Posts Tagged ‘creencias limitantes’

El efecto fulana

Miércoles, junio 30th, 2010

Durante los últimos meses me he encontrado con mujeres que se encontraban con serias dificultades a la hora de llamar por primera vez a un hombre a los pocos días de conocerlo.  Una de estas mujeres no llamó a ese hombre que había conocido por miedo a lo que éste pudiera pensar de ella.  Otra lo llamó, pero se pasó los primeros cinco minutos de conversación disculpándose por la llamada para que el receptor no pensara “nada raro de ella“.

Pese a los movimientos feministas y a la liberación sexual, algunas mujeres de nuestra sociedad siguen considerando que llamar por teléfono a un hombre por primera vez es un acto agresivo,  que denota cierta desesperación sexual e incluso que ofrece una imagen de mujer promiscua.   Y es la promiscuidad, el hecho de ser considerada una fulana, es decir, una mujer que mantiene relaciones sexuales con varias personas, lo que está cargado de connotaciones negativas.

Las mujeres que sufren del “efecto fulana” pueden ser mujeres de cualquier edad, rango social o nivel cultural, pero tienen en común que todas ellas evitan llevar a cabo cualquier acción que produzca como resultado una imagen de mujer promiscua.  Y es esta falta de acción la que impide que consigamos nuestros objetivos.

Si bien un primer paso para romper este bloqueo puede ser el identificar aquellas acciones que pueden darme esa imagen de mujer promiscua para evitarlas en la medida de lo posible mientras analizo sus ventajas y desventajas, o mientras veo si tienen un peso específico real en mis relaciones, la experiencia nos muestra que en el arte de seducir la mejor manera de proceder es con naturalidad, utilizando el sentido del humor, despertando la curiosidad de la otra persona, mostrando tu personalidad y permitiendo que la relación fluya por los caminos que vamos trazando, sin agobios ni prisas.

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Buscando los límites

Lunes, junio 14th, 2010

La búsqueda de límites es algo que hacemos de forma natural desde pequeños.  Al principio con nuestros padres y familiares, a quienes hacemos mil y una diabluras buscando el límite de lo que podemos hacer o no con cada uno de ellos.  Después son nuestros juguetes, a los que realizamos interminables pruebas de destrucción hasta llevarlos al colapso total y, por tanto, a la basura.  Con el paso de los años seguimos experimentando con la bicicleta, los patines o cualquier otro deporte que nos llame la atención, llegando de esta manera los primeros golpes y roturas de alguna extremidad.

Como podemos ver nuestra vida se desarrolla en una búsqueda continua de los límites de las cosas.  Sin embargo, puede que el ser conscientes de que todo tiene un límite, hasta la vida tiene su fin, sea lo que nos nubla la vista y nos impide ver con claridad nuestros límites personales.  De esta forma hay ocasiones en las que apuntamos a objetivos tan altos que con los recursos que tenemos en ese momento es difícil alcanzarlos, viviendo así en un continuo fracaso que nos puede llegar a frustrar de forma permanente.

Por ejemplo, hace unas semanas tuve la oportunidad de hablar con una persona sobre su nuevo objetivo profesional.  De entrada todo parecía correcto, ya que éste había sido creado siguiendo escrupulosamente la metodología para identificar un buen objetivo.  Sin embargo, tal vez fuera la discordancia entre sus palabras y su comunicación no verbal o quizás que la realidad de esta persona no se ajustaba a la realidad económica y social del entorno que había descrito minutos antes, pero algo no cuadraba en la ecuación propuesta.  Al indagar un poco más sobre el tema, esta persona se dio cuenta de que el objetivo que había identificado no era del todo realista, ya que no había tenido en cuenta sus limitaciones personales.

Hace unos días me encontré con un caso parecido.  En esta ocasión se había pedido a una persona que trazara un plan de acción para conseguir el objetivo marcado.  El plan de acción creado no tuvo en cuenta las limitaciones personales por lo que a los pocos días la persona no soportó la presión que ella misma se había impuesto y tuvo que definir un nuevo plan de acción en el que se tuvieran en cuenta dichas limitaciones.

Estos casos son una pequeña muestra de lo que puede ocurrir cuando alguien no conoce sus límites.  El no conocer nuestros límites y querer demostrar algo a alguien puede hacernos saltar como un jabato y decir “eso lo puedo hacer yo en dos minutos“.  La mala noticia es que ese impulso positivo no es tanto una creencia potenciadora que nos permitirá conseguir nuestra meta, como una niebla que nos impide ver cuáles son nuestras limitaciones reales y qué podemos hacer con los recursos que tenemos, lo cual nos puede llevar inexorablemente al fracaso.

