Crash n burn

21 julio, 2010 por José Maria Garteiz

¿Cuántas veces un hombre se ha acercado a una mujer con el objeto de entablar algo más que una conversación y ésta lo ha rechazado de manera casi fulminante?  Ejemplos de hombres que fracasan en su intento por conquistar a una mujer los encontramos cada vez que salimos a tomar una copa.

El fin de semana pasado, sin ir más lejos, tuve la ocasión de comprobar cómo tres hombres se estrellaban de forma estrepitosa al intentar abordar a una mujer que entró con sus amigas en el local en el que nos encontrábamos.  Apenas este grupo de chicas había cogido las copas en sus manos cuando el “macho alfa” de un grupo se acercó a una de ellas por detrás, la tocó en el hombro y comenzó su discurso.  No sé lo que la diría, pero no pasaron ni treinta segundos antes de que la joven le diera las gracias por el intento y lo mandara de vuelta con sus amigos.  A los pocos minutos otro incauto realizó una maniobra muy similar a la del primer audaz con un resultado idéntico.  Como la noche era joven, había poca luz, exceso de humo en el ambiente y puede que el nivel de alcohol en sangre fuese el idóneo para romper la timidez, un tercer galán probó fortuna con la misma mujer y… “crashed & burned“.

Este ejemplo sólo nos demuestra que existen hombres que no prestan atención a las señales que nos envían nuestras compañeras de juego y que, por tanto, su única diversión es darse de bruces contra una pared de hormigón armado con la única satisfacción de poder decir luego a sus amigos algo así como: “ayer entré a quince tías en toda la noche“, “es que las mujeres están locas” o “es que las mujeres no saben lo que quieren“.

Siento comunicar a este tipo de hombres que las mujeres tienen muy claro lo que quieren y no es un “tío brasas” que la avasalla sin haber sido invitado a la fiesta.  Ellas, al igual que nosotros, otean el horizonte en busca de esa persona que llame su atención.  Una vez la encuentran se iniciará la comunicación no verbal.  Primero una sutil mirada, seguido de una sonrisa y tal vez otra tímida mirada que nos permita detectar que está interesada en nosotros.  Luego, la bola está en nuestro tejado.  Si esto no ocurre, no importa, esperemos un poco más.  Leamos las señales que nos envían.  Analicemos qué es lo que quiere cada mujer a través de su comunicación no verbal.  En definitiva, comprendamos qué quiere cada mujer en ese momento.

Si hemos conseguido superar el primer paso, entonces las mujeres esperan encontrar a ese hombre seguro de si mismo que no tenga miedo de andar esos diez o veinte metros que los separan.  Hay ocasiones en las que ciertos hombres se aferran a su pinta de cerveza, bien por timidez o bien por miedo a no sostenerse en pie si se bajan del taburete.

Una vez estamos a su lado, las mujeres esperan encontrar un hombre simpático y divertido, que las haga reír, y con la suficiente imaginación para que no tenga que preguntar “¿perdona, creo que me estabas mirando?“.  Seamos espontáneos, comencemos con algo fuera de lo normal sin que esto tenga que ser grosero, la grosería la podemos dejar para la alcoba si es lo que nos gusta a ambos en un momento de lujuria.

Una de las cosas a tener en cuenta es que las mujeres no quieren al típico hombre que salta de flor en flor.  Las mujeres quieren sentirse especiales, quieren ser la flor elegida de entre todas las que se encuentran en el jardín.  Para ello el hombre deberá estar atento a las señales que va recibiendo de todas las mujeres que allí se encuentran, buscando esa sonrisa o esa mirada de complicidad y así, al final, decantarse por aquella cuyas señales hayan sido mejor decodificadas.

Otra cosa a tener en cuenta es que las mujeres son muy asustadizas.  Cuántas veces nos hemos aproximado a alguna amiga por detrás y la hemos dado un susto de muerte sin nosotros quererlo.  Si es importante no asustar a nuestras amigas cuánto más importante será no asustar a la mujer que queremos conquistar.  Por ello es importante recordar que siempre nos debemos acercar de cara a esa mujer con la que queremos contactar por primera vez.

También es importante tener en cuenta que, si bien es cierto que a todos nos puede gustar una caricia, tengamos las manos a buen recaudo durante los primeros diez minutos de conversación.  Pasado este tiempo podemos tocar ligeramente a la otra persona en su zona neutra – entre el hombro y el codo de su brazo – para mostrar nuestro interés por ella, pero nunca con el ánimo de “meterla mano” o “sobarla“, ya que ellas detectarán esa sutil diferencia y nos alejarán de su lado.

Una vez seamos maestros en el arte de seducir, seremos capaces de iniciar relaciones allá donde vayamos con la persona que nos interese, como le ocurrió a un amigo el otro día en la piscina.  Al poco rato de estar tumbados al sol este amigo detectó que una chica que paseaba junto a su amiga por el borde del estanque para el baño le miraba.  Después de varios paseos arriba y abajo para cerciorarse de que la había visto, la chica en cuestión comenzó a interactuar con el joven agraciado por medio de su comunicación no verbal: primero una sutil sonrisa, luego un guiño, más tarde le sacó la lengua a modo de niño travieso.  Después de un tiempo comunicándose en la lejanía ellas se acercaron y pusieron sus toallas cerca de las nuestras.  Al final de la tarde la interesada le dio un trozo de papel a nuestro amigo en el que le indicaba claramente su dirección de correo electrónico y su número de móvil para que la llamara y pudieran quedar otro día.

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Esta entrada fue publicada el Miércoles, 21 julio, 2010 a las 8:00 por José Maria Garteiz y está en la categoría coaching personal. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a través del feed RSS 2.0. Puedes dejar un comentario, o trackback de tu página web.

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