta segundos antes de que la joven le diera las gracias por el intento y lo mandara de vuelta con sus amigos. A los pocos minutos otro incauto realizó una maniobra muy similar a la del primer audaz con un resultado idéntico. Como la noche era joven, había poca luz, exceso de humo en el ambiente y puede que el nivel de alcohol en sangre fuese el idóneo para romper la timidez, un tercer galán probó fortuna con la misma mujer y… “crashed & burned“.
Este ejemplo sólo nos demuestra que existen hombres que no prestan atención a las señales que nos envían nuestras compañeras de juego y que, por tanto, su única diversión es darse de bruces contra una pared de hormigón armado con la única satisfacción de poder decir luego a sus amigos algo así como: “ayer entré a quince tías en toda la noche“, “es que las mujeres están locas” o “es que las mujeres no saben lo que quieren“.
Siento comunicar a este tipo de hombres que las mujeres tienen muy claro lo que quieren y no es un “tío brasas” que la avasalla sin haber sido invitado a la fiesta. Ellas, al igual que nosotros, otean el horizonte en busca de esa persona que llame su atención. Una vez la encuentran se iniciará la comunicación no verbal. Primero una sutil mirada, seguido de una sonrisa y tal vez otra tímida mirada que nos permita detectar que está interesada en nosotros. Luego, la bola está en nuestro tejado. Si esto no ocurre, no importa, esperemos un poco más. Leamos las señales que nos envían. Analicemos qué es lo que quiere cada mujer a través de su comunicación no verbal. En definitiva, comprendamos qué quiere cada mujer en ese momento.
Si hemos conseguido superar el primer paso, entonces las mujeres esperan encontrar a ese hombre seguro de si mismo que no tenga miedo de andar esos diez o veinte metros que los separan. Hay ocasiones en las que ciertos hombres se aferran a su pinta de cerveza, bien por timidez o bien por miedo a no sostenerse en pie si se bajan del taburete.
Una vez estamos a su lado, las mujeres esperan encontrar un hombre simpático y divertido, que las haga reír, y con la suficiente imaginación para que no tenga que preguntar “¿perdona, creo que me estabas mirando?“. Seamos espontáneos, comencemos con algo fuera de lo normal sin que esto tenga que ser grosero, la grosería la podemos dejar para la alcoba si es lo que nos gusta a ambos en un momento de lujuria.
Una de las cosas a tener en cuenta es que las mujeres no quieren al típico hombre que salta de flor en flor. Las mujeres quieren sentirse especiales, quieren ser la flor elegida de entre todas las que se encuentran en el jardín. Para ello el hombre deberá estar atento a las señales que va recibiendo de todas las mujeres que allí se encuentran, buscando esa sonrisa o esa mirada de complicidad y así, al final, decantarse por aquella cuyas señales hayan sido mejor decodificadas.
Otra cosa a tener en cuenta es que las mujeres son muy asustadizas. Cuántas veces nos hemos aproximado a alguna amiga por detrás y la hemos dado un susto de muerte sin nosotros quererlo. Si es importante no asustar a nuestras amigas cuánto más importante será no asustar a la mujer que queremos conquistar. Por ello es importante recordar que siempre nos debemos acercar de cara a esa mujer con la que queremos contactar por primera vez.
También es importante tener en cuenta que, si bien es cierto que a todos nos puede gustar una caricia, tengamos las manos a buen recaudo durante los primeros diez minutos de conversación. Pasado este tiempo podemos tocar ligeramente a la otra persona en su zona neutra – entre el hombro y el codo de su brazo – para mostrar nuestro interés por ella, pero nunca con el ánimo de “meterla mano” o “sobarla“, ya que ellas detectarán esa sutil diferencia y nos alejarán de su lado.
Una vez seamos maestros en el arte de seducir, seremos capaces de iniciar relaciones allá donde vayamos con la persona que nos interese, como le ocurrió a un amigo el otro día en la piscina. Al poco rato de estar tumbados al sol este amigo detectó que una chica que paseaba junto a su amiga por el borde del estanque para el baño le miraba. Después de varios paseos arriba y abajo para cerciorarse de que la había visto, la chica en cuestión comenzó a interactuar con el joven agraciado por medio de su comunicación no verbal: primero una sutil sonrisa, luego un guiño, más tarde le sacó la lengua a modo de niño travieso. Después de un tiempo comunicándose en la lejanía ellas se acercaron y pusieron sus toallas cerca de las nuestras. Al final de la tarde la interesada le dio un trozo de papel a nuestro amigo en el que le indicaba claramente su dirección de correo electrónico y su número de móvil para que la llamara y pudieran quedar otro día.