En el trabajo también es importante conocer las limitaciones de aquellas personas que forman parte de nuestro equipo para evitar el fracaso del mismo, aunque sin llegar a los extremos de un directivo con el que coincidí hace unos años y cuya frase preferida era: “te exprimiré hasta que te haga sangrar“.

Si bien el objetivo que estaba detrás de esa frase no era otro que el buscar los límites de cada uno de sus empleados para que estos fuesen los más eficientes de la empresa, la frase en sí denota cierto sadismo.  De igual manera las tácticas utilizadas para conseguir su objetivo no fueron las más apropiadas, ya que estas provocaron un aumento de la rotación y de las bajas por estrés de la plantilla.

Cuanto mejor nos conozcamos a nosotros mismos más realistas podremos ser y, por tanto, seremos capaces de elaborar planes de acción más ajustados a la realidad que nos permitirán conseguir nuestros objetivos.  De igual manera es importante buscar los límites de nuestros subordinados y colaboradores para saber hasta qué punto podemos seguir retándoles con nuevas propuestas sin que el estrés que soportan colapse su sistema nervioso y terminen en su casa de baja o totalmente desmotivados en una esquina de la oficina.

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La armadura

Jueves, marzo 25th, 2010

Desde el periodo egipcio hace más de 5.000 años hasta el siglo XVII en el que se perfeccionaron las armas de fuego los ejércitos protegían el cuerpo de los combatientes que salían a luchar en el campo de batalla con vestiduras compuestas por piezas metálicas o de cuero. Hoy en día las batallas se libran en las oficinas de grandes multinacionales, en los despachos de abogados o en las salas de reuniones de cualquier empresa, y aunque ninguna de las partes alza en alto una espada, seguimos protegiendo nuestro cuerpo con armaduras que eviten que nos lesionen.

Una de las armaduras más típicas que encontramos en nuestros días son los elegantes y caros trajes de lana virgen. Esta prenda de vestir parece ser el armazón de los ejecutivos, que junto con sus maletines de cuero y sus decenas de aparatos electrónicos de última generación conforman el conjunto de piezas que les da sostén y les protege.

Estos soldados de Armani parecen cambiar de su comportamiento normal al de combate al anudarse la corbata o abotonarse la chaqueta, como si de un resorte automático se tratara, modificando así la percepción de las personas que tienen a su alrededor con su imagen de frialdad y egocentrismo que, al fin y al cabo, sólo pretende protegerlos de las agresiones externas.

Así, en nuestro día a día nos encontramos con personas que se jactan ante sus semejantes de decisiones que han tomado con sus empleados, decisiones en algunos casos vergonzosas, que parecen seguir la filosofía de “la mejor defensa es un buen ataque“, y que les otorga una falsa sensación de poder y de satisfacción temporal.

De igual manera uno se puede encontrar con personas que intentan “sacar hasta la última gota de sangre” de sus empleados utilizando para ello métodos similares a los de Clint Eastwood en la película “el sargento de hierro“, los cuales pueden salvar la vida de un combatiente en una situación bélica real, pero no así en el trabajo. No obstante toda esta dureza y crueldad muchas veces confirma el desconocimiento que tienen algunas personas para gestionar sus propias emociones y algunas creencias obsoletas del tipo “cuanto peor trate a mis empleados, mejor jefe soy” o “cuanto más miedo me tengan, más respeto me tendrán“.

Asimismo podemos tropezar con personas cuya comunicación no verbal se modifica de forma drástica cuando se enfundan la cota de lana virgen cada mañana. Esta comunicación no verbal aleja de manera sutil y sin apenas mediar palabra a las personas que se acercan, aunque vengan de forma pacífica y no tengan intención de atacar su fortaleza.

Las razones por las que cada persona actúa de una forma u otra son diversas y variadas, pero hay que tener en cuenta que las personas tenemos tendencia a protegernos cuando nos sentimos agredidos o cuando sentimos miedo ante las cosas, ya tengan estos un carácter racional o irracional.

Dentro del plano profesional estas agresiones pueden darse cuando tenemos la creencia de que debemos enfrentarnos a nuestros superiores, o que debemos defendernos de nuestros subordinados. No son pocas las ocasiones en las que podemos escuchar “debo defender mi posición” o “debo defender lo que han dicho mis jefes frente a los demás“.

