Artículos etiquetados ‘escucha activa’

No eres tú

Domingo, 29 mayo, 2011

Desde hace algún tiempo conozco a una mujer con la que de vez en cuando tengo la oportunidad de cruzar alguna palabra en un ambiente distendido que nos permite una conversación cuyo único objetivo es disminuir la tensión del día durante unos minutos.

Pues bien, durante uno de estos encuentros, y mientras la conversación saltaba de tema en tema cual saltamontes por el campo, esta chica murmuró con voz tímida “a mi nunca me han invitado a tomar una cerveza”.

Cualquier caballero despierto hubiera detectado un clamor en esa frase y, claro, uno no tiene dudas de lo que debe hacer cuando alguien le dice algo así, por lo que sin perder ni un segundo lancé un “¡te invito a tomar una cerveza!”.

Si fueras hombre ¿hubieras hecho algo diferente? Y si fueras mujer ¿cómo hubieras contestado? La verdad es que la réplica que obtuve de esta mujer fue tan interesante como aplastante hubiera sido para alguien con menos experiencia en estas lides. “No gracias, tú no eres el chico que me gusta” – fue la respuesta que obtuve.

Algunas personas podrán opinar que la contestación pudo ser poco acertada o que la chica pudo ser un poco borde, pero independientemente de nuestra opinión, esta frase muestra en cierta medida lo que cada uno de nosotros estamos esperando y muchas veces no llegamos a expresar con palabras… ¡que nos invite a salir la persona que nos gusta! ¡Eso es lo que todos queremos!

La persona que nos gusta suele ser una fantasía que tenemos en nuestra cabeza, una fantasía que pocas veces llega a cumplirse completamente y, tal vez por eso, algunas de nuestras relaciones terminen en fracaso estrepitoso, ya que nunca conseguimos satisfacer nuestras expectativas iniciales.

La persona que tenemos en nuestra cabeza, y que forma parte de ese estereotipo de hombre o mujer ideal, debe tener una serie de cualidades, tanto físicas como personales, que nos llamen la atención, que nos alegren el día – y la noche – y que nos permitan disfrutar de la vida.

No es raro encontrarnos con personas que buscan activamente a esa pareja con la que compartir su tiempo. Y otras que sólo esperan que caiga del cielo como el tan esperado maná. En ambos casos estas actitudes pueden hacer que no veamos el árbol por estar mirando el bosque o que esperemos que sean los árboles los que tengan que venir a nosotros.

Es cierto que nuestra sociedad nos ha acostumbrado a que las oportunidades no se pierden, y que si pierdes este tren, siempre habrá otro unos minutos más tarde, pero ¿y si esto no es así? En los países anglosajones no nos suelen ofrecer dos veces algo. Si lo quieres, lo coges cuando te lo ofrecen. Y si no lo haces en ese momento… ¡lo has perdido!

Además, aunque la persona que tienes frente a ti no sea el hombre o la mujer de tu vida con quien vayas a tener una familia ¿quién te dice a ti que no vayas a tener una conversación agradable y divertida? ¿Cómo sabes que no puede aportar algo a tu vida?

Nuestros amigos nos suelen sugerir que no busquemos a esa persona con la que compartir nuestra vida, que ya llegará en el momento más inesperado. Sin embargo, muchas veces desaprovechamos oportunidades que nos pueden abrir nuevos caminos hacia esa persona que realmente tenemos en nuestra cabeza.

Independientemente de lo que hagamos es importante tener una idea clara de la persona con la que queremos compartir nuestra vida. Una idea real de lo que podemos esperar de ella y no un cuento que esperamos que llegue a buen término.

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Fuga de talentos

Miércoles, 9 febrero, 2011

El progresivo envejecimiento de la población alemana y el equilibrio aparente de algunas profesiones (número de estudiantes que se licencian al año frente a los profesionales que se jubilan en el mismo periodo), hace que la industria de ese país necesite cubrir parte de sus necesidades de recursos humanos con inmigrantes cualificados de otros países de la Unión.

La buena prensa de los ingenieros españoles, unido a las necesidades de Alemania por conseguir profesionales cualificados, ha hecho que su Canciller, Angela Merckel, haya invitado a los ingenieros de nuestro país a trabajar en el suyo, algo que inicialmente parece ser un beneficio para ambas partes, debido a la escasez de empleo en nuestro país y a las necesidades de nuestro anfitrión.

