Posts Tagged ‘escucha activa’

La pregunta

Domingo, Diciembre 6th, 2009

Las personas utilizamos la pregunta como herramienta para obtener respuestas y saciar así nuestra incansable curiosidad.  ¿Qué hubiera sido del ser humano si no se hubiera preguntado las cosas?  ¿Hubiéramos podido evolucionar como lo hemos hecho o nos hubiéramos quedado anclados junto a nuestros primos los primates?

La pregunta forma parte de nuestra vida.  Es raro que no preguntemos algo a alguna persona en algún momento del día.  Preguntas como ¿cuánto cuesta la entrada? ¿qué hora es? o ¿qué hay de menú? son algo cotidiano.  Incluso en el hipotético caso de que no nos topemos con alguien en 24 horas, siempre nos tendremos a nosotros mismos para satisfacer nuestra propia curiosidad ¿qué me pongo para salir? ¿qué tiempo hará mañana? ¿le llamo o no le llamo?

Es posible que la curiosidad matara al gato.  Y también es posible que una persona que pregunta mucho pueda llegar a parecer pedante o incluso un poco entrometida.  Si el hacer demasiadas preguntas puede darnos una imagen diferente a lo que somos ¿cómo podemos satisfacer nuestra curiosidad sin parecer entrometidos?

Tal vez podamos modelar ciertos comportamientos del coach en sus sesiones con sus clientes.  En estas sesiones, el coach busca lo que llamamos la pregunta poderosa, esa pregunta que hace pensar al cliente, permitiéndole tomar conciencia de alguna situación, comportamiento, creencia o cualquier tema relevante que tengan entre manos.

Quizás sea esta una fórmula para no aparentar ser un entrometido y saciar nuestra sana curiosidad por la gente y las cosas que ocurren en nuestro entorno: el aprender a elaborar preguntas que también diesen en el clavo.  Y ¿cómo puedo aprender a preguntar?

Un comienzo es sustituyendo las preguntas cerradas por preguntas abiertas.  Las preguntas cerradas son aquellas que tienen como respuesta un o un no, mientras que las preguntas abiertas suelen comenzar con un qué, cómo, dónde, cuándo y su respuesta es algo más elaborada.

Obviamente esto no quita para que al realizar una pregunta abierta nuestro interlocutor nos responda con una respuesta automática que tiene almacenada en sus neuronas.  Una respuesta automática es esa respuesta que apenas hemos pensado porque conocemos su respuesta de memoria, como cuando me preguntan ¿cuál es tu color favorito? Apenas tardo una milésima de segundo en responder el rojo, el verde, el azul, el violeta o cualquier otro color.

Según vayamos aprendiendo a hacer preguntas, veremos que tenemos que hacer menos preguntas para recibir la misma información que antes.  Si a esto le sumamos nuestra capacidad para escuchar de forma activa y nuestro interés por las personas, es probable que la percepción de las otras personas hacia nosotros cambie drásticamente.

Y sólo por curiosidad… ¿cuántas preguntas has hecho en lo que va de día?

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Dar consejos

Lunes, Agosto 24th, 2009

¿Quién no ha dado en algún momento de su vida un consejo a alguna persona cuando ha sentido que esta había perdido el rumbo y necesitaba redireccionamiento?  Dar consejos es algo que a todos se nos da muy bien y… “el que esté libre de pecado que lance la primera piedra”.

A lo largo de nuestra vida solemos tener la fortuna de encontrar un interlocutor que quiere tratar algún asunto sobre el que tenemos cierta experiencia.  En estos casos, es posible que a los pocos minutos de oír su discurso es posible que lancemos nuestra ofensiva de consejos para que sean escuchados y asimilados por el receptor de nuestro mensaje.

Al finalizar nuestro discurso es posible que nos sintamos bien: “he hecho lo que tenía que hacer”.  Tal vez hasta nos sintamos aliviados: “la próxima vez ya no me vendrá llorando”.  Es posible que hasta con más experiencia y mundo que la otra persona: “sin mi experiencia y conocimientos esta persona no es capaz de sobrevivir en esta jungla”.  Incluso realizados y libres de culpa: “yo ya se lo he dicho, ahora que haga lo que quiera”.

Efectivamente, las razones por las que nos sentimos impulsados a dar consejos a las personas que nos rodean pueden ser muchas y muy variadas.  Es más, seguro que mientras leemos estos párrafos se nos haya ocurrido una nueva razón para no dejar este hábito.

