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Vampiros
Martes, 15 marzo, 2011
Sus ojos me sedujeron de tal manera que no pude resistirme a su encanto y me senté en aquella silla de diseño junto a la ventana. La tenue luz de la habitación magnificó su sensual voz, la cual turbó mis sentidos de tal forma que impedía que mis piernas tuvieran fuerzas para salir corriendo de aquel cuarto. Pasaron los minutos, las horas, los días e incluso puede que las semanas, y allí estaba yo, aferrado a aquella silla, sin apenas fuerzas para respirar, sin ganas de vivir y con la única ilusión de que me hiciera suyo de una vez por todas.
No hace falta andar por un bosque, ni por un callejón oscuro, ni siquiera hace falta ir a Transilvania para encontrarse con una persona que quiera abalanzarse sobre tu cuello para chuparte poco a poco la sangre. Los vampiros, esos seres mitológicos que se nutren de los vivos, existen en nuestra sociedad.
Los vampiros no son sólo esos espectros que deambulan solitarios por la noche en busca de sangre fresca, sino que son aquellas personas codiciosas que abusan o se aprovechan de los demás. ¿Y cómo lo hacen?
Al igual que los murciélagos hematófagos chupan la sangre de otros animales para nutrirse y poder vivir, estas personas succionan nuestra energía vital para su subsistencia. No importa si nosotros fallecemos, lo importante es que ellas puedan sobrevivir después de un determinado suceso que las ha podido marcar.
Cuántas veces habremos ido a casa de algún amigo con la intención de animarlo después de que lo despidieran del trabajo, o de que rompiera con su pareja, o de que tuviera algún problema con alguno de sus familiares y, cuando hemos intentado salir de su casa, no teníamos ni fuerzas para girar el pomo de la puerta, mientras que ella, unos metros más atrás, rebosaba de energía y se despedía de ti con una sonrisa en su cara.
Estas personas tienen la cualidad de identificar a los individuos más positivos de su entorno, aquellos con más vitalidad, aquellos que parecen comerse el mundo entero y que nada les puede detener. Con su mirada lánguida las atraen hacia su red donde, una vez cautivos, serán despojados de toda esa energía.
Es posible que la primera vez que nos topemos con uno de estos vampiros apenas nos demos cuenta de que nuestra energía fluye hacia su ser. Es más, es probable que aunque seamos unos expertos en estos temas, aún hoy no seamos capaces de reconocerlos a primera vista.
Para saber si estamos delante de un vampiro debemos preguntarnos si nuestro nivel de energía decrece cuando estoy junto a esa persona. Si me noto más cansada después de estar con esa persona es posible que me encuentre frente a uno de estos succionadores de energía.
Una vez hemos detectado a este tipo de personas lo más importante es que no nos vacíen completamente, ya que el recargarnos también nos supone un precioso tiempo a nosotros. Para ello debemos poner límites, es decir, saber cuánta energía estoy dispuesto a dar sin que eso suponga un riesgo para mi salud, mi trabajo o mi familia.
Al igual que no podemos donar más de medio litro de sangre de una atacada, y no todas las personas pueden hacerlo en función de su edad y estado de salud, de igual manera no todas las personas pueden donar energía a otras. Incluso aquellas que están capacitadas para ello no pueden hacerlo constantemente, ya que ello supondría un riesgo para su propia salud.
Con esto no quiero decir que no debamos ayudar a las personas que lo necesitan, sino que debemos hacerlo con cabeza, sabiendo cuáles son nuestros límites, hasta donde podemos dar sin que eso suponga un riesgo para nosotros. Y no sólo eso, sino que debemos dar sin que luego nos sintamos mal porque nos han quitado tanto que nos sentimos despojados de nuestra energía. Han abusado de nosotros, de nuestra confianza, y por ello, a partir de ahora, me voy a cerrar con todos como una flor lo hace al caer la noche.
¿Quién es la persona que te quita tu energía sin tú darte cuenta? ¿Cuánta energía estas dispuesta a dar sin que te sientas tratada de forma injusta?
Sentido del humor
Viernes, 23 abril, 2010
La productividad de los trabajadores es una asignatura que a más de un Consejero o Director General le trae de cabeza durante su mandato en una organización. Para incentivar a sus empleados los comités de Dirección se pasan horas elaborando nuevas y complicadas fórmulas que motiven a sus trabajadores a actuar de forma más eficaz. Sin embargo, y a pesar de todas las medidas adoptadas durante la última década, la productividad de un gran número de empresas españolas sigue siendo el gran caballo de batalla de los directivos.
De un tiempo a esta parte las empresas estadounidenses, líderes en temas relacionados con el desarrollo de habilidades de liderazgo, vienen midiendo no sólo el IQ o coeficiente intelectual de sus empleados, sino también el FQ o coeficiente humorístico. La razón de esta nueva medición no es otra que aumentar la productividad de la empresa, ya que según los estudios realizados, las condiciones de diversión aumentan el rendimiento de los trabajadores.
Un claro ejemplo de esta nueva forma de trabajar es Google, empresa fundada por Larry Page y Sergey Brin en septiembre de 2000, que en poco menos de siete años se convirtió en la marca más valiosa del mundo, alcanzando la suma de 66.000 millones de dólares y superando a empresas tan emblemáticas como Microsoft, General Electric y Coca-Cola. Esto fue posible gracias a la filosofía de sus fundadores que decían que “el trabajo debe ser un desafío y el desafío, una diversión“.
Tal y como destaca el psicólogo Eduardo Jáuregui, los beneficios del sentido del humor en la empresa son:
- atrae y retiene a los recursos humanos más valiosos
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potencia la salud y las capacidades del empleado
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fortalece la motivación individual y colectiva
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estimula la innovación
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optimiza la comunicación interna
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favorece el aprendizaje
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cohesiona los equipos humanos
Hay que tener en cuenta que una persona con sentido del humor no es la que cuenta más chistes, ni la que hace más el payaso, sino la que responde con actitud positiva a los retos con los que se encuentra en su día a día. El sentido del humor evita que nuestras emociones se vean secuestradas, creando entornos más relajados para la toma de decisiones y más favorables para dar solución a conflictos.
La experiencia nos confirma que las personas que dominan esta habilidad son capaces de dar feedback negativo a sus compañeros de forma directa con tal destreza que la persona aludida no se siente ofendida, es más, se puede sentir motivada para cambiar, para hacerlo mejor la próxima vez y hasta sentirse de alguna forma más unida a la personas que le está proporcionando la retroalimentación.
Por último sólo me cabe decir que el sentido del humor no sólo aumenta la productividad de los trabajadores y crea un entorno de trabajo más agradable, sino que también nos protege de manera inconsciente contra el estrés, tan habitual en estos tiempos.