La falta de preparación de nuestros políticos en materias vitales para el desarrollo de nuestro país, unido a su desmesurada preocupación por los intereses partidistas, hace que la invitación de la Canciller alemana sea muy atractiva para los jóvenes mejor formados, y para los más audaces, quienes no sólo se largarán de casa, sino que también lo harán del país que los formó.

Aunque algunos catedráticos afirman que la fuga de talento de nuestro país no tiene mucho efecto sobre la competitividad de España a nivel cuantitativo, es posible que la marcha de una persona con talento de una empresa pequeña suponga un impacto considerable para dicha organización.

Para evitar que el talento se traslade a la competencia la primera idea que nos puede surgir es ofrecerle un aumento de sueldo. Dicho esto, habría que tener en cuenta las palabras que el Presidente de una consultora internacional me dijo hace unos años frente a la pregunta de aumentar el sueldo a las personas que decían que se iban de la empresa: “puedes retener a las personas en el proyecto hasta que este finalice si las aumentas el salario, pero si verdaderamente están a disgusto en la empresa, en menos de seis meses estarán saliendo por esa puerta”.

En un momento de esplendor económico es posible que las empresas se puedan permitir el lujo de aumentar el salario de sus empleados, pero en una situación de crisis como la actual, donde la tendencia de las empresas es congelar o bajar los salarios para hacer más competitivos sus productos, esta técnica está fuera de todo lugar, Por lo tanto, la pregunta que se pueden hacer algunos Directores Generales es: ¿cómo retengo a mis empleados cuando les estoy dando más carga de trabajo sin aumentarles el sueldo?

A fecha de hoy esto es bastante sencillo, basta con informarles de cuánto van a cobrar si se van al paro, de la tasa de contratación de personal cualificado en las empresas españolas, y del recorte en la prestación social. Esta información puede hacer que un elevado porcentaje de trabajadores intenten mantener su puesto de trabajo, pero al mismo tiempo provocará una reacción negativa en ellos al sentirse maltratados por la empresa. Esto puede tener como consecuencia casi inmediata empleados que vienen a trabajar con el ceño fruncido, insatisfechos, que rinden menos en el trabajo, que cualquier disculpa es buena para no estar en su puesto, y que provocan un malestar generalizado entre el resto del equipo. Entonces ¿cómo puedo hacer para que vengan contentos a trabajar todos los días?

Está claro que el dinero no da la felicidad, pero ayuda bastante. Las personas solemos querer más, aumentar nuestro patrimonio personal para de alguna forma mostrar a los demás nuestro éxito personal. Pero pensar que el dinero es la solución para retener a mis empleados puede ser una limitación a nuestra creatividad. Las personas tenemos nuestras necesidades puntuales que no siempre tienen que estar asociadas al dinero.

Los momentos de crisis nos permiten ser más creativos en nuestras soluciones, por eso es importante saber cuáles son los intereses de la empresa y los de nuestros empleados. Si bien es cierto que los convenios colectivos han sido un salto cualitativo en cuanto a los derechos de los trabajadores se refiere, no es menos cierto que a la hora de retener el talento en una empresa es fundamental enfocarse en los intereses particulares de cada persona para poder realizar una buena negociación que beneficie a ambas partes.

El mostrar interés por las personas es una inversión que sale barata al final del día. Utilizar la escucha activa y romper con ciertas creencias que limitan la creatividad es fundamental en estos casos. El formular preguntas abiertas suele ayudar a obtener respuestas con valor, pero es cada persona la que sabe lo que es lo mejor para su negocio así que… ¿qué fórmulas se te ocurren para evitar esta fuga de talento de tu empresa?

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Relaciones destructivas

Martes, 9 noviembre, 2010

Hay parejas cuya relación comienza a deteriorarse tras años de vida en común.  Aunque nadie puede dar una respuesta exacta sobre las causas por las que una pareja comienza a distanciarse, lo que parece común a todas ellas es que los problemas comienzan a amontonarse uno encima del otro y, al final, no se sabe cómo gestionarlos.  Las causas que inician este alejamiento pueden ser tan dispares como la educación de los hijos, la ausencia de vástagos, la divergencia de opiniones en asuntos de importancia, un cambio de intereses o que una parte se siente menos querida.  Independientemente de la causa inicial, la comunicación en la pareja se ve afectada de manera directa, lo cual puede llevar a la ruptura de la pareja finalmente.