Este enfrentamiento continuo supone un desgaste muy importante para la persona, en especial para aquellas que no tienen las herramientas necesarias para gestionar de forma más apropiada y eficaz estas situaciones. En algunos casos podemos ver que esta lucha con el superior puede venir ocasionada por una carencia infantil de reconocimiento paterno, un reconocimiento que ahora buscamos de forma inconsciente en nuestros superiores. Así cuando no reconocen las ideas que he propuesto y en general no me reconocen como persona, comienza el enfrentamiento. Esta lucha puede ocasionar en más de una ocasión tensión entre las partes y, en el peor de los casos, terminar con un “me han despedido“.

Por ello es importante buscar esos miedos irracionales que hacen que cada uno de nosotros nos enfundemos cada mañana esa pesada armadura. Según nos enfrentemos a ellos seremos capaces de hacerlos desaparecer y por ende ir quitando capas de ese pesado armazón de acero que nos permitirá movernos con más libertad y con un considerable ahorro de energía que podremos utilizar para gozar de la compañía de nuestros seres queridos al terminar el día.

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Que lo haga ella

Jueves, julio 23rd, 2009

El otro día una madre me comentaba lo bien que cuidaba de su hijo adolescente, ya que este vivía como un rey y no daba un palo al agua.  Ante mi pregunta ¿por qué no le enseñas a valerse por si mismo para que cuando comience una relación de pareja no tenga problemas? ella me respondió “¡qué lo haga ella!“.

Si bien esta puede ser una respuesta de lo más normal entre las madres de hoy en día, no tengo muy claro que este comportamiento sea el más adecuado en la sociedad en la que vivimos.  Si la responsabilidad de los padres es la de enseñar a sus hijos las herramientas que les permitan valerse por si mismos en nuestra sociedad, y hemos identificado que existen problemas de pareja que pueden solucionarse con una modificación de ciertos comportamientos ¿qué hace que existan madres que no enseñan a sus hijos a ser independientes, a tener comportamientos que eviten futuros problemas con sus parejas?

La creencia de que “si yo le digo que tenga otro comportamiento en casa y ayude en las tareas domésticas se enfadará conmigo y dejará de quererme” es muy importante en mantener el comportamiento actual.  Sin embargo ¿no se enfadará más pasados unos años cuando vea que su madre no le enseñó a cocinar o a gestionar la casa?  ¿Cuando vea que no puede ser independiente?  ¿Cuando perciba que tiene problemas con su pareja?  Entonces ¿qué puedo hacer como madre?

El primer paso puede ser responsabilizarse de la educación del hijo, no sólo educándole a que no diga palabrotas y se comporte de forma correcta cuando esté con gente, sino a que pueda ser independiente y valerse por si mismo. En este punto es importante la implicación de ambas partes de la pareja. ¿Qué me impide ejercer mi responsabilidad?

Como decía en el post problemas de pareja, esto puede ser debido a las creencias que hemos adquirido a lo largo de nuestra vida, creencias como la expuesta más arriba.  ¿Cómo identifico mis creencias?

Para conocer las creencias que guían las conductas uno se puede preguntar ¿por qué hago esto? ¿Qué pasaría si no lo hiciera?  Una vez identificadas habrá que cambiarlas, para lo cual la experiencia de un coach puede ser de gran ayuda.  ¿Que pasa cuando modifique mis creencias?

Las creencias no son más que afirmaciones sobre nuestra interpretación del mundo y sobre nuestra persona.  Por tanto, al cambiar una creencia, también cambiará buena parte de nuestro comportamiento y de nuestra relación con los demás.

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Problemas de pareja

Miércoles, julio 22nd, 2009

Los problemas de pareja son algo bastante corriente en las relaciones humanas.  Si uno vive en pareja existe una alta probabilidad de que en algún momento de la relación se genere algún conflicto, ya sea por dejar las cosas tiradas sobre el sofá, por no hacer la comida, por no limpiar la casa, por no sacar el perro a pasear o por no bañar y acostar a los niños después de un duro día de trabajo.  La pregunta es ¿se pueden evitar algunos de estos problemas que generan tensión y malestar en la pareja?

Si, es posible minimizar el número de disputas en la relación de pareja, siempre y cuando exista amor y la convivencia en pareja se entienda como un compartir las tareas y no como una lucha de poderes en la que un miembro de la pareja debe imponerse al otro.  ¿Qué puedo hacer para mejorar mi relación de pareja?