Esta forma de actuar no es ni buena ni mala, a lo sumo depende de dónde y con quién la apliquemos.  Sin embargo me gustaría llamar la atención del lector en dos puntos con los que se puede sentir reflejado: (i) cómo me afecta cuando no me hacen caso y; (ii) qué impide que la otra persona ponga en práctica mis consejos.

Independientemente de la experiencia que tengamos en el tema; la lógica y entusiasmo que pongamos en nuestro discurso; los datos científicos, estadísticos, o imágenes impactantes que aportemos; nuestros consejos pueden ser ignorados, lo cual puede hacer que nos sintamos frustrados, incomprendidos o que aparezcan otros sentimientos en mi, como la rabia.

Si bien los sentimientos están ahí y será su análisis lo que nos permita comprenderlos y llegar a gestionarlos para que no interfieran en mi vida, tal vez lo que haya hecho que nuestro discurso no haya tenido efecto alguno sea: (i) que no hayamos escuchado de forma activa el asunto que quería tratar la otra persona; (ii) que nuestro discurso no tenga presente las motivaciones que harán que esa persona se ponga en acción.

Aunque hayamos tenido en cuenta todo lo dicho hasta el momento, es muy importante tener presente el papel que juega nuestro interlocutor en todo este asunto.  Por eso es imprescindible percibir si dicha persona está disponible en ese momento para llevar a cabo un cambio en su vida.

Algunas de las lecciones que podemos aprender de todo esto es (i) que no siempre las personas que vienen a comentarnos algo están preparadas para realizar un cambio en ese momento; (ii) que el escuchar de forma activa puede permitirnos hacer preguntas poderosas que hagan que la otra persona se dé cuenta de la solución; (iii) que más que consejos las personas buscan de nosotros que les aportemos aquellas opciones y alternativas que ellos no han sido capaces de encontrar debido a su bloqueo mental temporal.

Tal vez la máxima del día pueda ser “el mejor consejo es aquel que no se da, sino que sale de uno mismo“.

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Negociación

Miércoles, Agosto 19th, 2009

La negociación es una actividad que parece muy complicada de llevar a cabo y donde pocos son los elegidos para triunfar, aunque para aquellas personas que entiendan que negociar es “hoy cedes tú, y mañana yo” puede ser algo muy sencillo.

Como dice Roger Fisher de la Harvard Law School, la negociación puede darse en cualquier lugar y momento del día, desde cuando negociamos en el banco una hipoteca, hasta cuando negociamos con nuestra pareja dónde ir a cenar esa noche o qué película de cine ir a ver juntos.

Si dos personas quieren una misma naranja, la solución que suele darse con mayor frecuencia es que se divida la naranja en dos mitades y se dé una a cada persona.  Esta solución no es mala, si bien la negociación permite que ambas partes obtengan un resultado más satisfactorio.

Para obtener este resultado donde ambas personas ganen “win-win“, el buen negociador debe tener en cuenta: (i) saber lo que yo quiero; (ii) saber lo que quiere la otra persona y; (iii) encontrar los puntos en común.

El coaching nos permite identificar de forma clara y precisa los objetivos que nosotros queremos, a saber qué quiero.  También nos ayuda a la hora de averiguar qué es lo que quiere la otra persona a través del desarrollo de habilidades como la empatía, la comunicación, la escucha activa y las preguntas abiertas.

Una vez hemos identificado los objetivos y necesidades de ambas partes podemos buscar los puntos en común entre ambos y llegar a un acuerdo que permita que ambas partes ganen.  En el ejemplo anterior, una de las partes podía querer la pulpa de la fruta para comérsela, mientras que la otra podía querer la piel para hacer una tarta.  El nuevo acuerdo puede ser mucho más beneficioso que el primero, aunque en un principio el primer acuerdo no parecía malo del todo.

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La frustración del creativo

Miércoles, Octubre 22nd, 2008

La frustración del creativo viene dada cuando le privan de lo que esperaba, es decir, cuando no reconocen el valor de su obra, o lo que es lo mismo, su capacidad creativa.

En el artículo “Coaching creativo” vimos que “la creatividad es la facultad de crear algo de la nada“, mientras que Sir Ken Robinson iba un paso más allá y añadía que “la creatividad es tener ideas originales que tienen valor“.  Y es aquí donde está el meollo de la cuestión ¿quién otorga el valor a las ideas?