Según el I.N.E. el número de divorcios en nuestro país ha bajado un punto desde 2006.  Aunque me encantaría poder decir que esto ha sido debido al trabajo realizado por psicólogos y coaches, me temo que debo reconocer que ha sido debido a la crisis económica que estamos sufriendo desde hace cuatro años.  Durante este periodo las parejas que quieren separarse analizan los pros y los contras de una separación y concluyen que la mejor solución es divorciarse más adelante, cuando la economía vaya mejor, y por el momento seguir compartiendo los gastos de la casa, los colegios, la comida, el alquiler o la hipoteca para mantener el nivel de vida que venían disfrutando hasta el momento.

Si la opción elegida es la de vivir en el hogar conyugal y mantener vidas separadas es importante que la comunicación de la pareja no se convierta en destructiva.  Entiendo que la comunicación es destructiva cuando en una conversación se utilizan palabras que denotan desprecio, desaprobación, agresividad o resentimiento y cuyo único objetivo es “dañar a la otra persona”.  Aunque existe una motivación interna en cada persona para lanzar este tipo de ofensas a la cara de la otra persona, hay que tener en cuenta que al entrar en este círculo vicioso la persona deja de valorar aquellas cualidades que vio en su amante al comienzo de la relación y que en parte fueron las instigadoras de unirse como pareja.

Lo bueno de las relaciones humanas es que se pueden arreglar, pero para ello hay que desearlo.  Está claro que una terapia de pareja no sirve para nada si una de las partes está obstinada en no hablar y se queda encerrada en su mundo, pero asumiendo que exista un interés común por ambas partes, la terapia crea el marco para que la pareja pueda comenzar a comunicarse.

La creación de un marco diferente al que estaban acostumbrados permite desarrollar ciertas habilidades de comunicación que hasta ahora se tenían olvidadas en el baúl de los recuerdos, además de adquirir nuevos comportamientos que mejoran la escucha activa.  Sin embargo, e independientemente de si la pareja acude o no a una terapia, hay que tener presente cómo reacciona cada miembro de la pareja cuando se le plantea un problema.

Es de todos sabido que el hombre está programado para dar soluciones a los problemas que se le plantean, y eso es lo que la sociedad espera de él.  Cuando recibe un problema, el hombre entra en su cueva para meditar sobre el asunto.  Sólo cuando obtiene la solución saldrá para comunicarla al resto de los mortales.  Mientras tanto no quiere ser interrumpidos por nadie.  Es más, si alguien le pregunta por el asunto en cuestión mientras está cavilando, se irrita, pudiendo llegar a dar contestaciones poco afortunadas.  De igual manera, si no puede solucionar sus problemas por sí mismo, el hombre se siente mal, ya que su obligación como líder de la manada es solventarlo sin ayuda de nadie.

El comportamiento de la mujer cuando tiene un problema es diametralmente opuesto al de su compañero.  Cuando algo atormenta a la mujer, ésta llama por teléfono a sus amigas o queda con ellas para tomar un café y charlar sobre el asunto.  La mujer busca ayuda en otras personas porque la sociedad entiende que necesite apoyarse en otros.  De hecho pone en común sus preocupaciones con sus seres más allegados.  Es más, no la importa que nadie la pregunte sobre el tema cuando todavía está en proceso de análisis, ya que esto la puede dar un punto de vista nuevo o ayudar en su enfoque.

Al ser conscientes de que nos comportamos de forma diferente al analizar una misma situación y que una misma realidad es percibida de forma diferente por las distintas personas, seremos capaces de entender a nuestra pareja y de modificar nuestro comportamiento en la medida que sea necesario sin perder nuestra identidad ni nuestros valores personales.

Independientemente de lo que ocurra en la pareja hay que tener en cuenta que la comunicación es esencial para que la relación fructifique o, si ha de concluir, lo haga de una manera amistosa donde no queden emociones de rabia o resentimiento. Es imprescindible saber escuchar de forma activa y saber qué es lo que quiere la otra persona con el único objetivo de evitar una ruptura de pareja por falta de interés o porque no sabemos lo que queremos.