Una de las cosas que se puede hacer es modificar aquellos comportamientos que generen tensión en la pareja.  Por ejemplo, dejar la ropa tirada por el salón, la cocina y la habitación es uno de esos comportamientos que puede generar tensión y, sin embargo, es fácilmente modificable.  El modificar este comportamiento implica que nuestra relación de pareja mejorará en el corto plazo y que a largo plazo adquiriré una nueva habilidad que modificará mi identidad a mejor.  ¿Qué me impide modificar este comportamiento para mejorar mi relación de pareja?

Por norma general esto es debido a las creencias que tenemos y que hemos ido adquiriendo a lo largo de nuestra vida.  Las creencias no son más que afirmaciones sobre nuestra interpretación del mundo y sobre nuestra persona.  Si yo creo que la persona que está conmigo debe cuidarme y servirme, entonces es muy probable que no ayude en las tareas domésticas.  Sin embargo, si yo creo que convivo con una persona para compartir la vida, entonces será mucho más sencillo modificar aquellos comportamientos que me ayudarán a mejorar la relación. Por tanto, al cambiar una creencia, también cambiará buena parte de nuestro comportamiento.  ¿Cómo puedo identificar mis creencias?

Para conocer las creencias que guían tus conductas puedes preguntarte ¿por qué haces esto? ¿Qué pasaría si no lo hicieras?  O bien puedes buscar la ayuda de un coach que te ayude a identificar aquellas creencias que limitan tu desarrollo para la consecución de un objetivo.

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Obstáculos

Martes, mayo 12th, 2009

Los obstáculos son impedimentos, dificultades o inconvenientes que encontramos en nuestro camino hacia nuestro objetivo.  Algunos de estos obstáculos pueden llegar a ser de tal magnitud que hacen que fracasemos en nuestro intento por conseguir nuestros sueños, por mucho que estos nos atraigan.

En su libro “Cuentos para pensar“, Jorge Bucay nos deleita con una “meditación guiada” que nos permite “explorar las verdaderas razones de algunos de nuestros fracasos” y que evoca cómo pueden sentirse algunas personas durante un proceso de coaching, por lo que considero relevante escribir dicho relato tal y como lo escribió el autor para que podáis disfrutar de él.

Voy caminando por un sendero.

Dejo que mis pies me lleven.

Mis ojos se posan en los árboles, en los pájaros, en las piedras.

En el horizonte se recorta la silueta de una ciudad.

Agudizo la mirada para distinguirla bien.

Siento que la ciudad me atrae.

Sin saber cómo, me doy cuenta de que en esta ciudad puedo encontrar todo lo que deseo.

Todas mis metas, mis objetivos y mis logros.

Mis ambiciones y mis sueños están en esa ciudad.

Lo que quiero conseguir, lo que necesito, lo que más me gustaría ser, aquello a lo que aspiro, lo que intento, por lo que trabajo, lo que siempre ambicioné, aquello que sería el mayor de mis éxitos.

Me imagino que todo está en ese ciudad.

Sin dudar, empiezo a caminar hacia ella.

Al poco de empezar a andar, el sendero se hace cuesta arriba.

Me canso un poco, pero no importa.

Sigo.

Diviso una sombra negra, más adelante, en el camino.

Al acercarme, veo que una enorme zanja impide mi paso.

Temo… Dudo.

Me enoja que mi meta no pueda conseguirse fácilmente.

De todas maneras, decido saltar la zanja.

Retrocedo, tomo impulso y salto…

Consigo pasarla.

Me repongo y sigo caminando.

Unos metros más adelante, aparece otra zanja.

Vuelvo a tomar carrera y también salto.

Corro hacia la ciudad: el camino parece despejado.

Me sorprende un abismo que detiene el camino.

Me detengo.

Es imposible saltarlo.

Veo que a un lado hay maderas, clavos y herramientas.

Me doy cuenta de que están allí para construir un puente.

Nunca he sido hábil con mis manos…

… pienso en renunciar.

Miro la meta que deseo… y resisto.

Empiezo a construir el puente.

Pasan horas, días, meses.

El puente está hecho.

Emocionado, lo cruzo

y al llegar al otro lado… descubro el muro.

Un gigantesco muro frío y húmedo rodea la ciudad de mis sueños…

Me siento abatido…

Busco la manera de esquivarlo.

No hay forma.

Debo escalarlo.

La ciudad está tan cerca…

No dejaré que el muro impida mi paso.

Me propongo trepar.

Descanso unos minutos y tomo aire…

De pronto veo,

a un lado del camino,

a un niño que me mira como si me conociera.