El valor lo puede dar el propio jefe, el público o el cliente que ha solicitado el proyecto en cuestión, pero siempre hay alguien que otorga un valor a esa idea.  Ahora bien ¿cómo puede una persona otorgar un valor u otro a una idea original?  Este valor es algo subjetivo que nadie puede medir, sin embargo, una persona le puede dar mayor valor a una idea en función de lo que ésta le aporte.

Entonces es posible que un creativo pueda darle eso que necesita a su cliente, pero ¿cómo puede aportar más?  A través de un mayor conocimiento de su cliente.  Cuánto más sepa sobre él, lo que le gusta hacer, sus anhelos, sus motivaciones, sus preocupaciones, etc. tendrá una idea más clara de hacia dónde debe enfocar su creatividad para aportar a su cliente aquello que busca.

Para ello no sólo deberá formular preguntas abiertas y utilizar la escucha activa para generar otras nuevas, sino que deberá desarrollar estas habilidades para saber formular preguntas más potentes y captar cualquier detalle en sus respuestas, por ínfimo que este pueda ser.

La labor del coach en el desarrollo de habilidades es muy importante, ya que de ello puede depender que una persona siga frustrada o no.  En este caso concreto el coach puede ayudar a modificar la pauta de las preguntas, a desarrollar preguntas más positivas, más potentes, preguntas que puedan ayudar a que el cliente se abra más y esté más receptivo, más cómodo.  Asimismo puede ayudar a desarrollar la escucha activa, de suma importancia para generar nuevas preguntas que nos pueden llevar a lugares donde hasta hoy no habíamos estado.

¿Qué te impide desarrollar tus habilidades hoy mismo para sentirte mejor mañana?

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El hombre perfecto

Domingo, Septiembre 21st, 2008

Al salir a la calle podemos ver a mujeres hermosas con hombres que no tienen el físico de un joven galán ni la musculatura de Stallone.  ¿Qué hace que estos hombres sean “perfectos” para estas mujeres?

Estos hombres han conmovido la sensibilidad de sus compañeras.  Son maestros en el arte de escuchar y se muestran receptivos en todo momento a lo que la mujer que los acompaña tiene que expresar.  Son el confidente ideal.  Así cautivan su sensibilidad.

Pero la sensibilidad no es sólo escuchar y hablar, sino los gestos y las actitudes necesarias para que su deseo se desate.  Estos gestos se descubren mediante el diálogo.  Y es gracias a este diálogo que uno puede percibir la singularidad entre una mujer y otra.

¿Cómo puedo encontrar la sensibilidad de mi compañera?  A través de preguntas abiertas que permitan recabar información sobre lo que le gusta, sus penas y sus alegrías.  Hay que elaborar preguntas que comiencen por: Qué, Cómo, Dónde, Cuándo y Cuánto, las cuales dan pie a respuestas con mayor contenido e información que aquellas que generan sólo una respuesta monosilábica.

Adicionalmente hay que practicar la escucha activa, la cual permitirá generar nuevas preguntas y nos evitará caer en los errores más comunes del “hombre imperfecto“.  El típico “¡es que no me escuchas!” es un aviso para saber si vamos por el buen camino.  Si lo oímos muy a menudo… ¡algo estamos haciendo mal!

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Escucha activa

Sábado, Septiembre 13th, 2008

¿Cuántas veces hemos dicho a alguna persona “¡Es que no me escuchas!“?

No es difícil encontrarte en el trabajo, en la calle e incluso en tu propia casa, con personas que te oyen, es decir,  que perciben con el oído los sonidos que salen de tu boca, pero no los escuchan, no prestan atención a lo que oyen, por lo que no reciben el mensaje que queremos transmitir.

Este tipo de personas suelen tener el foco de atención sobre sí mismos.  Se distraen fácilmente con su diálogo interno, mientras están pensando en la pregunta que nos van a hacer cuando cojamos aire de nuevo.  Normalmente sólo oyen palabras que se filtran entre su diálogo, perdiendo la verdadera esencia del mensaje.  Suelen hacer interpretaciones a partir de una palabra suelta y, además, son ellos quienes dirigen la conversación.

Pero ¿cómo podemos evitar ser nosotros uno de estos personajes tan molestos?  ¿Cómo podemos practicar la escucha eficaz?