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Qué quiere ella

Jueves, 25 marzo, 2010

La miras.  La sonríes.  Te acercas a ella.  Hablas con ella.  Quedas para otro día.  Y otro.  Y otro.  Y de pronto, un día, como por arte de magia, te das cuenta de que has comenzado una nueva relación de pareja.  Sin embargo, después de varios meses con esa persona aparecen en tu cabeza frases como “no hay quién la entienda“, “nunca los comprenderé“, “no podemos vivir sin ellas, ni con ellas“, “pueden pasar más de mil años y aún así no sé lo que quieres“.

Si una persona no tiene interés por saber lo que quiere su pareja, una de las alternativas es vivir sola.  Ser soltero es una opción de vida que nos permite la sociedad actual sin ser tachado de bicho raro, de solterona o de amargado.  La persona soltera opta por no compartir su vida con nadie o, cuando lo hace, es para realizar actividades de ocio con otras personas con los mismos intereses, o incluso para satisfacer sus necesidades fisiológicas con personas que tampoco quieren ningún compromiso a corto plazo.  De esta forma el soltero se convierte en una persona sin responsabilidades ni ataduras.  Un ser libre.  Una forma de vida que puede ser muy apetecible para algunos, pero que al mismo tiempo tiene sus desventajas emocionales, como puede ser el llegar a una casa vacía donde lo único que te espera es el silencio.

Otra de las alternativas que puede permitirnos comprender mejor a nuestra pareja es tener una del mismo sexo.  Hoy en día pocas personas se asustan cuando escuchan la palabra “gay” u “homosexual“, y no es raro encontrarse con personas que tienen más de un amigo o conocido “gay” en alguno de sus grupos de contacto más habituales.  El tener una pareja del mismo sexo es una opción que puede ser percibida por algunas personas como de mayor sintonía, ya que al ser del mismo sexo nos pueden gustar las mismas cosas y tener un pensamiento más similar y acorde con el nuestro, evitando así malentendidos entre ambas partes.

En cualquier caso, tanto si estamos solteros como si tenemos una pareja heterosexual u homosexual, hay que tener en cuenta que no todas las personas tienen la misma facilidad para comunicarse con sus semejantes.  Incluso cuando se comunican, pueden emitir mensajes contradictorios, dificultando y confundiendo al receptor.

También hay que tener en cuenta que si a una persona le puede costar responder a la pregunta ¿qué es lo que quiero? no es raro que le cueste aún más responder a la pregunta ¿qué es lo que quiere mi pareja?

El objeto de realizar esta pregunta no es ser una persona sumisa que hace todo lo que quiere su cónyuge, sino para tener la capacidad de identificar los intereses de la otra persona y alinearlos con los míos para conseguir un objetivo común: el ser feliz.   Inconscientemente esto nos facilita el poder realizar preguntas abiertas y desarrollar la escucha activa poniendo de relevancia la comunicación basada en intereses y no en las posiciones de cada parte.

La lección que podemos aprender de todo esto es que mientras en el último cuarto del siglo XX se asentaron en nuestro país las bases para la igualdad entre hombres y mujeres, se aceptaron los mismos derechos para ambos sexos ante la ley, se allanó el acceso de la mujer a los puestos de trabajo garantizando así su independencia económica, y se derrumbaron algunas creencias que consideraban a las mujeres solteras o divorciadas como bichos raros, madres malvadas o indignas esposas, la comunicación entre ambos sexos no ha sufrió la misma evolución.

Está ahora en nosotros el cambiar y mejorar la comunicación de pareja para evitar que dentro de unos meses surjan en nuestra mente frases como “no te entiendo“.

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La pregunta

Domingo, 6 diciembre, 2009

Las personas utilizamos la pregunta como herramienta para obtener respuestas y saciar así nuestra incansable curiosidad.  ¿Qué hubiera sido del ser humano si no se hubiera preguntado las cosas?  ¿Hubiéramos podido evolucionar como lo hemos hecho o nos hubiéramos quedado anclados junto a nuestros primos los primates?

La pregunta forma parte de nuestra vida.  Es raro que no preguntemos algo a alguna persona en algún momento del día.  Preguntas como ¿cuánto cuesta la entrada? ¿qué hora es? o ¿qué hay de menú? son algo cotidiano.  Incluso en el hipotético caso de que no nos topemos con alguien en 24 horas, siempre nos tendremos a nosotros mismos para satisfacer nuestra propia curiosidad ¿qué me pongo para salir? ¿qué tiempo hará mañana? ¿le llamo o no le llamo?

