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¿Dónde me equivoqué?
Domingo, Diciembre 27th, 2009
Después de una ruptura de pareja alguna de las partes se puede preguntar ¿dónde me equivoqué? Esta pregunta puede ser muy importante si nos permite mejorar nuestra próxima búsqueda de pareja, sin embargo, es importante que no se convierta en una pregunta obsesiva que me recrea en la pérdida de esa persona fomentando mi victimismo e impidiendo seguir adelante con mi vida.
El entrar en este comportamiento compulsivo donde recreo una y otra vez la pregunta fustigándome con ella, además de no ser muy positivo para nuestro equilibrio mental, sólo aumenta nuestro victimismo. Un victimismo que, por otra parte, mitiga en parte la perdida que acabamos de sufrir, pero que impide nuestro desarrollo personal y aumenta el tiempo para que podamos estar disponibles para otra relación.
Otra alternativa que suele darse a menudo se puede simplificar con la frase un clavo quita otro clavo. Es cierto que comenzar una nueva relación a las pocas horas de concluir la anterior puede mitigar en cierta manera el dolor de dicha pérdida. Sin embargo, estas relaciones puente no son más que eso, una relación pasajera donde posiblemente vuelva a cometer los mismos errores que en la anterior, o exactamente los opuestos debido al efecto rebote que tiene lugar en la persona al intentar evitar los fallos cometidos en su relación anterior.
Es importante tener en cuenta que toda pérdida requiere de un tiempo de duelo. Un tiempo durante el cual mi YO no está disponible para nada ni para nadie. Hace unas décadas, las viudas de nuestro país vestían de negro durante un año antes de comenzar una nueva relación, mostrando así que estaban de luto por la pérdida de su marido. Si bien la ruptura de una pareja es menos drástica que la muerte, no por ello es menos dramática para algunas personas. ¿Cuántas veces hemos escuchado a alguna persona decir que todavía se acordaba de su pareja después de dos o tres años desde la ruptura?
Cada persona tendrá una manera de proceder ante la ruptura de su pareja, sin embargo es importante tener en cuenta que un tiempo de duelo puede ser positivo para llegar a comprendernos un poco mejor y desarrollar aquellas habilidades interpersonales en las que más hayamos flaqueado, así como para reflexionar y recabar información sobre la persona que busco para pasar el tiempo conmigo. Asimismo es importante evitar en la medida de lo posible el victimismo y la autoflagelación, así como todas aquellas preguntas que me enganchan en un búcle y que sólo debilitan la autoestima.
Quiero ser feliz
Martes, Septiembre 16th, 2008
No es la primera vez que cuando le pregunto a alguien “¿Qué quieres?“, me responde “¡Ser feliz!“. Y no es raro oír esta respuesta, porque la felicidad nos engancha como si de una droga se tratara, haciendo que queramos ser felices durante más tiempo, en más lugares y con más gente. Incluso se la deseamos a nuestros seres más queridos para que ellos también puedan disfrutar del placer de ser feliz.
Pero ¿dónde está la felicidad? Cuenta la leyenda que en el principio de los tiempos se reunieron varios demonios para hacer una travesura. Uno de ellos dijo: “Debemos quitarles algo a los humanos, pero ¿qué les quitamos?“. Después de mucho pensar uno dijo: “¡Ya sé!, vamos a quitarles la felicidad, pero el problema va a ser dónde esconderla para que no la puedan encontrar…
¿Y dónde la escondieron? Los que hayan respondido que la felicidad está fuera de uno mismo… ¡buena suerte! Los traviesos demonios escondieron la felicidad dentro de nosotros. Si realmente queremos ser felices tendremos que buscar la felicidad dentro de nosotros. Y aunque la felicidad no tiene por qué ser la misma para todas las personas, sí depende de las condiciones internas de cada uno.
Y ¿cómo encuentro la felicidad dentro de mi? Hay un medio seguro. Consiste en controlar nuestros pensamientos. Shakespeare dijo “Nada es bueno o malo, sino que el pensamiento es lo que hace que las cosas sean buenas o malas.“
No es lo que tenemos o lo que somos o dónde estamos lo que nos hace felices o desgraciados, sino lo que pensamos acerca de todo ello. Dos personas pueden trabajar en el mismo cliente, realizando las mismas tareas y ganando lo mismo a fin de mes, pero una es feliz y la otra no. ¿Qué es lo que cambia? Su actitud mental.
¿Y cuán feliz puedo ser? Abraham Lincoln lo señaló una vez con las siguientes palabras: “casi todas las personas son tan felices como se deciden a serlo“.