El nivel más alto de escucha es aquel en el que se escucha de forma global lo que la otra persona dice, y lo que no dice -expresado a través de su lenguaje corporal.  Se le suele preguntar para confirmar lo que se entiende de ambos lenguajes, teniendo en cuenta todos los elementos, palabras, tonos, respiración, etc.  Se evita interpretar y ser directivo.  Se resume y parafrasea lo que dice el interlocutor para asegurar la claridad y el entendimiento.

A continuación cito algunos consejos para conseguir este nivel de escucha:

En pocas semanas nos estarán diciendo “¡Me encanta hablar contigo, porque escuchas lo que tengo que decir!

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Miradas condescendientes

Viernes, Septiembre 5th, 2008

Después de leer el comentario que Eduardo Gutiérrez dejó en mi artículo “La Paradoja Rural” he creído oportuno pararme a reflexionar sobre sus palabras, las cuales cito a continuación:”Los urbanitas miran con condescendencia a los de los pueblos, sin sospechar con cuanta conmiseración los miramos nosotros a ellos, encerrados en sus ciudades.

A principios del siglo pasado la diferencia de clases era algo muy marcado en nuestra sociedad.  Los habitantes de las zonas rurales eran considerados como “paletos“.  Gente que, debido a sus circunstancias, no había tenido la suerte de tener una educación digna y que, por tanto, lo único que podían hacer para subsistir en este duro mundo era dedicarse al ganado y a la agricultura.

En esta época, el médico, el cura y el agente de policía eran las máximas autoridades, pudiendo solucionar  la mayoría de  los problemas que aquellas gentes pudieran tener en su día a día, desde disputas entre vecinos, pasando por dolencias derivadas del trabajo hasta aquellas producidas por el espíritu.

La pobreza de los menos afortunados podía llegar a tal extremo que en algunos casos se pagaba al médico con huevos, cebollas, chorizos, o cualquier cosa que hubiera producido la tierra durante los últimos días.  Esta situación podía hacer que, los entonces urbanitas, se acercaran a las zonas rurales y miraran a su población con ojos de superioridad, pudiendo reírse de ellos en más de una ocasión y humillándolos para “pasar el rato”.

Por norma general los padres siempre quieren “lo mejor” para sus hijos.  Es entonces normal pensar que, si no tienes luz eléctrica, ni agua corriente, vistes a tu familia con harapos, y los “veraneantes” te humillan y se ríen de tu familia cada vez que vienen como forma de diversión; lo que quieres es sacar a tus hijos de esas penurias para que sean “hombres de provecho“, aunque tú sigas sufriendo las mismas calamidades.

Pero hoy en día, en pleno siglo XXI, viviendo en la “Sociedad de la Información”, donde Internet está al alcance de todos, donde la gran mayoría de nosotros hemos tenido la suerte de una educación “más que digna”, donde la recogida de la patata y la fresa la realizan temporeros de otros países menos desarrollados que el nuestro ¿cómo es posible que el urbanita mire con condescendencia a la gente de  las zonas rurales?  ¿Cómo es posible que ese urbanita no se acuerde de sus raíces?  ¿Cómo es posible que no se dé cuenta que la persona que está frente a él puede tener su misma formación, pero ha elegido vivir en un ambiente más natural?  ¿Cómo no se da cuenta de que esa persona es feliz?

Mientras tanto “el hombre rural” siente pena por nosotros, porque sufrimos de estrés; porque vivimos rodeados de asfalto y hormigón que generan un microclima “anormal”; porque por mucho cristal que pongamos a nuestros muros seguimos extrañando nuestra libertad; porque sólo en los días con menor nivel de contaminación somos capaces de ver la Sierra; porque el sonido más agradable que escuchamos en todo el día es la bocina del coche tuneado que nos pide paso al cambiar de color el semáforo.

¿Y si fuésemos capaces de escuchar a estas personas?  ¿Qué nos podrían aportar desde su mundo?  ¿Qué podríamos aprender de ellos?  ¿Y ellos de nosotros?  ¿Cómo podrían ayudarnos para que nuestras vidas fuesen más felices y tranquilas?  ¿Cómo podríamos harmonizar ambos mundos?  ¿Cómo podríamos aumentar nuestra autoestima sin tener que humillar a otras personas?

Ahora es vuestro turno.  Ahora podeis comenzar a dejar vuestros comentarios para que entre todos podamos iniciar una nueva andadura en común. ¡Este es el momento del cambio, no lo dejes escapar!

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