Es posible que la curiosidad matara al gato.  Y también es posible que una persona que pregunta mucho pueda llegar a parecer pedante o incluso un poco entrometida.  Si el hacer demasiadas preguntas puede darnos una imagen diferente a lo que somos ¿cómo podemos satisfacer nuestra curiosidad sin parecer entrometidos?

Tal vez podamos modelar ciertos comportamientos del coach en sus sesiones con sus clientes.  En estas sesiones, el coach busca lo que llamamos la pregunta poderosa, esa pregunta que hace pensar al cliente, permitiéndole tomar conciencia de alguna situación, comportamiento, creencia o cualquier tema relevante que tengan entre manos.

Quizás sea esta una fórmula para no aparentar ser un entrometido y saciar nuestra sana curiosidad por la gente y las cosas que ocurren en nuestro entorno: el aprender a elaborar preguntas que también diesen en el clavo.  Y ¿cómo puedo aprender a preguntar?

Un comienzo es sustituyendo las preguntas cerradas por preguntas abiertas.  Las preguntas cerradas son aquellas que tienen como respuesta un o un no, mientras que las preguntas abiertas suelen comenzar con un qué, cómo, dónde, cuándo y su respuesta es algo más elaborada.

Obviamente esto no quita para que al realizar una pregunta abierta nuestro interlocutor nos responda con una respuesta automática que tiene almacenada en sus neuronas.  Una respuesta automática es esa respuesta que apenas hemos pensado porque conocemos su respuesta de memoria, como cuando me preguntan ¿cuál es tu color favorito? Apenas tardo una milésima de segundo en responder el rojo, el verde, el azul, el violeta o cualquier otro color.

Según vayamos aprendiendo a hacer preguntas, veremos que tenemos que hacer menos preguntas para recibir la misma información que antes.  Si a esto le sumamos nuestra capacidad para escuchar de forma activa y nuestro interés por las personas, es probable que la percepción de las otras personas hacia nosotros cambie drásticamente.

Y sólo por curiosidad… ¿cuántas preguntas has hecho en lo que va de día?

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Dar consejos

Lunes, 24 agosto, 2009

¿Quién no ha dado en algún momento de su vida un consejo a alguna persona cuando ha sentido que esta había perdido el rumbo y necesitaba redireccionamiento?  Dar consejos es algo que a todos se nos da muy bien y… “el que esté libre de pecado que lance la primera piedra”.

A lo largo de nuestra vida solemos tener la fortuna de encontrar un interlocutor que quiere tratar algún asunto sobre el que tenemos cierta experiencia.  En estos casos, es posible que a los pocos minutos de oír su discurso es posible que lancemos nuestra ofensiva de consejos para que sean escuchados y asimilados por el receptor de nuestro mensaje.

Al finalizar nuestro discurso es posible que nos sintamos bien: “he hecho lo que tenía que hacer”.  Tal vez hasta nos sintamos aliviados: “la próxima vez ya no me vendrá llorando”.  Es posible que hasta con más experiencia y mundo que la otra persona: “sin mi experiencia y conocimientos esta persona no es capaz de sobrevivir en esta jungla”.  Incluso realizados y libres de culpa: “yo ya se lo he dicho, ahora que haga lo que quiera”.

Efectivamente, las razones por las que nos sentimos impulsados a dar consejos a las personas que nos rodean pueden ser muchas y muy variadas.  Es más, seguro que mientras leemos estos párrafos se nos haya ocurrido una nueva razón para no dejar este hábito.

Esta forma de actuar no es ni buena ni mala, a lo sumo depende de dónde y con quién la apliquemos.  Sin embargo me gustaría llamar la atención del lector en dos puntos con los que se puede sentir reflejado: (i) cómo me afecta cuando no me hacen caso y; (ii) qué impide que la otra persona ponga en práctica mis consejos.

Independientemente de la experiencia que tengamos en el tema; la lógica y entusiasmo que pongamos en nuestro discurso; los datos científicos, estadísticos, o imágenes impactantes que aportemos; nuestros consejos pueden ser ignorados, lo cual puede hacer que nos sintamos frustrados, incomprendidos o que aparezcan otros sentimientos en mi, como la rabia.