Volver a enamorarse
Jueves, 24 diciembre, 2009
Estar enamorado es una de las mejores sensaciones que tenemos a lo largo de nuestras vidas. Por muy mal que lo pasemos al romper con una persona, una vez pasado el periodo de duelo estamos de nuevo buscando una pareja con quien volver a enamorarse y compartir nuestra vida.
Una vez estamos disponibles para encontrar a ese hombre o mujer con quien compartir nuestros tiempo, a esa persona imperfecta que nos llene de alegría y felicidad, buscamos señales en todo aquello que nos rodea que nos puedan dar una pista de quién puede ser esa persona.
Las sensaciones que obtenemos cuando nos enamoramos pueden ser tan fuertes que si al llegar el fin del año no hemos encontrado a esa persona, es posible que nos pongamos como propósito de año nuevo encontrar una persona con quien compartir nuestro mundo… ¡otra vez!
Todos queremos estar enamorados el mayor tiempo posible, queremos sentir esas mariposas en el estómago, esperar la llamada de la otra persona, incluso rozarla fortuitamente a lo largo del día para sentir esa chispa que nos hace sonrojarnos. Esta puede ser una de las razones por las que algunas personas pueden llegar a ser auténticos maestros en el arte de la seducción.
Algunos dicen que no hay que buscar el amor, otros que hay que buscarlo para encontrarlo, pero independientemente de la tendencia que uno prefiera, es importante saber qué es lo que quiero. Para ello es importante saber qué valores ofrezco y busco en mi pareja.
La buena noticia es que hay una persona que nos hará felices y con quien desearemos estar el resto de nuestra vida. Lo importante ahora es saber si no la hemos encontrado debido a que no hemos topado con ella o si es debido a esos miedos irracionales que nos impiden hablar con ella, por muy paradójica que sea esta vida.
Ruptura de pareja
Jueves, 20 agosto, 2009
La ruptura de una pareja suele ser el resultado de una relación en la que los problemas de pareja no se han podido solucionar, las diferencias entre los enamorados siguen aumentando y el seguir compartiendo la vida juntos es una tarea inviable para ambos.
Una ruptura puede ocurrir en cualquier momento del año, si bien aquellas personas que quieren alejarse un tiempo para meditar sobre la situación suelen hacerlo antes de las vacaciones estivales para así aprovechar los lugares de veraneo para olvidar el pasado y conocer a gente nueva.
Aunque también están las parejas que rompen después de esta época debido en gran medida al número de horas que los amantes pasan juntos en comparación con el resto del año, siendo en la distancia corta donde algunas personas notan que tienen que desarrollar sus habilidades interpersonales.
Los matrimonios con hijos comentan que son estos quienes evitan que se rompa la unión marital; otros argumentan que es la parte económica lo que evita la separación, en especial en esta época de crisis; los más románticos siguen argumentando que es el amor lo que hace que las parejas sigan unidas; algunos comentan que es la afinidad entre ellos lo que hace que sigan juntos; y los que basan su matrimonio en sus creencias religiosas afirman que “lo que ha unido Dios, que no lo separe el Hombre“.
Sin embargo, cuando hablamos de una pareja de novios, muchas de las razones expuestas anteriormente no tienen sentido alguno para ellos, por lo que la separación es algo que está a la orden del día debido a la ausencia de ciertos compromisos que todavía no han llegado a adquirir.
De esta forma, los enamorados comienzan a alejarse el uno del otro por diversos y variados motivos, desde miedos fundados o infundados por una de las partes; pasando por malentendidos provocados por la comunicación; hasta llegar a la falta de confianza e insatisfacción por no ver cumplidas las expectativas de una de las partes.
Aunque no toco el tema de creencias, por norma general nos sentimos más cómodos cuando estamos cerca de personas que tienen creencias afines a las nuestras, si bien hay que tener presente que nuestras creencias varían con el tiempo si estamos abiertos a ello, y las creencias que tenía ayer puede que no sean las que tenga mañana.
Aún con todo esto, algunas parejas se preguntarán si realmente es posible evitar una ruptura en estas circunstancias. La respuesta es que si, es posible. Para ello debo seguir desarrollando mis habilidades interpersonales como la empatía y la comunicación, al tiempo que busco una pareja con valores que me parezcan importantes en una persona y que me acerquen a ella.