Me sonríe con complicidad.

Me recuerda a mi mismo… cuando era niño.

Quizá por eso me atrevo a expresar en voz alta mi queja.

- ¿Por qué tantos obstáculos entre mi objetivo y yo?

El niño encoge de hombros y contesta.

- ¿Por qué me lo preguntas a mi?

Los obstáculos no estaban antes de que tú llegaras…

Los obstáculos los tragiste tú.

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La farola

Jueves, marzo 5th, 2009

La farola no es mas que una metáfora para ayudar a aquellas personas que no saben si deberían realizar un proceso de coaching a identificar aquellas ocasiones en las que les puede venir bien la compañía de un coach.

Imaginemos que estamos paseando por una calle con poca luz en mitad de la noche.  Cada 50 metros nos encontramos con una farola que alumbra unos pocos metros a su alrededor, y entre ellas la oscuridad acecha sin dejarnos ver lo que hay a pocos metros de nosotros.

Ahora imaginemos que se nos caen las llaves de nuestra casa, o de nuestro coche, justo debajo de la luz de una de estas farolas.  Es muy probable que para buscar las llaves no necesitemos a nadie, ya que somos capaces de ver las llaves, agacharnos y recogerlas.

Sin embargo, si las llaves se nos caen en la zona donde no hay luz, es muy probable que necesitemos la ayuda de alguien.  En especial si no somos capaces de ver más allá de nuestras propias narices.

Estos dos casos ilustran de alguna manera cuándo necesitamos que un coach nos acompañe para alcanzar nuestros objetivos.  En el primer caso está claro que la persona es capaz de ver su objetivo, sabe qué tiene que hacer y cómo debe hacerlo, ya que lo está viendo bajo la luz, por la tanto no necesitaría la ayuda de un coach.

En el segundo caso, donde las llaves se encuentran en la zona oscura, es decir, no vemos claramente nuestro objetivo, es donde podemos necesitar la ayuda de una persona que nos ilumine el camino, que nos vaya proporcionando esa luz para que podamos ver lo que tenemos cerca de nosotros.  Este acompañamiento, esta luz, nos puede ser de gran utilidad si existe algún bloqueo que nos impida entrar en la zona más oscura de la calle.  Es en estos momentos cuando la compañía de un coach puede resultar de gran ayuda, ya que este nos puede iluminar  nuestro camino permitiendo así que nos vayamos adentrando más y más en esa zona oscura y desconocida y encontremos nuestro objetivo.

Así que si tus llaves se encuentran en la zona oscura y necesitas que alguien te acompañe y vaya iluminando tu camino, es momento de contactar con un coach.

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Coaching religioso

Jueves, octubre 2nd, 2008

La religión nos ha dado unos mandamientos que seguir, unas creencias en las que basar nuestros actos, una guía que seguir para no perder el camino  hacia la salvación.  Es cierto que durante los últimos años la iglesia ha intentado no estancarse en el pasado, y hasta tal punto ha llegado que hace unos días encontraba un blog donde una iglesia sudamericana, fundada no hace más de 25 años por un doctor y su mujer, abría un espacio para que podamos “edificarnos y conocer más acerca de Dios, su Palabra y Su voluntad“.

Pero los pastores de esta iglesia no se quedaban ahí, sino que además creaban una sección de coaching con el objetivo de que la persona pueda “encontrar esos dones únicos que posees, tus prioridades, y a eliminar cualquier obstáculo que te impida ser, hacer o tener lo que quieres.” Si la iglesia quería ponerse al día parece que ya lo ha conseguido entrando en el mundo de Internet y en el mundo del coaching.

Personalmente pienso que la iglesia tiene que estar acorde con los tiempos que corren y no ser algo que se queda anclado en el pasado, por lo que me alegra comprobar que hasta ellos piensan en el coaching como una herramienta útil para conseguir los objetivos que nos proponemos.  Sin embargo, a fecha de hoy seguía pensando que la función  principal de la iglesia era la de guiar a sus feligreses, la de orientarlos para que no pierdan el camino, para que no se alejen de esos mandamientos y esas creencias que desde niños nos han inculcado.  Algo así como un mentor, un tutor que nos aporta su experiencia para que podamos seguir creciendo.

Por eso me pregunto ¿cómo puede utilizar la iglesia el coaching de una forma no directiva?  ¿Cómo puede eliminar nuestras creencias limitantes cuando algunas nos las han inculcado ellos mismos?

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