Si bien los sentimientos están ahí y será su análisis lo que nos permita comprenderlos y llegar a gestionarlos para que no interfieran en mi vida, tal vez lo que haya hecho que nuestro discurso no haya tenido efecto alguno sea: (i) que no hayamos escuchado de forma activa el asunto que quería tratar la otra persona; (ii) que nuestro discurso no tenga presente las motivaciones que harán que esa persona se ponga en acción.

Aunque hayamos tenido en cuenta todo lo dicho hasta el momento, es muy importante tener presente el papel que juega nuestro interlocutor en todo este asunto.  Por eso es imprescindible percibir si dicha persona está disponible en ese momento para llevar a cabo un cambio en su vida.

Algunas de las lecciones que podemos aprender de todo esto es (i) que no siempre las personas que vienen a comentarnos algo están preparadas para realizar un cambio en ese momento; (ii) que el escuchar de forma activa puede permitirnos hacer preguntas poderosas que hagan que la otra persona se dé cuenta de la solución; (iii) que más que consejos las personas buscan de nosotros que les aportemos aquellas opciones y alternativas que ellos no han sido capaces de encontrar debido a su bloqueo mental temporal.

Tal vez la máxima del día pueda ser “el mejor consejo es aquel que no se da, sino que sale de uno mismo“.

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Negociación

Miércoles, 19 agosto, 2009

La negociación es una actividad que parece muy complicada de llevar a cabo y donde pocos son los elegidos para triunfar, aunque para aquellas personas que entiendan que negociar es “hoy cedes tú, y mañana yo” puede ser algo muy sencillo.

Como dice Roger Fisher de la Harvard Law School, la negociación puede darse en cualquier lugar y momento del día, desde cuando negociamos en el banco una hipoteca, hasta cuando negociamos con nuestra pareja dónde ir a cenar esa noche o qué película de cine ir a ver juntos.

Si dos personas quieren una misma naranja, la solución que suele darse con mayor frecuencia es que se divida la naranja en dos mitades y se dé una a cada persona.  Esta solución no es mala, si bien la negociación permite que ambas partes obtengan un resultado más satisfactorio.

Para obtener este resultado donde ambas personas ganen “win-win“, el buen negociador debe tener en cuenta: (i) saber lo que yo quiero; (ii) saber lo que quiere la otra persona y; (iii) encontrar los puntos en común.

El coaching nos permite identificar de forma clara y precisa los objetivos que nosotros queremos, a saber qué quiero.  También nos ayuda a la hora de averiguar qué es lo que quiere la otra persona a través del desarrollo de habilidades como la empatía, la comunicación, la escucha activa y las preguntas abiertas.

Una vez hemos identificado los objetivos y necesidades de ambas partes podemos buscar los puntos en común entre ambos y llegar a un acuerdo que permita que ambas partes ganen.  En el ejemplo anterior, una de las partes podía querer la pulpa de la fruta para comérsela, mientras que la otra podía querer la piel para hacer una tarta.  El nuevo acuerdo puede ser mucho más beneficioso que el primero, aunque en un principio el primer acuerdo no parecía malo del todo.

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La frustración del creativo

Miércoles, 22 octubre, 2008

La frustración del creativo viene dada cuando le privan de lo que esperaba, es decir, cuando no reconocen el valor de su obra, o lo que es lo mismo, su capacidad creativa.

En el artículo “Coaching creativo” vimos que “la creatividad es la facultad de crear algo de la nada“, mientras que Sir Ken Robinson iba un paso más allá y añadía que “la creatividad es tener ideas originales que tienen valor“.  Y es aquí donde está el meollo de la cuestión ¿quién otorga el valor a las ideas?

El valor lo puede dar el propio jefe, el público o el cliente que ha solicitado el proyecto en cuestión, pero siempre hay alguien que otorga un valor a esa idea.  Ahora bien ¿cómo puede una persona otorgar un valor u otro a una idea original?  Este valor es algo subjetivo que nadie puede medir, sin embargo, una persona le puede dar mayor valor a una idea en función de lo que ésta le aporte.

Entonces es posible que un creativo pueda darle eso que necesita a su cliente, pero ¿cómo puede aportar más?  A través de un mayor conocimiento de su cliente.  Cuánto más sepa sobre él, lo que le gusta hacer, sus anhelos, sus motivaciones, sus preocupaciones, etc. tendrá una idea más clara de hacia dónde debe enfocar su creatividad para aportar a su cliente aquello que busca.

Para ello no sólo deberá formular preguntas abiertas y utilizar la escucha activa para generar otras nuevas, sino que deberá desarrollar estas habilidades para saber formular preguntas más potentes y captar cualquier detalle en sus respuestas, por ínfimo que este pueda ser.

La labor del coach en el desarrollo de habilidades es muy importante, ya que de ello puede depender que una persona siga frustrada o no.  En este caso concreto el coach puede ayudar a modificar la pauta de las preguntas, a desarrollar preguntas más positivas, más potentes, preguntas que puedan ayudar a que el cliente se abra más y esté más receptivo, más cómodo.  Asimismo puede ayudar a desarrollar la escucha activa, de suma importancia para generar nuevas preguntas que nos pueden llevar a lugares donde hasta hoy no habíamos estado.

¿Qué te impide desarrollar tus habilidades hoy mismo para sentirte mejor mañana?

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El hombre perfecto

Domingo, 21 septiembre, 2008

Al salir a la calle podemos ver a mujeres hermosas con hombres que no tienen el físico de un joven galán ni la musculatura de Stallone.  ¿Qué hace que estos hombres sean “perfectos” para estas mujeres?

Estos hombres han conmovido la sensibilidad de sus compañeras.  Son maestros en el arte de escuchar y se muestran receptivos en todo momento a lo que la mujer que los acompaña tiene que expresar.  Son el confidente ideal.  Así cautivan su sensibilidad.

Pero la sensibilidad no es sólo escuchar y hablar, sino los gestos y las actitudes necesarias para que su deseo se desate.  Estos gestos se descubren mediante el diálogo.  Y es gracias a este diálogo que uno puede percibir la singularidad entre una mujer y otra.

¿Cómo puedo encontrar la sensibilidad de mi compañera?  A través de preguntas abiertas que permitan recabar información sobre lo que le gusta, sus penas y sus alegrías.  Hay que elaborar preguntas que comiencen por: Qué, Cómo, Dónde, Cuándo y Cuánto, las cuales dan pie a respuestas con mayor contenido e información que aquellas que generan sólo una respuesta monosilábica.

Adicionalmente hay que practicar la escucha activa, la cual permitirá generar nuevas preguntas y nos evitará caer en los errores más comunes del “hombre imperfecto“.  El típico “¡es que no me escuchas!” es un aviso para saber si vamos por el buen camino.  Si lo oímos muy a menudo… ¡algo estamos haciendo mal!

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Escucha activa

Sábado, 13 septiembre, 2008

¿Cuántas veces hemos dicho a alguna persona “¡Es que no me escuchas!“?

No es difícil encontrarte en el trabajo, en la calle e incluso en tu propia casa, con personas que te oyen, es decir,  que perciben con el oído los sonidos que salen de tu boca, pero no los escuchan, no prestan atención a lo que oyen, por lo que no reciben el mensaje que queremos transmitir.

Este tipo de personas suelen tener el foco de atención sobre sí mismos.  Se distraen fácilmente con su diálogo interno, mientras están pensando en la pregunta que nos van a hacer cuando cojamos aire de nuevo.  Normalmente sólo oyen palabras que se filtran entre su diálogo, perdiendo la verdadera esencia del mensaje.  Suelen hacer interpretaciones a partir de una palabra suelta y, además, son ellos quienes dirigen la conversación.

Pero ¿cómo podemos evitar ser nosotros uno de estos personajes tan molestos?  ¿Cómo podemos practicar la escucha eficaz?

El nivel más alto de escucha es aquel en el que se escucha de forma global lo que la otra persona dice, y lo que no dice -expresado a través de su lenguaje corporal.  Se le suele preguntar para confirmar lo que se entiende de ambos lenguajes, teniendo en cuenta todos los elementos, palabras, tonos, respiración, etc.  Se evita interpretar y ser directivo.  Se resume y parafrasea lo que dice el interlocutor para asegurar la claridad y el entendimiento.

A continuación cito algunos consejos para conseguir este nivel de escucha:

En pocas semanas nos estarán diciendo “¡Me encanta hablar contigo, porque escuchas lo que tengo que decir!

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